Los embarazos, vistos desde fuera, siempre se hacen cortos. Así que es muy posible que cuando os diga que cierro ya el segundo trimestre de este tercer embarazo, a la mayoría os parezca que el tiempo vuela.

Sin embargo, si tengo que hacer un titular rápido que resuma este trimestre, lo tengo clarísimo: tengo la impresión de estar viviendo un embarazo eterno.

 

Un segundo trimestre lleno de achaques

Cuando en noviembre reflexionaba sobre el primer trimestre, explicaba que había estado bastante revuelta y que tenía ilusión por encontrarme bien y empezar a disfrutar un poco. Que cuando una se encuentra mal día tras día al final es inevitable que te afecte al estado de ánimo, así que estaba esperando con ganas el segundo trimestre para tener un respiro de unos meses antes de afrontar la recta final.

Pues bien, este embarazo no ha seguido la tónica de otros. El segundo trimestre no ha sido un gran trimestre, para nada, ha sido un trimestre lleno de achaques. Leves, sin importancia, pero molestos, continuos y en progresivo aumento.

Por empezar por lo bueno, diré que sí, que afortunadamente cuando acabó el primer trimestre dejé de sentir ese malestar tan característico de mis primeros trimestres así como las nauseas constantes. Y lo digo con enorme agradecimiento porque el malestar, el mareo, el revoltijo de estómago permanente y el asco por los olores son molestias muy desagradables. Así que hasta ese punto, bien.

El problema es que algunas molestias del primer trimestre no las dejé atrás en este segundo trimestre de mi tercer embarazo, mientras que en los anteriores sí. En concreto:

El estómago, del revés 

He seguido teniendo el estómago revuelto todas las noches hasta más allá de la semana 23-24. Era cenar y entrarme un dolor, unas ganas de devolver, un malestar difuso en toda la zona del estómago… Qué sensación tan mala. Eso sí, en vez de durarme toda la noche me duraba menos, pongamos 30-60-90 minutos, pero aparecer aparecía prácticamente cada noche.

A partir de la semana 25 parece que el estómago se ha calmado. Algunas noches se revuelve pero por lo menos no todas.

Un cansancio infinito

Aunque pueda parecer menos molesto que tener el estómago mal o sentir ganas de devolver, realmente creo que ha sido una de las grandes dificultades de este segundo trimestre. Más que nada porque lo del estómago me pasaba un rato, cuando los niños ya estaban acostados. Me iba a la cama y a aguantar.

Pero el cansancio que no te deja hacer nada, ¿qué haces con él?

Por las mañanas me suelo levantar bastante bien, pero a partir de las 17h de la tarde el bajón que me entra es indescriptible.

Es una sensación que no creo que se pueda explicar ni hacer entender a nadie que no la haya vivido. Un cansancio infinito, que apenas me deja moverme del sofá, unido a apatía por cualquier cosa. Ni de hablar tengo ganas a partir de esa hora (¡y ya es raro en mi!).

Y para rematar la tarde arrastrándome, como me den 20.30h o como muy tarde las 21.30h no esté ya en la cama, me pongo súper mala. Tampoco se explicar exactamente con palabras lo que siento. Es un bajón físico como nunca en mi vida. Digamos que el cansancio va en dos fases, una a partir de las 17h y la traca final a partir de las 20h. Un agotamiento que dices: o me meto en la cama o me tumbo en el suelo o donde sea, pero en pie no puedo seguir.

Es verdad que mucha gente me dice que un tercer embarazo se nota mucho, porque tienes dos hijos y vas teniendo una edad. No sé hasta qué punto pueda ser por eso porque he intentado cuidarme mucho, gastar pocas energías, dormir algo después de comer y hacer muy conscientes tanto a mis hijos como a mi marido de que yo no estoy para gaitas. Dicho de otro modo, que he bajado considerablemente el ritmo, pero aún así no he conseguido llegar al final del día como un ser humano funcional.

