Extraída de www.portalesmedicos.com

El embarazo del mayor me enseñó, entre otras cosas, anatomía. La lección sobre la vena cava me hubiera encantado ahorrármela, que con el asma tenía de sobra, pero ya dice el refrán que a perro flaco todo son pulgas: fue el segundo achaque más importante que tuve, hasta el punto de hacerme la vida imposible durante diez larguísimas semanas.

Nunca antes había oído hablar sobre la vena cava inferior y desde luego desconocía que, además, pudiera ser una de las importantes. La teoría dice que transporta la sangre desde las extremidades inferiores hasta el corazón, pasando por el abdomen. El volumen y peso del útero hace que se comprima, sobre todo en determinadas posturas de la mujer embarazada, lo que imposibilita que funcione correctamente, causando el síndrome de la vena cava inferior: bajada de la tensión, taquicardia e incluso síncope.

A mi me llegó de golpe. Un buen día, poco después de la ecografía de las 20 semanas, y a pesar de tener en aquel entonces un mini-bombo, me empecé a encontrar fatal cada vez que me sentaba. Mareo, sudoración, falta de aire… A los pocos días era incapaz de estar sentada, no hablemos ya de tumbarme boca arriba. Comía de pie dando vueltas por el pasillo, veía la tele de pie o tumbada de lado, montar en el coche era un suplicio… El día que me hice la 4D (con 27 semanas) intenté permanecer tumbada sin decir ni mú, por aquello de no molestar, y faltó poco para el desmayo. Menos mal que la ecografista, que no era a la primera que veía en mi situación, se dió cuenta rápidamente y entre ella y mi madre me pusieron de lado porque yo ya estaba más pa’llá que pa’cá.

Por comparación con este segundo embarazo, ahora sé que la razón de que lo pasara tan mal y que me produjera tantos problemas fue su asociación con la tensión baja. Siempre la he tenido así, pero con el embarazo se me agravó (algo muy común también) así que unido a la comprensión de esa vena y otras adyacentes, el resultado era un malestar constante.

En esta segunda experiencia estoy bastante mejor. Más o menos desde la semana 25 noto mucha incomodidad al estar sentada, sobre todo en el coche, y desde luego que tumbada boca arriba no puedo estar. Si paso más de unos minutos sentada en mala postura, a parte del mareo, se me duermen las piernas, incluso mis partes nobles. Pero como esta vez tengo la tensión normal, la sensación es soportable la mayoría de las veces.

El embarazo, esa fuente inagotable de sorpresas…