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Mi experiencia con los kits de tejer de We are Knitters

A finales del mes de agosto me escribieron de We are Knitters para presentarme su colección de kits para tejer ropita para bebés y ofrecerme probar uno de sus kits. Para quienes no sepáis quiénes son, se trata de una empresa española formada por dos jóvenes emprendedores que le han dado una vuelta a esto del knitting, convirtiéndolo en algo moderno, divertido y trendy.

Como ya conté, el año pasado, animada por mi amiga Orquidea Dichosa, caí en la fiebre lanera y desde entonces, quitando el parón por el calor del verano, no he parado de darle a las agujas. Así que cuando me escribieron de We are Knitters, que para mi es como el Real Madrid del knitting, el emblema de este resurgir de un hobby tan chulo y satisfactorio, me hizo una ilusión tremenda.

De la mano del blog y de los vídeos de We are Knitters yo empecé a dar mis primeras puntadas, a ir entendiendo conceptos, atreverme cada vez a más cositas. Además, justo cuando mi marido y yo estábamos en plena fase creativa lanzando Mochilas-Portabebés.es vimos en televisión un reportaje sobre ellos y nos sentimos taaaaan identificados, tan ilusionados… ¡Es tan chulo emprender en algo que te apasiona!

Además de estar pasando un verano bastante complicado, una de mis mejores amigas acababa de ser mamá, por lo que la idea de ponerme a tejer ropita de recién nacido, probar sus famosos kits y hacerlo además para luego regalarlo me pareció estupenda. ¡Literalmente di saltos de alegría!

De entre todos sus mini WAK kits elegí el Bluebeard Two Pieces, que es un conjunto de un jersecito sin mangas de hilo de algodón y unos patucos a juego.

Presentación

Los kits vienen presentados en una bolsa de papel e incluyen los ovillos necesarios para hacer la ropita, las agujas de madera, la aguja lanera, una etiqueta “proudly knitted by myself” y por supuesto el patrón.

Packaging We are Knitters

Solo la presentación ya entusiasma, está muy cuidada.

Presentación mini WAK kit We Are Knitters

Pero sin duda lo que termina de enamorar es la calidad del hilo, ¡parece seda! Qué lástima que no se pueda tocar  a través de la pantalla.

Ovillos algodón pima WAK

Yo elegí esta combinación pero hay un montón de colores a elegir. De hecho, le tengo echado el ojo al gris y al amarillo suave, que creo que podrían quedar genial en un jersey para mis niños.

Las agujas de madera

Una de las cosas que más ganas tenía de probar del kit eran sus famosas agujas de madera. Bonitas son un rato bonitas, pero lo importante es qué tal es la sensación de tejer con ellas.

Debo decir que en un principio no me entusiasmaron. Estoy acostumbrada a tejer con agujas de metal, en las que el hilo se desliza muy bien y muy rápido. Las primeras vueltas me costaba bastante tejer a mi manera y de hecho terminé deshaciendo la labor y volviendo a empezar.

Con el paso de los días le he ido cogiendo el gusto a tejer con madera entre las manos. Es una sensación distinta, desde luego. Son agujas que no pesan nada, son más cálidas que el metal y su suavidad es muy agradable en las manos. También suenan diferente cuando estás tejiendo, lógicamente.

Es cuestión de acostumbrarse a que el hilo se deslice de otra manera, yo al final me hice con ellas sin ningún problema y ahora cuando he vuelto al metal se me ha hecho raro.

El algodón pima 

Lo mejor del kit sin duda es la calidad del algodón pima. Ya había oído maravillas sobre su calidad pero es que es impresionante. El tacto, la caída, el brillo… como decía más arriba, parece seda o bambú. Da gusto tejerlo, da gusto tocarlo… Increíble.

El patrón

Una de las grandes dificultades que encuentro a la hora de tejer con patrón es entender lo que hay que hacer. Puede parecer una tontería pero a veces las improvisaciones terminan mal, echan al traste con buena parte de la labor y deshacer no siempre es sencillo (además de muy frustrante).

Me suelo encontrar con muchos proyectos en inglés y hay veces que son indescifrables. Incluso los que están en español muchas veces están escritos para gente que sabe mucho y resultan muy complicados de entender por personas más novatas.