Incapacidad para entrar en calor

Una cosa muy curiosa. Porque normalmente pasas el embarazo con el termostato elevado. Yo recuerdo haber estado embarazada del Peque (recordemos que en las mismas fechas que este tercer embarazo) con el abrigo abierto en el parque en pleno invierno y cayendo la noche.

Pues bien, esta vez ha sido quedarme embarazada y empezar a tener un frío… Que si estuviéramos en verano, pues estupendo no sentir el calor, pero en pleno invierno, y además con un invierno tan malo como el que estamos teniendo en Madrid este año… Un aburrimiento. Y un palo de calefacción.

Un constipado tras otro

Ya he perdido la cuenta. Noviembre y diciembre pasé más días enferma que sana. No he dejado de coger todos y cada uno de los mocos y toses que han tenido mis hijos, quienes, por cierto, llevaban años prácticamente sin ponerse malos.

Eso en cuanto a las molestias que he arrastrado del primer trimestre al segundo.

Y luego achaques nuevos, que aparecieron al entrar en el segundo trimestre:

  • Dolor en la parte baja de la espalda, en algunos momentos que prácticamente no me deja andar ni enderezarme si he estado sentada.
  • Sensación de debilidad muscular en las piernas. Vamos, es que entre el dolor de espalda y la debilidad, he estado yendo por la calle a paso de tortuga. ¡Con lo feliz que era yo saliendo a andar-casi-correr!
  • Calambres nocturnos.
  • Un dolor de piernas insoportable todas las noches, especialmente los días que no he salido a andar por la mañana.
  • Ardor de estómago.
  • Hinchazón de los párpados por las mañanas.
  • Sangrado por la nariz (afortunadamente, ocasional).
  • Rinitis gestacional.
  • Sensación de gran presión en todos mis órganos y dificultad para respirar. Común a todos los embarazos, no sé si por ser asmática, por ser de complexión pequeña o simplemente porque sí. Una sensación realmente desagradable.
  • Sofocos nocturnos.
  • Insomnio.
  • Sueños inquietantes el poco rato que duermo.

Y me dejo algo. Seguro.

Muchas molestias. Leves. Sin importancia. Pero constantes. Y sumadas unas con otras. Un día, y otro, y otro, y otro.

Eso sí, hay un achaque que no he tenido y que he agradecido muchísimo: el síndrome de la vena cava. En otros embarazos fue un auténtico martirio y me obligó a dejar de conducir muy pronto porque era incapaz de estar sentada sin notar que me desmayaba. Poder estar sentada o tumbada sin marearme y no tener que dejar de conducir me han dado la vida. Puede parecer una tontería pero no estar limitada a que alguien me lleve en coche, poder seguir arreglándomelas yo sola, lo he agradecido muchísimo.

 

Cerrar el segundo trimestre con amenaza de parto prematuro

Los que me conocéis un poco sabéis que para poder contar una cosa, necesito digerirla primero.

Y esto lo tengo todavía a medio digerir. De modo que espero que no os importe que ahora mismo no lo explique en detalle. Es una experiencia que estoy segura que más adelante querré compartir, pero no en este momento.

Basta con decir que cuando estaba a punto de hacerme la eco 4D que me he hecho en anteriores embarazos, casi acabo conociendo al bebé en persona en lugar de en vídeo.

Por el momento las indicaciones que tengo son hacer reposo e hidratarme bien. Así que mis expectativas de cara al tercer trimestre son… ¿ningunas? No tengo ninguna expectativa. Estoy en blanco.

Intuyo que el tercer trimestre de tri-mestre va a tener bien poco pero deseo, espero y confío en que aguantemos hasta unas semanas en las que podamos hablar ya de una prematuridad tardía.

 

En fin, que creo que el segundo trimestre de este tercer embarazo se ha ganado el titular que he elegido, ¿no?: un embarazo muy muy largo. Me está pareciendo un embarazo eterno.

Lo curioso es que miro hacia atrás y siento que llevo embarazada una vida entera. Y miro hacia delante y siento que me queda una eternidad aún por recorrer. Contradicciones de la maternidad, supongo 🙂

 

Foto | Sara Neff en Flickr CC