Sensational: mi experiencia y conclusiones

Prometí que volvería a escribir un post con mi experiencia con Sensational, el sistema de esmaltado de uñas semi-permanente para hacer en casa, cuando lo hubiera usado durante un tiempo suficientemente largo como para haber sacado conclusiones, para estar segura de si realmente era algo milagroso o no era para tanto y aquí estoy para deciros que sí, que estoy encantada y que lo recomiendo totalmente.

Tras tres meses largos de uso puedo decir que he jubilado mis lacas de uñas antiguas que no duraban ni un día sin descascarillarse. Mi problema con las uñas pintadas, o más bien des-pintadas, se ha terminado. Ahora, si quiero llevar las uñas arregladas sé que el esfuerzo de buscar un rato para pintarlas merecerá la pena poque las luciré durante un montón de días como si me las acabara de pintar, sin desconchones, sin bordes gastados y con un brillo increíble.

En cuanto a la duración de Sensational, la marca promete dos semanas de uñas perfectas. Mi experiencia sobre la duración es que sí, duran dos semanas o incluso más, pero hay que pintarlas muy muy bien para que duren tanto. Me explico: mi récord ha sido 3 semanas en muy buen estado, obviamente ya con cierta “raiz” por el crecimiento de la uña, pero sin desconchones. Esa vez me las debí pintar muy bien, pues ahí está la clave de todo. Yo tengo unas uñas muy pequeñas y un pulso malísimo, de modo que por mucho que me esfuerce al final siempre me salgo un poquito. Ese poquito, que es casi imperceptible a la vista, sí que hace que la manicura dure menos porque con el paso de los días el esmalte se va levantando por ahí y al final pierdes un trozo. Pero esto ocurre cuando ya llevo, por lo menos, 5-6 días de manicura perfecta, así que realmente no es un drama porque, además, si en una uña he sufrido un desperfecto tampoco tardo nada en volverla a pintar.

De media, las uñas me duran perfectas 6-7 días. Perfectas me refiero sin ningún desconchón, sin que se me empiece a levantar el esmalte, con un brillo maravilloso y sin bordes desgastados. Perfectas es perfectas, como si te hubieras hecho la manicura en un sitio profesional.

Sensational tras 9 díasEstado de mi mano derecha con las uñas pintadas usando Sensational tras 9 días de uso

La foto superior me la he tomado hoy. Es mi mano derecha, la izquierda la tengo perfecta. Me las pinté hace 9 días. Como se puede ver, tengo ya un poco de “raíz”, los bordes siguen intactos y he sufrido dos desconchones. No sé si se aprecia pero en el dedo índice tengo un poco levantado el esmalte por el lateral, por eso he perdido un trozo. El color y el brillo están perfectos, aunque quizá no se aprecien bien.

A mi, la verdad, aunque no me lleguen a las dos semanas en perfecto estado, me parece una maravilla. Pensar que hace 9 días que me pinté las uñas y todavía llevo las manos así, vamos, que todavía están más que decentes, me parece increíble. No tengo ningún cuidado con mis manos: friego sin guantes, me lavo las manos veinte veces diarias, baño a los niños y abro cajas y preparo paquetes a lo bestia. Que me duren tanto y ni siquiera se desgasten los bordes me parece un milagro. Además que soy consciente que si tuviera más maña pintándomelas me iría aún mejor, que no es que la marca no prometa lo que cumple.

Sobre el desmaquillado de las uñas, yo soy un poco bruta pero realmente me parece fácil fácil. Como se me levanta un poquito por los laterales, si voy tirando prácticamente lo saco sin ayuda. Si no, uso un pequeño utensilio metálico que se compra a parte y quito el resto. Se supone que hay que envolver los dedos con acetona y dejarlo un rato, que el esmalte se deshace. Yo muchas veces utilizo el método que acabo de describir y otras veces simplemente un poco de acetona pura (la encontré en Carrefour) para acelerar el arrastre. Un día intenté lo de dejar los dedos con algodón empapado en acetona, me empezó a picar y me lo quité porque realmente tampoco me hace ninguna falta para sacar el esmalte.