El patrón de este kit estaba escrito para personas muy principiantes, describiendo todo. Normalmente los patrones utilizan signos y diagramas que si no estás familiarizado con ellos son un follón. Aquí no, aquí está todo escrito con letra, explicándote que tienes que hacer en cada pasada. Es muy facilito de entender.

En el patrón lógicamente no te viene explicado cómo tejer, pero en su blog y sus vídeos hay muchísima información. Creo que este kit lo podría haber hecho cualquiera.

Resultado

Aunque cometí algunos pequeños fallos, creo que quedó muy bonito.

Jersey WAKGracias a este jersey aprendí algo muy muy importante: a hacer bien las costuras que unen las piezas de tejido. Es un paso para mi, que las tenía súper atragantadas, y me impedían avanzar hacia cosas más complicadas.

La talla si no recuerdo mal era de 3 a 6 meses. Yo lo veía muy pequeñito y tenía miedo de que le quedara pequeño pero como podéis ver a la bebé de mi amiga, le está perfecto a sus tres meses de edad.

Jersey WAK 2

¿Lo recomiendo?

A mi la experiencia me ha encantado. Porque al final estos kits de We are Knitters no son sólo tejer algo bonito sino una experiencia completa desde que coges la bolsa de papel, la abres, tocas la suavidad de los ovillos, la calidez de la madera de las agujas… Me parece una experiencia de esas que te atrapan y te enganchan, que te hacen tener ganas de más.

Algo que creo que a todos nos preocupa y nos echa para atrás, más en estos tiempos, es el precio. Los kits de WAK no son baratos. De hecho, el año pasado estuve a punto de comprarme un kit para hacerme un cuello y finalmente no me decidí por este factor.

¿Merecen la pena entonces? Si no tienes un gran presupuesto, desde luego que no vas a pasarte el día tejiendo kits de WAK. Puedes encontrar buena lana y patrones (muchas veces gratuitos) por Internet y ahorrarte unos eurillos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que tejer muchas veces no es nada barato porque la lana / hilo de calidad normalmente no es económico. Es muy probable que te salga más caro tejerte un jersey que comprártelo pero la satisfacción seguramente no sea la misma; ahí ya entra el gusto de cada uno y lo que esperes en cada momento.

Desde luego, como regalo, como capricho, como proyecto para cogerle el gusto, como desahogo, si tienes ganas de tejer con una lana lujosa y unas agujas preciosas… Para mi, un diez.

Y, ahora, la sorpresa :-)

Para no dejaros con la miel en los labios, que se que hay muchas tejedoras por ahí (¿y algún tejedor?), la semana que viene de la mano de We Are Knitters voy a lanzar un sorteo muy especial, pues no sólo incluirá una cosita suya sino también otro regalito mío.

Stay tunned!

Vender las cosas del bebé que ya no vas a usar: una opción interesante

Vender online

Antes de nacer Bebé no me había planteado vender nada que hubiéramos usado en casa. A pesar de conocer a varias personas que de forma habitual compran y venden cosas de segunda de mano, a mi no me había llamado nunca la atención como forma de desprenderme de objetos que ya no iba a necesitar. No estoy nada apegada a las cosas, no soy de guardar y guardar, simplemente me daba pereza buscar comprador, realizar la venta…

Pero con Bebé pronto llegó el momento de decidir qué íbamos a hacer con todas aquellas cosas que ya no usaba y dado que el chiringuito está cerrado y bien cerrado, no tenía mucho sentido empezar a acumularlas, más aún en una casa pequeña y sin trastero.

Lo primero que vendí, el año pasado, fue el Bugaboo, que quizá malvendí porque estaba nuevo-nuevo-nuevo casi a estrenar. Después de esa experiencia me lo pensé un poco. Realmente el Bugaboo me lo quitaron de las manos en cuanto lo bajé un poquito de precio, pero me quedé con la sensación de haberme precipitado. Tras esta primera experiencia, la minicuna decidí donarla a la Fundación RedMadre ya que hacía mucho tiempo que me apetecía colaborar con ellos.

