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Lo Mejor y lo Peor del día

Niños en la cama leyendo

Hace ya un par de años años Valentina de Crecer Juntos con Arte me recordó un consejo que se suele dar frecuentemente a las parejas: no acostarse enfadados, hacer las paces siempre antes de dormir.

No sé si Valentina sabe hasta qué punto me inspiró su mensaje aquel día que hablamos sobre cómo Mayor había encajado tan mal el nacimiento de Bebé, porque de esa conversación entre ambas surgió uno de los momentos más especiales del día y en el que intento reparar con mis hijos todo lo desastroso que haya podido ser el día que está a punto de terminar.

Nuestro momento se llama “Lo Mejor y lo Peor del día” y consiste, como su propio nombre indica, en que cada uno diga lo mejor que le ha ocurrido en su día y también lo peor

Una vez ya en la cama, con la luz apagada, es lo último que hacemos antes de dormir. Reflexionamos unos minutos, hacemos las paces si es necesario y nos damos unos mimitos que quizá no hayamos podido darnos durante el día.

Al principio Mayor no decía mucha cosa, en parte porque era muy pequeño y en parte porque siempre le ha costado mucho expresar sus sentimientos. Así que yo le echaba un cable haciéndole sugerencias de lo que yo creía que había sido destacable para él y aprovechaba para explayarme yo con mi parte, contándole con pelos y señales las cosas del día que no me había gustado y que esperaba que mejoraran al día siguiente.

Al poco tiempo Mayor inició una pequeña treta cuando no tiene ganas de hablar que es decirme que lo diga yo primero y luego copiarse ¡qué listos son los niños!

Pero ya desde hace un tiempo nos funciona muy bien y en ese momento del día suelo averiguar cosas del colegio que normalmente no me cuenta o sentimientos que tiene que de otra forma no saldrían a la luz. Es una labor de pico y pala en un horario en el que está uno ya agotado, pero que merece mucho la pena.

Más allá de obtener información, para mi es una manera de salvar el abismo que a veces siento que se abrió entre nosotros cuando nació Bebé. Mayor lo encajó mal y me culpó de todo y en parte razón no le falta ya que Bebé se expande de tal manera que apenas deja sitio para que los demás respiren. Como ya he dicho más de una vez, Mayor tiene la sensación, aunque sea en el fondo de su ser, de que Bebé le arrebató a su madre, así que compartir este rato conmigo contribuye a sanar algunas heridas.

Además, considerando que muchos de nuestros días son conflictivos porque la combinación de ambos hermanos es altamente explosiva, poder poner punto y final a días que han sido duros de una manera amable, analizando lo que no nos gusta y pidiéndonos perdón, me parece una excelente forma de hacer borrón y cuenta nueva para el día siguiente.

Lo Mejor y lo Peor del día está ya muy interiorizado en casa. Algunas noches nos saltamos el cuento porque estamos agotadísimos pero este momento es sagrado. Primero hablamos Mayor y yo, luego salgo de la habitación y entra su padre. Algunas veces participa también Bebé metiéndose en la cama con su hermano pero como no suele centrarse en el tema sino que se dedica a saltar encima de él e intentar seguir con la marcha, normalmente procuramos que ese sea un espacio exclusivo de nosotros con Mayor.

Es posible que ya hagáis algo parecido en vuestras casas. Si no es así, probadlo. Cuesta menos que el cuento de buenas noches y creo que los resultados son geniales. ¡Ya me contaréis!

Foto | nerissa’s ring en Flickr CC

¿Por qué en la peluquería estropician el pelo a mis hijos?

Corte pelo bebé

Pensaba publicar hoy un post bastante más interesante que este, os pido disculpas, pero es que tengo un cabreo que no me tengo. Como “los hechos de autos” ocurrieron ayer, pensaba que a estas alturas ya se me tendría que haber pasado el disgusto, pero es que vengo quemada de atrás y lo de ayer fue la gota que colmó el vaso.

Que en la peluquería nunca o casi nunca hacen lo que les pides, que es complicado salir de allí a tu gusto, es algo que decimos casi tod@s. Pero bueno, puedo entender que las mujeres somos algo complicadas y es difícil comunicar exactamente lo que tienes en mente, aunque muchas veces es que ni llevando una foto consiguen hacer lo que esperas. Yo ya lo he asumido, por ejemplo, tengo claro que el flequillo me lo corto y me lo peino yo en casa y punto porque nadie me lo deja como yo quiero, pues ya está, ¡qué le vamos a hacer!

Pero, en serio, ¿es tan tan tan difícil cortarle el pelo a un niño? ¿es tan difícil dejarle el pelo a un niño tal y como la madre te ha dicho cuando, además, lo único que tienes que hacer es recortar un poco manteniendo el peinado que lleva?

Ayer por la mañana desgraciaron el pelo a Mayor. Otra vez. Porque si sólo fuera una vez, vale, todos nos equivocamos, quizá yo no me expreso bien, en fin, todo puede ocurrir. Pero es que desde que decidimos dejarle el pelo medio-larguito, con flequillo, hemos sufrido un crimen capilar tras otro y ya hace más de un año desde que decidimos cambiarle de peinado.

Al principio le llevaba a la peluquería a la que yo voy. De las tres últimas veces, dos se lo cortaron a tazón. La primera vez aluciné en colores porque yo pensaba que ese corte de pelo no se llevaba desde que yo era niña y los niños de mi clase querían ser como Schuster. La segunda vez le dije claramente a la peluquera que NO quería el pelo a tazón e hizo igualmente oídos sordos. La tercera vez le dije que quería el pelo escalonado y que no le tocara el flequillo. Esa vez fue la peor de todas porque le dejaron el pelo rapado como si fuera a hacer la mili y el flequillo, de tenerlo por las cejas, se lo dejaron a ras del nacimiento del pelo. El niño en la peluquería hizo amago de llorar pero se esperó a casa, donde no paraba de llorar delante del espejo diciendo: mamá, me han dejado calvo, dónde está mi pelo, ¡yo quiero mi pelo como antes!