¿Cómo quedan las uñas? Esto era algo que me preocupaba porque tengo las uñas bastante quebradizas y me daba miedo que me amarillearan o me quedaran fatal. Pues nada de nada, las uñas quedan como si no las hubiera pintado antes, algo que no siempre me sucedía con los esmaltes normales. Por cierto, que los colores oscuros a veces me dejaban mucha marca cuando los quitaba, con Sensational no me pasa.

Un truquito, para que no os pase lo que a mi la primera vez: no liméis demasiado las uñas. Uno de los primeros pasos de este esmaltado es limar la superficie de la uña. No os paséis porque todo lo que arañéis se queda en la uña y realmente no es necesario, el esmalte agarra exáctamente igual. Así que limad un pelín pero sólo un pelín, no os hagáis un destrozo en la uña.

Y al quitar el esmalte, si véis que no sale con facilidad tirando o empujando con la herramienta, no hagáis el bruto, que yo la primera vez me quité varias capas de uña y al final me las tuve que cortar todas. Si lo hacéis con cuidado y un poco de acetona, sale sin esfuerzo alguno.

Para mi sólo tiene dos inconvenientes, bastante superables:

- El primero, que comparado con pintarte las uñas con un esmalte normal, se tarda bastante más. Los 20-30 minutos en hacerte las uñas no te los quita nadie. También es verdad que yo normalmente lo hago de noche, viendo la tele… vamos, que no lo hago con prisas, pero un ratito sí que tardo.

Como decía antes, yo creo que el ratito compensa porque luego son muchísimos días de uñas perfectas. Quizá si la lámpara fuera más grande tardaría menos, yo me hago los pulgares y cada mano por separado porque todo a la vez no cabe.

- El segundo inconveniente es que el sistema, que yo sepa, sólo se encuentra en el Corte Inglés y a mi el Corte Inglés me pilla un poco retirado. No he encontrado ningún sitio para comprarlos online por lo que sólo tengo dos esmaltes, el frambuesa de la foto (que venía con el kit) y un azul intenso que también me gusta mucho. En cuanto al precio, creo que son unos 11 euros el esmalte. No me parece caro considerando que me he llegado a gastar más del doble en algunos esmaltes que no me han durado bien ni 24 horas.

En definitiva, estoy muy contenta y me ha merecido la pena la inversión (unos 60 euros, estaba rebajado cuando lo compré). ¿Os animáis? ¿Ya lo habéis probado? Me parece un regalo genial para el Día de la Madre, ¡por si necesitáis sugerencias!

Miedo al embarazo

Pensando maternidad

Se suele decir que no conoces el verdadero significado de la palabra miedo hasta que te conviertes en madre (o padre). ¿Estáis de acuerdo? Creo que no he sido nunca una persona especialmente miedosa, ni siquiera ahora, pero sin embargo estoy muy de acuerdo con esta frase. Lo que se sufre por un hijo, los temores y preocupaciones que se tienen, no se pueden comparar con ninguna otra circunstancia.

Luego cada cual tendrá sus propios miedos, que seguramente dependerán de cómo fue educado (telita con los miedos que consciente o inconscientemente nos trasmiten nuestros padres) o de las circunstancias que la vida les haya dado a vivir. Yo tengo claro cuál es mi principal miedo: el miedo al embarazo.

Mi miedo no debe entrar en la categoría de paralizante ya que pude sobrellevarlo para traer a Bebé al mundo, pero desde luego el trauma que me dejó el embarazo de Mayor no está superado y no creo que lo supere nunca. Incluso tras un buen embarazo como fue el de Bebé, incluso si volviera a hacerme con él para tener otro hijo. Por más que pasen los años, ahí estará.

Si vivir con miedo es malo, vivir un embarazo con miedo es una de las peores experiencias vitales que se puedan tener y, desde luego, una forma muy mala de empezar el complicado camino de la maternidad. Y no hablo ya del padecimiento que supone estar 9 meses con una angustia permanente, temiendo que el desastre llegue en cualquier momento. Hablo, sobre todo, de los efectos que eso pueda tener en el bebé que estás gestando. Que aunque a día de hoy no haya estudios del todo concluyentes, cada vez son más los especialistas que hablan de la influencia que el estrés y la ansiedad en la madre tienen sobre el feto y lo relacionan con múltiples trastornos posteriores, como podrían ser aquellos que entran dentro del entorno autista. Sin victimismo alguno pero tampoco poniéndome un paño en los ojos, yo sé, como sólo sabemos las madres, que si mi embarazo hubiera sido distinto, mi hijo Mayor sería de otra manera. Yo sé que parte de las cosas que le han pasado y le pasan están directamente relacionadas con un embarazo que, a todas luces, no sólo fue malo para mi.

