Hace unos días dediqué un buen rato a repasar todo lo que tengo escrito en la categoría de Embarazo. Fue un repaso que me encantó hacer, porque hay mucho de mi vida en todos estos posts, algunas de las cosas ya apenas recordaba. Leyendo me di cuenta de que había escrito poco sobre el tercer trimestre de mis embarazos. Supongo que porque es un trimestre que se suele hacer más corto, aunque sólo sea porque tienes muchas citas médicas y unos cuantos preparativos que hacer sí o sí, a lo que habría que sumar que una vez que nace el bebé estás tan inmersa en el postparto que ponerte a hablar de embarazo se te hace ya un poco cuesta arriba.

En esta ocasión no quería que se me pasara por alto y he sido consciente de que si lo dejaba mucho, se iba a quedar sin escribir.. Porque, ahora sí que sí, este tercer trimestre de mi tercer embarazo va a ser el último de mi vida que pase embarazada. Y porque, contra todo pronóstico, probablemente esté siendo el mejor de todos, al menos en el terrero físico, que ya es bastante. ¡Y eso merece la pena contarlo!

 

Un tercer trimestre en reposo relativo

Si recordáis lo que escribí sobre el segundo trimestre, os contaba de que además de haber sido un trimestre que se me había hecho muy cuesta arriba por tanto malestar y achaques de había tenido, encima lo había cerrado con un ingreso por amenaza de parto prematuro.

Tras el alta volví a casa con una recomendación muy clara: reposo relativo.

Considerando que mi situación (más bien la de mi útero) era delicadilla, si quería que la niña fuera lo menos prematura posible tenía que mentalizarme para pasar las siguientes semanas de la cama al sofá y del sofá a la cama, con breves incursiones al cuarto de baño y poco más.

Traducido en fechas, desde que me dieron el alta a mediados de febrero, sólo he salido de casa para ir al médico. Llevo dos meses en los que mis escasas salidas han consistido en caminar 10 pasos hasta el coche y luego, con el coche en la puerta del hospital, caminar otros 30 pasos hasta la consulta médica.

Sinceramente, cuando inicié el reposo hace dos meses, llegar a la semana 34 de embarazo parecía tan lejano y complicado como escalar el Everest, y no sé si la ginecóloga apostaba mucho por conseguirlo, pero yo tenía serias dudas. Sin embargo, debido al reposo o debido a que tenía que ser así, no sólo alcanzamos esa semana sino que la superamos y, cruzando los dedos, ahora sí tengo esperanza incluso de salvar hasta la prematuridad tardía, aunque sea por los pelos.

El reposo relativo ha sido… complicado de definir.

Cuenta a mi favor que soy una persona muy casera, que ha hecho un tiempo espantoso y que tampoco es que yo tuviera una actividad en la calle plagada de fiestas y viajes.

Las primeras semanas no las llevé muy mal, entre otras cosas porque estaba preocupada por la situación, así que no movía ni un dedo.

A partir del primer mes encerrada empecé a flaquear. Seguía haciendo un tiempo horrible en la calle así que no era tanto por el hecho de salir sino por no poder llevar una vida normal. Qué se yo, hasta hacer la compra me hubiera hecho ilusión. O llevar y traer a los niños del cole. No digamos ya mis famosas salidas a andar-casi-correr.

De mediados de marzo para acá están siendo las semanas más largas. Los días parece que no pasan, todos idénticos. Y tener mucho tiempo en casa, aunque sea con niños alrededor, tampoco ayuda a no darle vueltas a la cabeza. La Semana Santa me pareció un calvario y ahora miro el mes de abril y no sé ni lo que quiero. Un estado de empanamiento mental que no ayuda nada, para qué negarlo.

Tercer trimestre: unas semanas con algunos achaques menos

Me apetecía mucho publicar este post porque, más allá del tedio y la incertidumbre del reposo, puedo decir que este trimestre ha sido relativamente bueno en cuanto a achaques. Esto no quiere decir que haya estado estupenda, ya me gustaría, pero sí algo mejor que en los anteriores trimestres.

