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Manguitos de natación para niños Delphin: nuestra experiencia con ellos

Manguitos de natación para niños Delphin

Mi marido y yo somos más bien de secano. Pero los niños son felices a remojo y más aún cuando las temperaturas derriten el asfalto ¡pocos planes hay mejores que un rato de piscineo!

Nuestro “equipo acuático” ha sido más bien pobre hasta el momento, tampoco es que le diéramos mucho uso. Hemos sobrevivido con los clásicos manguitos y flotadores que se pinchaban una y otra vez, que se clavaban en sus bracitos o que se les salían como no tuvieras un poco de cuidado (sobre todo con la crema recién aplicada).

Este año teníamos claro que íbamos a equiparnos en condiciones y hemos comprado varias cositas que estamos probando y ya os iré contando qué tal nos han ido.

Gracias a este Madrid tan caluroso que tenemos desde hace semanas hemos tenido ya ocasión de probar a fondo los manguitos de natación para niños Delphin, con los que ya os adelanto que estamos encantados.

Manguitos natación niños Delphin detalle Manguitos natación niños Delphin detalle

Como véis en la foto, son tres discos para cada brazo, que se pueden usar juntos o por separado. La forma de unirlos es súper sencilla, con esos botoncitos azules que véis encajan perfectamente. Con la membrana que llevan se adaptan muy bien a cualquier bracito y no se salen pero tampoco dejan marca ni rozan a los niños, no tienen ninguna parte que les pueda arañar.

Pesan muy poco pero sí que es cierto que abultan… vamos, abultan lo que cualquier manguito, es decir, no son lo más cómodo del mundo si el niño lo que quiere es tener movilidad en los brazos. Entiendo que en esto influye mucho el temperamento del niño y también la madurez que tenga. A Bebé, por ejemplo, no le hacen nada de gracia los manguitos, los churros o los flotadores porque no quiere tener las manos o brazos ocupados con nada, prefiere ser libre. Mayor en cambio está enamoradísimo de los manguitos Delphin porque le permiten flotar tan tan bien que puede recorrerse la piscina en todas direcciones flotando perfectamente, hacer el muerto, tirarse a bomba… le dan mucha más seguridad que el churro, que siempre le da miedo que se le escape. Obviamente le incomoda un poco tener eso en los brazos pero le dan tanta seguridad que él mismo se los pone nada más llegar a la piscina. Como véis en la foto que encabeza el post, tampoco le abultan tanto.

Sobre la flotabilidad, a mi me han alucinado. Mayor insiste en llevar los tres discos en cada brazo y a veces coge también el churro, vamos, que hay veces que parece que va a caminar sobre las aguas. Yo misma me los he probado y podrían hacerme flotar a mi también. Si no me equivoco, soportan hasta 60 kilos.

Algo que me gusta mucho es que al salir del agua están secos en un instante así que no guarreas el suelo y si quieres los puedes guardar directamente que no vas chorreando agua.

Me parece muy cómodo también que no haya que inflarlos y que no exista la posibilidad de que se pinchen. No se si resistirán todo el trote del verano pero con el tute que les están dando en estos días siguen intactos, y eso que no sólo los estamos usando para nadar, ya son varios los juegos que se les ha ocurrido con ellos, por ejemplo, usarlos como frisbie dentro de la piscina. De hecho, como a Bebé no le gusta mucho ponérselos, el uso principal que él le está dando a los suyos es jugar con ellos y de momento resisten.

Como punto negativo, no entiendo que no vengan con algún tipo de bolsita para llevarlos. No son precisamente baratos y una bolsita no les vendría nada mal. Como compré dos pares (uno para cada uno), en total llevamos 12 discos en una bolsa que he tenido que buscar yo, lo suficientemente grande para poder llevarlos cómodamente. En este aspecto, el hecho de no poder deshincharlos hace que vayas un poco abultado donde te los lleves, pero bueno, una cosa por otra.

En cuanto al precio, desde luego no son baratísimos como cualquier flotador hinchable que hasta los regalan de publicidad, pero por comodidad y practicidad de uso merecen la pena con creces. Además, si sumo todos los que se nos han roto o pinchado en estos años creo que nos hemos gastado bastante más y encima dándonos un servicio bastante peor.

Creo que hemos hecho una muy buena compra y que los vamos a disfrutar muchísimo este verano. Si tuviera que recomendar unos manguitos sin duda recomendaría estos manguitos de natación para niños Delphin.

¿Y si no valgo para ser madre?

Mamá besando bebé

Estos posts nunca hay que escribirlos en caliente. Por eso he tenido este borrador en espera, editándolo en varios días, hasta que hoy, ya en frío, puedo terminar de ordenar las ideas y darle a publicar.