Y esto último, el saber que lo que te pueda pasar durante un embarazo puede no sólo afectarte a ti sino también a tu bebé y por supuesto a los otros hijos que ya tengas, para mi es brutal.

Hace unos días he tenido una conversación similar con varias mamis: hablábamos de tener más hijos, de seguir aumentando la familia. De si era una locura, de los pros y los contras. Escuchando los miedos de los demás, me reiteré en lo hondo que tengo anidado el mío. Ya sé que es para matarme que diga que tener un tercer hijo no me da pánico ni aún cuando Bebé sigue pasándose las noches mamando y las comidas rebozándose los alimentos por el pelo. Es de locos que diga que a pesar de estos dos años de alta demanda, a mi lo que realmente me da un miedo terrible es pasar por 9 meses de incertidumbre. Tener miedo de que mis hijos me contagien algo, volver a pasar la experiencia de ingresar en un hospital durante semanas, dejarles tirados, hacer sufrir al bebé que se gesta, pasar un embarazo en reposo. Morirme. Miedo a morir, a que muera el bebé que viene de camino, a dejar a mis hijos sin madre y a mi marido viudo.

Muchos miedos, ¿verdad? Si ya dicen que el miedo es libre…

Foto | Foxspain fotografía en Flickr CC

Tras 23 meses de lactancia, llegó la menstruación

Tampones

Desde el último otoño había deseado de manera constante volver a tener la menstruación. Pero con cada mes que pasaba y no venía, por mucho que dos años y medio sin menstruación empezaran a ser demasiado, terminé por asumir que mi cuerpo no volvería a ponerse en marcha mientras Bebé siguiera lactando, por lo que me quedaban todavía años por delante sin ella.

Sin embargo, en los últimos dos-tres meses han ido cambiando algunas cosas. Empecé a notar algo de flujo cervical, que estaba completamente desaparecido hasta entonces. Comencé a notar burbujeos, gasecillos, tironcillos… esas típicas molestias de ovarios que tan bien conocemos las mujeres. Pero la cosa no acababa de arrancar y terminé por quitarme la idea de la cabeza. Podía ser que mi cuerpo fuera despertando poco a poco, pero la regla no iba a venir.

¡Ja!

El viernes por la tarde, sin síntoma previo alguno, sin avisar, cuando menos la esperaba, cuando ya ni siquiera me apetecía especialmente volverla a ver, hizo acto de presencia: 23 meses y 5 días de lactancia después. 32 meses después de haberla visto por última vez.

Y la verdad que estoy rara, rara, rara.

Un 80% de mi está feliz. Me faltaba algo, tenía una sensación permanente de falta que iba más allá de los efectos físicos de no tener la menstruación (que estaban ahí y se hacían notar). Sin duda el peor efecto del postparto infinito era el psicológico: volver a ovular, a menstruar, a fluir con el ciclo fértil, era algo que necesitaba.

Pero un 20% de mi está triste. Se cierra una etapa, una etapa importantísima en mi vida. Dos años que han sido muy duros pero también muy intensos, irrepetibles. Aunque sigamos con la lactancia, este cambio de etapa supone en cierto modo el principio del fin. La naturaleza piensa que mi bebé ya no es tan bebé por lo que me da permiso para volver a reproducirme. Un buen día mi Bebé ya no será bebé, dejará de lactar, dejará los pañales, no querrá ser porteado y todo habrá terminado: ya no habrá bebé.

En todo este tiempo he sentido que Bebé nació ayer. Pero de pronto con la menstruación ha llegado la realidad de golpe: han pasado casi casi dos años, nuestra familia ha cambiado, nosotros hemos cambiado.

Es apasionante todo lo que está por venir pero sin duda será distinto a lo anterior y me toca adaptarme. Toca empezar a vivir una nueva realidad.

Foto | Aaron Fulkerson en Flickr CC