Evolución de los achaques que ya tenía

He mejorado de varios de los achaques que venía arrastrando desde el comienzo del embarazo:

  • Incapacidad para entrar en calor. El frío que he pasado este invierno ha sido inolvidable. Parecía que nada de lo que hiciera era suficiente para conseguir guardar mi calor corporal. Pero a partir del tercer trimestre me he notado más templada. Es más, durante las noches he estado con unos sofocos de órdago, mucho más que en el segundo trimestre. Parece que me voy calentando poco a poco.
  • Catarrazos varios. Sí, me he seguido poniendo mala. Pero he pasado de enlazar un virus con otro (algo realmente angustioso) a cogerlos más espaciadamente. No quiero decirlo muy alto pero parece que estoy algo mejor en este sentido.
  • Cansancio. Durante el primer y el segundo trimestre el bajón que me daba por las tardes era tremendo. Sigo teniendo bajón, pero ya no tan acusado, y cuando me da, me suele dar ya a la hora de la cena y no nada más empezar la tarde. Creo que el cansancio lo he tenido más repartido durante el día. De hecho, lo que más he notado es que muchas mañanas me levanto hecha polvo de dormir mal y con la batería muy baja, notándome mejor conforme va avanzando el día.
  • Estómago revuelto. Sin duda este ha sido el embarazo en el que más revuelto he tenido el estómago y ya tiene tela llegar hasta el final con jamacucos casi diarios. Pero al menos en este trimestre los he tenido más suaves. Normalmente me dan después de cenar, pero también he sentido ganas de devolver en estas últimas semanas casi a cualquier hora del día. Eso sí, más suave que en otros trimestres, y que se pasan antes. Algo es algo.

No sé si os acordáis pero la lista de achaques nuevos que aparecieron en el segundo trimestre era enorme: dolor en la parte baja de la espalda, un dolor de piernas insoportable por la noche, sensación de debilidad muscular, mucho ardor de estómago, insomnio…

De todos esos achaques propios del segundo trimestre, desaparecieron:

  • El dolor en la parte baja de la espalda.
  • La sensación de debilidad, supongo que es imposible sentirla cuando apenas te mueves.
  • El dolor de piernas.
  • Casi al 100%, la rinitis gestacional y el ardor de estómago.
  • En gran medida, el insomnio.

 

Achaques propios del tercer trimestre

En este último trimestre, lo más molesto ha sido:

  • Los dolores y pinchazos bestiales en las ingles, caderas y en la vagina.
  • El dolor de costillas.
  • El dormir fatal porque en todas las posturas tengo algún dolor o molestia. Pasarme la noche dando vueltas e intentando colocar cojines para aliviar un poco y no encontrar ninguna posición buena. No estar bien ni tumbada, ni sentada ni de pie.
  • Tener tanta sensación de presión en mis órganos y que me cueste tanto respirar, no digamos ya cuando he estado con mocos.
  • Los sueños inquietantes, muy movidos o directamente pesadillas.
  • La vuelta de las ganas constantes de hacer pis.
  • En las últimas semanas, un dolor de pubis muy invalidante.

He seguido con algunos calambres nocturnos, pero de menor importancia.

También me sigue saliendo sangre de la nariz cuando me sueno, pero nada especialmente molesto.

Y haber perdido de vista el ardor de estómago y el dolor de piernas ha sido simplemente genial.

Muy molesto es no poder tumbarme boca arriba porque el mareo y el ahogo es inmediato, pero en este embarazo el síndrome de la vena cava me ha molestado menos que en los anteriores así que ¡me doy por satisfecha!

Por eso, aunque bien bien no estoy (y supongo que a estas alturas no es posible), creo que los achaques de este tercer trimestre han sido bastante normalitos.

 

En resumen, lo más complicado de este último trimestre ha sido lo emocional frente a lo físico. No sé si porque realmente los achaques han sido menos o simplemente me he acostumbrado a ellos, pero tengo la sensación de haber estado algo mejor en este aspecto.

Lo que viene ahora ya me lo sé. El postparto es una etapa complicada y además en este caso tendré que sumarle una muy necesaria recuperación física, que empieza por volver a salir a la calle y dar más de dos pasos sin ahogarme (¡¿dónde habrán quedado mis 10 km diarios de caminata a buen ritmo?!). Sé que voy a tardar tiempo en volver a ser yo y sé que eso me va a costar anímicamente. Pero intento enfocarlo de un modo optimista: poco a poco recuperaré el control sobre mi cuerpo, podré volver a salir y el tiempo empezará a acompañar.

 

Foto | Babble