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Tiendas de ropa para niños delgados

Escaparate GAP en Chicago

Aunque hace ya años que no trato el tema directamente, creo que una de las cosas que más he comentado en este blog, aunque sea de pasada, es la dificultad que supone comprar ropa para bebés / niños delgados (y para mujeres / embarazadas / lactantes de talla pequeña).

En temas de ropa los gustos son muy variados, está claro, pero he pensado que quizá mi experiencia os podría servir de orientación si estáis en nuestro mismo caso. Yo misma he descubierto sitios geniales gracias a la red así que espero que os pueda ser de utilidad.

Para centrar un poco el tema y que valoréis la dificultad de la que estoy hablando:

- Niño de 5 años que pesa 16 kilos escasos con una altura en la media o ligeramente por encima (unos 109 cm). Su cintura mide, más o menos, 51-52 cm.

- Niño de 2 años largos que pesa unos 12 kilos y mide 88 cm en este momento, con una cintura de unos 50-51 cm.

La dificultad de Mayor, obviamente, es que es estrechiiiiiito estrechito. Su cuerpecito, de ancho, es prácticamente idéntico al de su hermano pequeño, cuyo problema es su corta estatura. De hecho, Bebé parece incluso gordito y rellena la ropa que va heredando bastante más que su hermano. Aunque el problema de la altura es un problema, es un problema menor, puesto que casi siempre podemos solucionarlo doblando el pantalón lo que sea necesario o doblando la manga. Sí, hay veces que no se puede poner determinados jerséis o camisetas porque le quedan de camisón, pero en general tiene solución. Bebé, apretando un poco la cinturilla y doblando extremos, no suele tener grandes problemas.

La complexión de Mayor sí que es un problema. Y muy importante. Con un cuerpecito equivalente al de un niño (delgado) de dos años pero con una estatura que corresponde a su edad, es prácticamente imposible comprarle un pantalón donde no quepan dos como él. No es una frase hecha, muchos pantalones le sobran para meterse dos como él dentro.

Este problema no se soluciona casi nunca apretando la cinturilla elástica que suelen llevar los pantalones porque muchas veces llegas al máximo y el pantalón se le sigue cayendo. Incluso hay veces que aunque logres sujetarlo y que no se le caiga, es tal la bolsa que se le forma en todo el perímetro del pantalón que parece un payaso que se ha atado el pantalón con una cuerda. Una cosa es llevar algo grande y otra cosa es llevar una prenda que está pensada para un niño que abulta el doble.

Tiendas como Zara Kids o H&M quedan totalmente descartadas para Mayor, al menos para partes de abajo.

Entonces, ¿dónde le compro la ropa?

Como conté hace unos meses, últimamente compro muchísimo en GAP. Las tallas son bastante fiables, es decir, que no te encuentras que varias prendas de la misma talla sean radicalmente distintas y normalmente son estrechas. Les sientan bien. He comprado pijamas, batas, calcetines, calzoncillos (¡lo de las calzoncillos para un niño de la complexión de Mayor da para un post en si mismo!), jerséis, camisetas y sudaderas. Vamos, de todo, es nuestra “tienda de cabecera”.

El año pasado le compré a Mayor unos pantalones de chandal y acerté, no se los tuvimos que arreglar y se los pudo poner. Han sido los únicos pantalones que he comprado en la tienda porque al ser online fuera de España no quería arriesgar aunque hace poco he visto que entregando el paquete en DHL no cobran las devoluciones o cambios así que es posible que en un futuro próximo me anime.

Para pantalones “de batalla”, es decir, para ir al cole, tipo chandal o tipo telilla forraditos por dentro, que ahora para el invierno me gustan mucho, en C&A es el único sitio donde sé que no se le van a caer. Y suelen venir con cordones, lo que facilita ir al baño solitos.

