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Retención de heces o encopresis infantil

Bebé usando el orinal

Cosas que tiene la vida, dos años después tengo que escribir un post prácticamente idéntico, salvo que ahora el afectado por la retención de heces no es Mayor sino Bebé.

Este verano decidimos no quitarle el pañal a Bebé. Aunque hace ya mucho tiempo que avisaba casi siempre que hacía pis (más o menos desde al año y medio) y disfrutaba mucho estando sin pañal (en bolinguis como dice él) tampoco es que tuviera especial interés en dejarlo y las veces que habíamos probado a ver qué tal se encontraba con calzoncillos siempre terminaba mojado, demostrando que era pronto. Tampoco parecía incomodarle especialmente estar sucio. Como prisa no había, decidimos dejar seguir su cauce y que fuera él quien nos indicara cuándo quería dejarlo.

Sin embargo, y como suele pasar con los niños, a finales de agosto llegó la sorpresa. Una mañana nada más levantarse, como si por la noche hubiera tomado la decisión, Bebé (28 meses) me dijo que ya no quería llevar pañales, que quería calzoncillos. Aunque yo auguraba un desastre total, me equivoqué totalmente: controló el pis desde el primer momento ¡y sin necesidad de que yo le avisara!. Resultaba tan fácil que costaba creerlo, ni siquiera tenía que estar muy pendiente porque cuando tenía ganas el solito se iba al baño, se bajaba la ropa y se subía al WC. Tan solo tuvo dos escapes que en realidad no fueron tales ya que creo que simplemente probó a hacerse pis con la ropa puesta para comprobar cómo se sentía aquello de orinarse encima.

Las primeras cacas las hizo bien, en el WC, con normalidad. Pero a la tercera vez que tocaba hacer caca empezó el drama ya bien conocido por nosotros: miedo a evacuar.

Al igual que le sucediera hace dos años a su hermano mayor, desde ese día tiene miedo a hacer caca y ya no vale que le ofrezcas WC, orinal, pañal, calzoncillo, plato de la ducha o suelo. No es una cuestión de dónde hacer sino del hecho en si de hacer. Él dice que le duele, que le escuece, y que le ponga crema, pero tras litros y litros de crema durante días tengo claro que no es una cuestión de dolor sino de pánico a soltar.

Después de horas de sufrimiento, innumerables viajes al baño, culo lleno de crema por todos lados y muchos llantos, termina haciéndolo mitad encima mitad en el WC hasta la siguiente vez que toca. Al principio hacía caca un día sí un día no pero ahora, como ya no evacúa nunca la totalidad, el drama es casi diario. Es más, a veces se le pasan las ganas durante varias horas y al rato continúa, por lo que en los últimos días el drama es casi constante.

En la última de las ocasiones, antes de ayer, se puso tan mal que estuve por llevarle a urgencias (¡aunque no sé cómo hubiera hecho para llevarle así en coche!). Tenía toda la piel de gallina, daba saltos de puntillas, casi no podía sostenerse de pie y daba unos aullidos que daban miedo… Cualquiera que nos oiga pensará que estamos maltratando al niño. Incluso con un supositorio (que le puse cuando ya llevábamos dos horas de drama) tardó más de 20 minutos en hacer y por supuesto no hizo todo sino lo que ya no pudo retener más.

La semana próxima probaremos con laxantes como la eupeptina que ya probamos con su hermano aunque administrárselos va a ser toda una odisea ya que si Mayor comía mal lo de Bebé ya es que no es de este mundo. No observo que sus heces sean duras pero si hace más blando facilitaremos que se le caiga con mayor facilidad.

Y si nada funciona y seguimos así quizá recurramos a un psicólogo infantil porque a pesar de ser ya la segunda vez que en esta familia pasamos por lo mismo, a mi no me quedan ya más recursos. ¿Cómo convencer a un niño de que hacer caca no tiene que dar miedo? ¿Cómo contárselo de otra manera si está harto de vernos a diario cómo lo hacemos, si ve todos los días a su hermano y aún así tiene miedo?

¿Sugerencias? ¿Consejos? ¿Trucos? Os lo agradecería de corazón.

Mi experiencia en TodoneneS comprando sillas de coche: un 10

Niños en el coche

Hace unos meses empecé a darle la tabarra a una gran amiga porque quería cambiar las sillas del coche de mis hijos, que ya empezaba a vérselas pequeñas. Mi amiga es una experta en temas de seguridad vial, le interesa muchísimo el tema, lee todo lo que cae en sus manos y está muy al día.

Como muchos sabréis, los expertos aconsejan que los niños viajen en el coche a contramarcha el mayor tiempo posible. A muchos padres les parece una pésima idea llevar a su hijo de 2-3-4 años a contramarcha, pero lo cierto es que, como ocurre en muchos otros temas, hay mucho prejuicio infundado en este tema y no hay más que ponerse a leer sobre ello para darse cuenta. Ya os contaré nuestra experiencia.