El verano pasado vendí ropa a Percentil, como ya conté en esta entrada en la que os proponía dos ideas para la ropa que se les va quedando pequeña a nuestros niños. Fue una buena experiencia, de hecho me dieron un piquito mayor del que esperaba obtener. Me quedé con las cosas a las que le tenía más cariño y aquellas que no íbamos a volver a usar tuvieron un buen destino.

Ya este año, este mes de agosto me decidí de nuevo a poner orden en casa, empezar a quitar trastos del medio que estaban estorbando, ocupando mucho espacio y cogiendo polvo. Me sobraban bastantes cosas y además cosas en muy buen estado. Algunos juguetes que apenas habían estrenado se los regalé a una amiga pero otras cosas más voluminosas no tenía a quién regalarlas y pensé que podía sacar un dinerito, que por probar no pasaba nada. Unas cuantas fotos, un par de minutos en MilAnuncios.com y listo. No sabía que sería tan fácil poner los anuncios y, sobre todo, que sería tan fácil vender tantas cosas. Algunos objetos han sido visto y no visto, no los he tenido ni 24 horas anunciados.

Así que en los últimos meses he vendido la silla del coche de Bebé grupo 0+. la cuna, la silla de paseo MacLaren, el accesorio para el cinturón del coche cuando estás embarazada Besafe, uno de mis sacaleches de Medela, una aspiradora Dyson, un masajeador para la celulitis que tenía casi sin estrenar y varios juguetes de mis hijos. Puede que me deje algo. Han sido un montón de cosas.

Me apetecía compartirlo porque estoy encantada con haber dado el paso. Me daba mucha pereza vender pero me he quitado un montón de trastos de encima, mi casa parece más grande, he ganado un dinerito que me ha venido muy bien y además quienes han comprado mis cositas han hecho una buena compra, ya que estaba todo muy bien cuidado y además ha sido tratado con mucho amor. Son objetos que se van con otros dueños llenos de nuestro cariño.

Hay quien me dice que quizá me arrepienta, que cuando uno se quita de encima todo lo de bebés el destino coge y te manda a la cigüeña con otro bajo el brazo. Mi marido teme que le desmantele la casa ahora que he cogido carrerilla. A mi me parece una buena opción para dejar de acumular y sacar un poquito de rentabilidad a cosas que aún pueden tener otra vida, cosas que muchas veces apenas hemos sacado partido.

¿Qué os parece a vosotr@s, habéis vendido cositas de vuestros hijos?

Foto | M C Morgan en Flickr CC

La maternidad en el armario

Pensar

En los últimos meses se me ha hecho imposible escribir un post en el blog. No por falta de tiempo, que eso va por descontado, sino por el tapón emocional que siento. Por no escribir el post que escribo hoy no me veía capaz de escribir ninguna otra cosa. Pero, como ocurre con cualquier tapón, la carga se va acumulando hasta que llega el día que necesariamente tienes que reventar.

Tras analizar en las últimas semanas por qué era incapaz de escribir una sola línea que no tratara del tema de hoy, me he dado cuenta que cada cual digiere sus dificultades a su modo y el mio últimamente es el del silencio. Silencio no sólo aquí sino en mi casa y con cualquier persona de mi entorno. Por no molestar, por no ser pesada, por no aburrir, por no parecer de un pesimismo que realmente no me define, por no dar que hablar…

Mi maternidad ha ido metiéndose dentro del armario hasta un punto en el que apenas puedo salir de él sin enseñar demasiado mi debilidad, mi agotamiento y mi frustración. Entonces, para no salir más herida, para no sentir más incomprensión, para no dar lugar a malos entendidos, para no culpar a nadie, me he metido dentro del armario, he puesto punto en boca y a intentar tirar con lo puesto mientras campeo el temporal.

¿Por qué hoy? Por coincidencias. Hace unos pocos días surgió una conversación inesperada con otra mamá, una de esas conversaciones que para nada te esperas. Tuvimos un encuentro de esos en que dos personas se reconocen casi sin hablar y se atreven a sacar de sus armarios dos maternidades dolorosas y poco compartidas. Esta mañana también, a través de una red social, veía como una mamá expresaba algo similar, y he pensado que quizá a mi me había llegado ya la hora, no sé si de salir del armario, pero sí de decir: hola, aquí estoy, me he metido aquí con mi maternidad a esperar a que lleguen tiempos mejores.