No es una tienda que me entusiasme, la ropa de bebé-niño me gusta mucho pero a partir de 2 años la encuentro bastante fea. Sin embargo, los pantalones los veo muy ponibles, son muy baratos y a nosotros al menos nos salen buenísimos. Mis hijos se tiran por el suelo en el parque, hacen el bestia todo el día, yo los lavo sin ningún miramiento, los meto en la secadora varias veces por semana y están perfectos, tanto que incluso Bebé los está heredando.

En general, creo que es una tienda que talla pequeño, algo que a nosotros nos viene genial. Aquí compro bastantes calzoncillos. No salen muy buenos, el dibujo se estropea bastante con los lavados (el color no tanto) pero con ese culillo diminuto no pido más que que no se le caigan.

El sistema de compra online de C&A me gusta mucho y además hacen promociones con frecuencia. El paquete tarda más o menos una semana en llegar, quizá un poco lento (¡en GAP a veces me llega al día siguiente!). Sólo me ha hecho falta una vez, pero se puede cambiar o devolver en las tiendas.

Para pantalones algo más de vestir, es decir, vaqueros, pantalones de algodón, pantalones de pana… Pues aquí tenemos un problema tremendo. Como decía antes, Zara y H&M, que tienen cosas monísimas, quedan descartados porque son monstruosamente grandes. Benetton algunas veces ha podido ponerse algún pantalón si era muy “slim”. También tiene un vaquero de Okaidi que le está bastante bien (hablo siempre de con la gomita elástica interior al máximo, claro). Pero  en general tenemos que descartar el 90% de las tiendas: ni Primark, ni Kiabi, ni Mango… Ná de ná.

En Du Pareil Au Même hemos encontrado varios pantalones. La mayoría de los que tienen no le valen pero de vez en cuando damos con alguno más estrecho de lo habitual que sí se le adapta. Este invierno le he comprado un pantalón de pana que le está muy bien sin apretarle en exceso la cintura.

Es una tienda que me gusta bastante, me gusta la ropa alegre, divertida y con un toque infantil, es de las pocas donde no se ha instaurado el estilo macarrilla a partir de los 2-3 años.

Creo que se da un cierto aire con Tuc-Tuc, una tienda en la que nunca hemos podido comprar nada porque la mayoría de las prendas que he tenido en la mano son más anchas que largas.

Al final no nos ha quedado más remedio que irnos a marcas caras de vaqueros. En concreto, Tommy Hilfiger y Pepe Jeans. Son dos marcas que tallan bastante estrecho (por ejemplo Timberland talla muy ancho y es una auténtica pena porque me gusta mucho). Pero aún así, aún teniendo claro que son marcas que tallan estrecho, hay que andar con ojo porque no siempre acertamos, no todos los modelos le valen. De hecho en estas rebajas hemos tenido que devolver un pantalón porque tras apretar la goma interior le quedaban unas bolsas que parecía un pistolero.

Sobre el precio, pues evidentemente son marcas caras. Lo bueno es que en rebajas es fácil encontrar buenas promociones y a nosotros nos están saliendo muy buenos en cuanto a calidad. Es decir, que en esta casa son una inversión porque sé que cuando Mayor ya nos lo use los podrá heredar su hermano.

Y hasta aquí. La variedad entre la que podemos elegir es muy escasa. Mayor parece condenado a llevar pantalones pitillo toda su vida porque aún no he podido encontrar un pantalón de corte recto cuya cintura no sea enorme.

Como siempre os digo con estas cosas, si estáis en nuestro mismo caso, si tenéis un niño delgado en casa al que es imposible vestir y tenéis sugerencias de marcas o tiendas, os lo agradeceré infinito. Estaría genial tener un poco más entre lo que elegir.

Cuando la tripa postparto no se va

Ejercicios hipopresivos

A estas alturas, 32 meses después del nacimiento de Bebé, creo que ya es hora de asumirlo: ¡tengo tripa!

Durante muuuuuuucho tiempo he estado esperando pacientemente a que la lactancia, el desgaste del día a día, todo el estrés que llevo encima e incluso que el mero paso del tiempo hicieran su trabajo y me quitaran el tripón del medio. Pero lejos de ser así, es bastante posible que tenga ahora más tripa que la tenía hace unos meses, así que me toca asumir que esta tripa está aquí con intención de quedarse.