Había pensado en enumerar las razones por las que una madre puede llegar al límite y terminar planteándose cosas nunca antes pensadas, de las que se dicen en bajito y en petit comité, pero en realidad creo que son excusas, es decir, que sean cuáles sean los orígenes, lo importante es a dónde nos conducen.  Podría explicar que el mes de junio está siendo un mes súper estresante: que nuestro gato-perro ha estado con tres patas en el más allá y ha requerido cuidados intensivos durante casi todo el mes, que varios electrodomésticos decidieron fallecer al mismo tiempo (con el consiguiente palo económico), que la organización familiar ha sido más que complicada (ya que entre otras cosas mis padres tuvieron un accidente de tráfico del que salieron bien pero no su coche), que todo ello ha coincidido con el final del curso y con un tema de trabajo que nos ha llevado muchas horas de mucha concentración… Infinidad de cosas que, en realidad, son pura anécdota.

Lo importante es que en un día te ves a ti misma dando gritos a todo el mundo, con los pelos de punta, con serias dificultades para aguantar a tus hijos, hecha polvo física y psicológicamente y con una inmensa sensación de frustración. Y entonces piensas:

Quizá no valgo para esto. Después de todo, quizá no valgo para ser madre. Quizá me viene grande. Quizá no tengo suficientes recursos, ni suficiente paciencia, ni suficiente capacidad de sacrificio. Da igual lo mucho que me esfuerce, no es suficiente.

Una sensación verdaderamente triste y angustiosa.

Pero luego, en frío, creo que son sentimientos positivos, de los que hacen avanzar.

En primer lugar, porque son un golpe de realidad, un aviso físico y mental muy contundente que tu ser interior te envía para recordarte que hay que asumir, priorizar y aplazar y que los juegos malabares para llegar a todo, incluso a lo imposible, a medio-largo plazo pasan factura.

Y también son una invitación a la reflexión. Para mi son un recordatorio de las cosas que quiero y de las que no quiero. De que mi objetivo en la vida no es regodearme en lo mal que me salen las cosas sino avanzar cada día para hacerlas un poquito mejor y para llevar con más soltura todo aquello que no puedo controlar. No sé si valgo o no para ser madre, no sé si es una aptitud con la que se nace o un talento que se pueda desarrollar. Lo que sí se seguro es que, a pesar de los días tan agridulces que de vez en cuando se suceden desde que soy mamá de dos, este trabajo, el de mayor responsabilidad que he tenido jamás, me encanta. A partir de ahí, todo es posible.

Foto | BK en Flickr CC

El día en que los niños dejan de echarse la siesta

Bebé durmiendo

Llega un día en la vida de todo niño en que la siesta pasa de ser una necesidad a convertirse en su peor enemigo.

Yo recuerdo la hora de la siesta en casa de mis padres como una condena, porque ellos se desmayaban nada más comer pero yo no quería perder ese largo rato, que a mi se me hacía eterno y aburrido como ningún otro. Era el peor momento del día ¡pero mis padres lo necesitaban! Y cuánto les comprendo ahora, cuántos días sufro lo indecible por mantenerme despierta, ¡lo que daría yo por unos minutitos de sueño!

Mayor pasó de dormir siestas de 3-4 horas de media a dejarla radicalmente nada más empezar el cole y eso que el primer año que entró en Infantil estuvo todo el primer trimestre sin ir por las tardes (porque en el cole lo que hacían era dormir y para eso que durmiera en casa ¡pero no dormía!).

Las siestas de Bebé no se cómo describirlas porque varían bastante de un día a otro. Que la necesita, desde luego. Mínimo necesita dormir una horita, idealmente dos. Pero muchas veces se despierta entre medias y si tardo mucho en ir a darle tetilla se espabila y se queda a medias. Esto cada vez pasa menos, pero todavía sigue ocurriendo.

Además, como pase cualquier cosa, por ejemplo, que le montes en el coche a última hora de la mañana y se duerma cinco minutos, se la salta. Y lo que ocurre cuando se la salta, además de estar insoportable durante la tarde, es que a poco que se apoye en una superficie agradable, se queda dormido. Sí, Bebé se nos ha dormido en los columpios, a media tarde, varias veces.

Aunque en este momento Bebé tiene claro que la necesita, e incluso algunos días sin decirle nada me agarra de la mano y me lleva a la cama, doy por hecho que sus días están contados. Cuando empiece el cole en septiembre llegarán a su fin.

Y, como decía arriba, comprendo muchísimo a mis padres y tengo pavor de que llegue el día en que ninguno se eche la siesta. Porque ahora mismo ya es duro tener que permanecer despierta sí o sí 365 días al año, sea fiesta, hayas comido mucho o hayas pasado una noche mortal, porque Mayor no quiere dormirse y dejarle solo despierto no es una opción. Pero, bueno, si te chutas un café doble hasta puedes aprovechar el rato para estar los dos a solas y hacer alguna actividad que con Bebé despierto resulte imposible o si le pones una peli a Mayor puedes adelantar algo de trabajo. Pero cuando ya sean dos los que estén despiertos sin siesta mientras nosotros nos caemos por los suelos, dos como los míos… ¡no lo quiero ni pensar!

Foto | Heather Williams en Flickr CC