En la lista de errores que de buena fe cometimos con Mayor por pardillos estuvo la de pasarle a una silla Grupo 1 mirando hacia delante mucho antes de que lo necesario (y de lo recomendable, claro). En principio, mi idea inicial era que Bebé heredara la silla de Mayor, lo que implicaba que dejara de viajar a contramarcha y comprarle una silla nueva solamente a Mayor. Desde luego, era la opción más económica.

Pero después de muchas horas leyendo y releyendo sobre el tema páginas como A Contramarcha y Re-Tensión Infantil y de interminables intercambios de mails con mi amiga cada vez tenía menos claro que la opción económica fuera la opción que a mi me dejaba tranquila. Ahora contábamos con información suficiente para hacer una correcta elección y con sillas en el mercado que permiten ir a contramarcha hasta los 18 kilos de peso, algo que cuando hace cuatro años cambiamos a Mayor de su Grupo 0+ al Grupo 1 yo juraría que no existían. Teniendo todos esos datos en mi mano no me dejaba tranquila optar por la opción económica, debía decidirme por la más segura.

Tomada la decisión de comprar dos sillas y no una, seguí dando la tabarra a mi amiga hasta límites insospechados para ver qué modelo elegíamos. Ella insistía mucho en que fuera a TodoNeneS, una tienda de productos de puericultura que está en Villaviciosa de Odón y tiene fama de ser de lo mejorcito de España y de ser uno de los grandes especialistas en sistemas de retención infantil para el coche del país. Consulté con varias mamás, consulté en Internet y descubrí que al parecer la tienda es casi un sitio de peregrinaje al que acude gente incluso de otras partes de España por el estupendo asesoramiento y servicio.

Me resistí mucho. El porcentaje de compras que hago en tiendas a pie de calle es prácticamente inexistente y pudiendo comprar las sillas por Internet me daba una pereza infinita ir hasta allí, más aún teniendo que llevarme a los niños. Pero ante la insistencia de dos amigas, que me aseguraban que no me iba a arrepentir, allá que nos fuimos un sábado por la mañana.

Empezando por la conclusión, puedo decir que el asesoramiento y servicio de la tienda me pareció de 10, que mereció totalmente la pena acudir allí y que se lo recomendaría a cualquiera con los ojos cerrados. De hecho, escribo este post porque creo que merece la pena dar a conocer sitios como éste, que realmente saben lo que venden, que asesoran al cliente con honestidad y que dan tan buen servicio que hasta te dejan las sillas montadas en el coche. De verdad, me quito el sombrero.

A pesar de haber ido un sábado por la mañana, en junio, nos atendieron relativamente rápido. Mis amigas me avisaron de que los sábados se ponía llenísimo de gente y, sí, tuvimos que esperar un rato a que nos atendieran porque en la zona de las sillas de coche había bastante gente, pero fue un rato razonable. Además, algo muy importante para nosotros es que en la zona de las sillas de automóvil tienen una pequeña zona para que los niños jueguen y se entretengan. Sin ella no hubiéramos podido soportar la espera, pero gracias a esa zona mis fierecillas aguantaron bien y de buen humor, que es lo importante.

El asesoramiento me encantó. Yo había leído mucho y tenía unas ideas bastante claras, que pude compartir con el chico que nos atendió y aprender varias cosas nuevas, que nunca está de más. Cuando vas a un sitio a que te asesoren habiendo leído mucho siempre tengo algo de miedo a terminar sabiendo yo más que el dependiente y llevarme un chasco, pero en absoluto fue así. La persona que nos atendió era una enciclopedia andante y nos asesoró justo en lo que necesitábamos. De hecho, aunque coincidimos en la silla que queríamos para Bebé, finalmente elegimos una silla diferente a la que yo tenía en mente para Mayor, mucho más apropiada para él.

Un punto interesante de acudir allí es que los niños pueden probar las sillas. A mi a priori me parecía algo prescindible pero ver cómo le queda la silla al niño es importante, especialmente cuando Bebé odiaba el coche y su silla a más no poder hasta el momento o para poder valorar qué silla podía crecer mejor con Mayor de cara a prolongar su uso el máximo tiempo posible.

Aunque lo explicaré en otro post porque creo que puede ser interesante, optamos por una Kipplan Triofix Recline para Bebé y por una BMW Junior Seat para Mayor. La Kipplan es una silla que se pueden llevar a contramarcha hasta los 18 kilos, que en el caso de un niño de poco peso como es el caso de Bebé seguro que serán más de 4 años. También se puede poner a favor de la marcha en el momento en que se desee o a partir de ese peso, ya que la silla es un grupo 1-2-3 y aguanta hasta 36 kilos. La silla BMW es una silla grupo 2-3 (a partir de 15 kilos) y tiene fama de ser una de las mejores del mercado, única en incorporar un sistema de absorción de impacto japonés del que dicen que es lo más de lo más en seguridad en el automóvil.