En el fondo lo supe desde el primer día. Nada más nacer Bebé me hinché mucho, las piernas se me pusieron como patas de elefante y no parecía en absoluto que el niño hubiera salido ya de mi tripa. De hecho, aunque ya no soy capaz de recordar durante cuánto tiempo, sé que fueron varias las semanas en la que parecía que seguía embarazada, quizá no ya en fase a punto de reventar pero si de 6-7 meses.

La bajada de volumen en estos meses ha sido muy lenta. La nebulosa de la falta de sueño me impide recordar a qué ritmo pero tengo claro que en ningún momento he dejado de tener tripa.

¿La lactancia no me ha ayudado entonces? Tengo la sospecha de que sí, pero no tanto como hubiera podido esperar. Tras tener a Bebé realmente he adelgazado porque incluso he sido capaz de volver a usar pantalones que no usaba desde antes de tener hijos y creo que cualquiera que me conozca puede apreciar que tengo las piernas y los brazos más delgados. El problema es que la tripa no ha vuelto al punto de partida y en cuanto Bebé ha empezado a mamar menos cantidad y menos veces al día se ha puesto a crecer como una loca. Al no tener el gasto calórico de la lactancia pero seguir manteniendo los mismos hábitos, todo el “exceso” se está acumulando ahí.

¿Por qué en la tripa? ¡Por queeeeeé! Podía haber sido el culo, los muslos. Pero no, tenía que ser en la tripa.

Sin duda tres cesáreas tienen algo que ver. Necesariamente tienen que ver porque tras cada una de ellas he ido quedando cada vez peor.

Pero también creo que hay un factor clave: la edad. Ya no tengo los 27 casi recién cumplidos que tenía cuando nació Mayor, ni los 29 que tenía con Bebé. Acabo de cumplir 32, me han brotado dos canas y me está saliendo tripa. En fin, que si sumamos todo, creo que encaja.

La cuestión es si se puede hacer algo. Me entristece tener tripa después de que durante toda mi vida ha sido la parte de mi cuerpo que mejor tenía, ¡me encantaba mi tripa! Además, cuando engordas y se te reparte puede llegar a quedar hasta bien pero la tripa es tan tan tan antiestética. No se puede disimular con nada y te hace parecer amorfa sin estarlo.

Pero, para ser sinceros, tampoco siento la motivación suficiente como para hacer el sacrificio que conlleva perder volumen en esa zona tan complicada. Sé que podría comer mejor, podría hacer ejercicio (de 3 a 4 de la mañana, que es cuando tengo hueco ¡je!) y podría quitarme de alguna cosa para destinar una partida a cremas y tratamientos. Pero no me veo, para qué negarlo.

Con la situación de cansancio y estrés que tengo ahora mismo, comer mejor no entra dentro de mis planes. Claro que como con ansiedad, a toda velocidad, casi sin masticar y cosas poco dietéticas, pero ahora mismo no me veo capaz de pasar hambre psicológica. ¡Lo que me faltaba!

Así que lo único que creo que sí puedo hacer es empezar con los famosos ejercicios hipopresivos de los que habla tantísima gente. Esta misma tarde he hecho mi primera tanda gracias a unos vídeos que he estado estudiando en YouTube.

No sé si esto será el típico propósito de Año Nuevo que nunca llega a la primavera pero, aunque no pierda la tripa del todo, tampoco quisiera dejarme ir. No me obsesiona la figura, no es algo que me esté quitando el sueño y de hecho me gusta el aspecto de mujer que mi cuerpo ha ido adquiriendo con la maternidad y la lactancia pero tampoco quiero terminar renegando de cuerpo escombro cada vez que me ducho. Sé que si no pongo ahora de mi parte dentro de poco se me habrá ido de las manos.