Hay realidades que son dolorosas, hay maternidades muy dolorosas. Y no son pocas, no, es que suelen ser maternidades invisibles.

Hay realidades que, cuando las compartes, recibes apoyo y patadas a partes iguales. Y la maternidad es un tema hiper sensible, que cualquiera puede aprovechar para hacerte daño. Hace unos días recibí un mensaje de una persona que, al hilo de un post delicadísimo de este blog, todo lo que tenía que decir es que yo no debía haber tenido nunca hijos pero que lamentablemente hasta las perras pueden tenerlos. Así, tal cual. Porque hij@s de puta hay muchos en el mundo, pero en Internet mejor ni hablamos.

Pienso que es fácil explicar las cosas bonitas, hablar del amor que sientes, de cómo te ha cambiado la vida (para bien), de subir fotos de casas de inspiración nórdica en las que hasta los juguetes van a juego con la decoración o de atardeceres espectaculares o de manualidades chulísimas que tu sola has inventado. Es la clase de cosas que apetece compartir. Pero es complicado decir que lo estás pasando mal, no sólo ya por el hecho en si de reconocer tu propia debilidad sino porque parece que ser feliz es obligatorio cuando eres madre (sobre todo si eres madre reciente) y porque, para qué negarlo, tienes miedo de que entiendan lo que no estás diciendo. Tienes miedo de que piensen mal de ti, de que piensen mal de tus hijos. Tienes miedo de todo y por eso callas.

Pues bien, aquí estoy hoy destapando el tapón para poder seguir adelante: Los últimos dos años y medio están siendo muy duros. Desde que nació Bebé todo se ha puesto patas arriba y aún no ha vuelto a su sitio. Pasan los meses, pasan los años, y esto no rueda, las cosas siguen sin encajar. Nos han pasado muchas cosas, por desgracia cosas malas o regulares que no puedo compartir, y la demanda de mis hijos que no ha parado de crecer. Es un cóctel tremendamente explosivo cuando se te acumulan tantas cosas.

La vida con un bebé de alta demanda de dos años y cinco meses es devastadora. Su kakadrama me está quitando lo poco que me quedaba de paciencia y de cordura, es la gota que colma un vaso que ya de por si estaba al límite. Con Bebé no se puede hacer vida normal porque todo gira en torno a él y ahora, muy especialmente, en torno a su kakadrama.

Súmale atender a otro niño intenso, las preocupaciones lógicas de ganarse la vida con un negocio propio y otros problemas de adultos nada banales.

Prefiero el silencio, todo al armario. ¿Qué le vas a contar a la gente? Y ¿para qué?

Las ideas que se te ocurren cuando estás a solas con tu maternidad en el armario son todas imposibles de compartir con nadie que no haya estado dentro alguna vez. Pienso que quizá no soy la madre que mis hijos necesitan. Que debería estar repleta de energía y de ideas creativas para tenerles entretenidos y felices. Que debo ser realmente inútil para no ser capaz de proponer actividades para que dos niños tan pequeños puedan estar juntos y a gusto, sin pelearse constantemente, sin tirar cosas, sin romper cosas, sin gritar todo el tiempo. Que solo una persona verdaderamente desastrosa sería incapaz de encontrar un momento para ducharse o para hacer la comida cuando su hijo pequeño tiene ya dos años y pico. Que como algunos psicólogos dicen que los niños son nuestro reflejo, seguramente el kakadrama sea un fiel reflejo de lo mal que lo hago todo, de mi falta de paciencia, de mi falta de herramientas para hacerlo mejor, de mi agotamiento físico y mental, de mis ganas crecientes de salir corriendo. Que todo es culpa mía. Que soy una fracasada.

Y aunque a veces te chocas por accidente con otra mamá que está viviendo algo similar y te sientes menos estúpida y menos juzgada, te vas a casa y sigues sintiéndote una mierda, así que te vuelves con tu maternidad al armario y cierras la puerta, a ver si cuando vuelvas a abrir ha pasado todo.

Foto | Hans Vink en Flickr CC