Para rematar, nos acompañaron al coche, nos quitaron las sillas que teníamos hasta el momento y nos dejaron instaladas las nuevas y a los niños montados en ellas y perfectamente ajustados.

Creo que más no se puede pedir. En serio, un 10.

Bueno, sí, hay más. Desde que hemos cambiado a Bebé a su nueva silla está encantado. De odiar el coche y patalear con todas sus fuerzas cuando tocaba viajar, de llorar amargamente durante kilómetros hasta el punto de que hemos evitado al máximo coger el coche en estos dos años, de todo ese drama hemos pasado a pedir montar en el coche, a subirse solo, a aplaudir en cuanto ve su silla y a contarle a todo el mundo que sus papás le compraron una silla nueva. Pero esto lo contaré en otra entrada…

Foto | Ryan Dickey en Flickr CC

Probando “Circus”, nuestro primer juego de barquitos

A principios de mes me contactaron desde DeMartina.com, una juguetería online muy conocida, para ofrecerme participar en un programa de testeo de juguetes en el que ya han participado otras blogueras antes, seguramente os suene.

Tras comentar con ellos las edades de mis niños, que son bastante pequeños, descartamos algunas opciones por contener piezas demasiado pequeñas y finalmente me enviaron este juego de mesa, “Circus“, de la marca Cayro.

Así viene presentado, la caja es una chuladaAsí viene presentado, la caja es una chulada

Hasta el momento nuestra experiencia con juegos de mesa era prácticamente inexistente por varias razones; en los últimos meses la razón fundamental es que Bebé boicoteaba cualquier actividad que requiriera un mínimo de orden en una mesa y que no le incluyera en el juego, por lo que nuestras opciones de juegos tranquilos estaban bastante reducidas. Sin embargo, ha sido relativamente sencillo conseguir esta vez poder jugar unas cuantas partidas con Mayor mientras él se conformaba con mirar a cambio de que le fuéramos entregando las figuritas del juego según iban siendo eliminadas.

El juego “Circus” es básicamente una re-interpretación (mucho más bonita y atrayente para niños pequeños, a mi modo de ver) del juego de los barquitos. Se juega entre dos personas, cada una de las cuales tiene un escenario que es la carpa del circo.

Circus-Cayro-2Este es el escenario donde se colocan las fichas

Ahí colocará al payaso, al forzudo, al león y al director del circo. Se trata de ir adivinando en qué zonas del circo (el cañón, la cama elástica…) ha colocado el contrincante a sus personajes.

Hojita para apuntar en CircusHojita para apuntar en Circus

Cada jugador tiene una hojita donde puede ir tachando los personajes y las zonas, para no repetir las preguntas. Vienen muchas hojitas pero llegará un momento en que las tengamos que fotocopiar.

El juego está indicado para mayores de cinco años, a Mayor le faltan tres meses y sí que creo que es un poco pequeño para el juego, al menos para jugarlo con soltura. A pesar de haber jugado varias veces, le cuesta entender la picardía del juego y en vez de hacer preguntas al otro se chiva de dónde tiene él sus propias piezas. También ocurre que no es capaz de llevar una estrategia ordenada de preguntas por lo que el juego se prolonga si no le damos pistas lo que produce que al final se aburra. Tal vez precisamente por su encantadora inocencia jugando a Circus, y a pesar de haber adaptado el juego a nuestra manera, nos lo hemos pasado muy bien y nos hemos reído muchísimo en cada ocasión que lo hemos sacado. Ha habido momentos buenísimos de pequeñas trampas como mover los personajes una vez colocados o utilizar a Bebé para averiguar donde teníamos nosotros nuestras fichas. En fin, al final hemos conseguido jugar los cuatro de una forma bastante divertida y sin enfadarnos aunque no hayamos respetado las normas del juego al pie de la letra.

El juego estéticamente es una chulada, los personajes son de madera y están muy bien terminados y el escenario es sólido aunque me preocupa que siendo de cartón Bebé lo destroce, por lo que intento que esté lejos de su alcance en cuanto acaba la partida. Además los personajes son bastante pequeños y Bebé aún sigue metiéndose cosas en la boca por lo que tengo bastante cuidado con este juego siempre que lo sacamos.

Se desmonta fácilmente y se pliega en plano. Se puede volver a meter dentro de la caja en la que viene aunque yo no he sido capaz de meter las figuras donde venían así que van sueltas dentro de la caja. En cualquier caso es un juguete fácil de recoger y que ocupa poco espacio una vez guardado, algo que en mi casa es importante.

Como primera experiencia en juegos de mesa nos ha gustado y nos abre el camino para seguir probando nuevas posibilidades.