Difícil equilibrio, ¿verdad? Si estáis en un caso similar y os apetece compartir conmigo y con otras mamás consejillos para bajar volumen de cintura os estaría/mos súper agradecida/s.

Foto | El Economista.es

Osteopatía infantil: nuestra experiencia

Osteopatia infantil

Como he ido contando semanas atrás, Bebé llegó a un punto tan terrible con su kakadrama que el día a día se hacía insoportable así que decidimos probar varias cosillas: las flores de Bach, jugar mucho con plastilina simulando hacer cacas, leer todos los días cuentos sobre el tema (hablaré de ellos en otro post) y la osteopatía infantil.

La osteopatía infantil se está dando a conocer cada vez más pues son muchos los papás que la han probado para mejorar los cólicos o el reflujo de sus bebés, normalmente con muy buenos resultados. Una de las personas que más me la recomendó fue La Orquidea Dichosa, de hecho ella escribió un post sobre cómo puede la osteopatía mejorar el reflujo en los bebés que os recomiendo que leáis si es vuestro caso.

Bebé no tuvo nunca problemas de reflujo o cólicos pero sí que había dos temas que me parecía que podían ser objeto de tratamiento con osteopatía. Uno de ellos, el tema del sueño. Y el otro, el que me llevó a consultar finalmente, la retención de heces tan bestial que tenía.

He recurrido a Wikipedia para la definición de osteopatía ya que me parece algo complejo de explicar: la osteopatía se basa en la creencia de que todos los sistemas del cuerpo trabajan conjuntamente, están relacionados, y por tanto los trastornos en un sistema pueden afectar el funcionamiento de los otros. El tratamiento osteopático consiste en tratar de recuperar el equilibrio corporal perdido. Es por tanto una práctica de tipo holístico, es decir, que analiza el conjunto y no un problema concreto. Ningún tratamiento es igual a otro.

Al igual que comentaba con las Flores de Bach, tenía cierto escepticismo pero llegados al punto al que estábamos, ¿cómo no probar? Recurrí a Centro Adín, me recomendaron una persona de su confianza y allá que fuimos.

La consulta duró, si no recuerdo mal, casi una hora y media. En ese tiempo, mientras Bebé jugaba con los cacharritos que le habían ofrecido, la osteópata le tocaba la tripa y, sobre todo, la cabeza. Al mismo tiempo, íbamos comentando detalles sobre el embarazo, el parto, el nacimiento, su desarrollo y su problemática actual. No fue nada molesto y aunque a Bebé no le gustan nada los desconocidos y mucho menos que le toque quien no quiere, estuvo bastante relajado y se dejó hacer con facilidad, algo que a mi me preocupaba bastante pues pensaba que se iba a negar en redondo a que una persona que acababa de conocer le tocara.

Tras todo ese rato de conversación y toqueteo craneal, la especialista me dijo que aunque observaba cositas en los huesos de la cabeza, eran pequeñas cositas que no parecían en absoluto determinantes ni de los constantes despertares ni de ninguna otra cosa. Que eran cositas sin importancia y que tampoco observaba nada en cuanto al kakadrama, ya que hay veces que los niños con retención de heces tienen mucha obstrucción intestinal. No era el caso de Bebé.

Casualidad o no, y a pesar de que teóricamente Bebé no tenía nada como para ser tratado con osteopatía, esa noche durmió mejor de lo habitual y, en conjunto con las flores de Bach que acababa de empezar a tomar un par de días atrás, empezó a mejorar casi de inmediato del drama de las cacas.

¿Influyó esa hora y pico de masaje craneal? ¿Fueron las flores de Bach? ¿Fueron ambas cosas combinadas? ¿Fueron nuestras largas sesiones de hacer caquitas con plastilina? ¿No fue nada de lo anterior y simplemente tocaba mejorar justo en ese momento y no en otro? ¡Nunca lo sabremos!

¿Habéis tenido experiencias con la osteopatía, no sólo infantil sino de adultos? ¿Ha sido una experiencia positiva o no os aportó nada?