Ni qué decir tiene que después de ese rapado a lo Teniente O’Neil en un niño que tenía el pelo precioso (sí, soy su madre, pero creo que es objetivo que tiene el pelo muy bonito), no volví a llevarles. Vamos, es que el niño tampoco hubiera querido volver.

Probé con el pequeño en otra peluquería y le dejaron la nuca a la altura de las orejas. ¡No exagero! Así que al pequeño empecé a cortarle el pelo yo en casa, que como su corte no tiene nada de particular, lo dejo a mi gusto y si hago alguna picia a la velocidad que le crece en cinco días no se nota.

Pero como Mayor tiene el pelo medio-largo, no me atrevía a meterle la tijera yo misma así que ayer volvimos a la “peluquería del pelo de la nuca a la altura de las orejas”. Le dije a la peluquera: déjaselo como lo lleva pero más corto, hay que quitarle sobre todo de atrás y de los lados, el flequillo un pelín nada más. Y empezó bien, de la parte de atrás no tengo queja. Pero en un descuido que estaba con Bebé la veo el tajo que le estaba pegando a la parte de arriba y aunque grité ¡nooooo! El daño ya estaba hecho. No le ha dejado el flequillo a ras como la bestia de mi peluquera pero sí le ha cortado 3-4 dedos de más. No se lo ha quitado por completo pero casi.

Como grité de horror y le dije que no lo tocara más (y ya me mordí la lengua porque me puse hasta colorada del disgusto) encima lleva un trasquilón. Porque si la dejo que se lo iguale, le deja por completo sin flequillo.

El corte de ahora no tiene ni pies ni cabeza. La parte de atrás y laterales están bien, tirando a larguitos, y la parte de delante está ridículamente corta. ¿Por qué? Pues no lo sé, no tiene sentido. Su corte, se ve a la legua, va ligeramente más largo por delante, para mantener el flequillo. Es de sentido común.

Como yo soy mucho de psicoanalizarme, pensando en por qué estoy tan enfadada encuentro dos motivos:

- El primero, porque como siempre creo que las cosas no son culpa de uno, entiendo que soy yo que no dejo las cosas suficientemente claras. No sé qué parte de mi mensaje no captan, pero algo falla. A la próxima le pediré que repita conmigo “no voy a tocarle el flequillo al niño” para comprobar que me ha entendido.

- El segundo motivo es que en un par de semanas les van a hacer en el cole las fotos para “la orla”, ya que este año es el último de Infantil. Y el pobre va a salir con ese pelo horrible con el que está bastante feo. Que es una tontería, pero esa foto es un recuerdo para toda la vida y va a salir con el corte de Calimero, con lo guapo que estaba antes de cometer este crimen. ¡Me siento fatal por él!

Sinceramente, no sé si va a haber próxima vez. Creo que cuando le vuelva a crecer voy a probar a cortárselo yo en casa. Peor no me puede quedar.

¿Alguna más ha sufrido algún crimen capilar en sus hijos?

Foto | Andrew Seaman en Flickr CC

La Letrera: mi (estupenda) experiencia con ellos

La Letrera logo

Después de mi mala experiencia con Mimub y Westwing, tenía muchas ganas de poder compartir una buena experiencia de decoración de estilo nórdico ¡y hoy por fin puedo!

Conocí a los chicos de La Letrera hace ya bastante tiempo, a través de su cuenta de Instagram, ¡como no! Debo decir que fueron uno de los máximos responsables de que me picara, y mucho, el gusanillo del estilo nórdico. Esas fotos llenas de luz, la combinación del blanco con la madera.. ¡me encanta todo lo que publican!

Como ellos mismos dicen, su tienda es de “handmade deco“. Decoración hecha a mano, en madera, con una clara inspiración escandi, usando tonos neutros o la madera de pino sin tratar. Se pasan el día en el taller y se nota que ponen mucho de sí mismos en cada pieza.

Pero es que además son gente maja. Ya me parecían agradables a través de Instagram pero tras haber hablando con Marina por mail lo he confirmado. Me parece algo a destacar porque últimamente no dejo de toparme con gente a la que parece que el éxito se le ha subido a la cabeza y me gusta pensar que todavía queda gente trabajadora, sencilla, con buen gusto y, además, con los pies en la tierra.

En fin, ¡que me enrollo demasiado! Y lo que quería contar es que cuando por fin terminé la reforma del dormitorio tenía claro que pondría unas cuantas cositas suya y desde esta semana ya tengo colocaditas.

Aquí os dejo un par de fotos de cómo han quedado.

La Letrera casitas y cámara de fotosLas mini-casitas son una monada ¡y la cámara es preciosísima! El cuadro que veis es el manifesto Holstee en un marco de Ikea.

La Letrera estrella hueca

La estrella no tengo claro si dejarla ahí o buscarle un espacio más amplio. Me gustaría ponerla en el salón pero al alcance de los niños me temo que no es buen sitio.

La estantería es de Kenay Home, otro día hablaré de mi experiencia con ellos.

En la foto inferior podéis ver qué mimo pusieron al hacer el envío, con eso terminaron de conquistarnos.

La Letrera 3 detalle del envío

En definitiva, fantástica compra, ni una pega y un sitio que puedo recomendar con gusto.