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Depilación láser y lactancia materna son compatibles

Depilación láser y lactancia materna son compatibles

Este verano, después de años pensándomelo, he tomado la decisión de empezar un tratamiento de depilación láser. Y, claro, como parece que cuando estás dando el pecho todo lo que quieras hacerte es un problema, surge la duda de si depilación láser y lactancia materna son compatibles.

En el tiempo en el que estuve informándome no encontré ningún centro que no estuviera en contra de hacer el tratamiento de depilación láser mientras estuvieras lactando. Algunos centros se niegan en redondo y otros, no sé muy bien con qué argumento, te dicen que sí se puede hacer pero no en la zona próxima al pecho, es decir, que axilas nada.

Lo cierto es que estamos, como siempre, ante un nuevo mito. Depilación láser y lactancia materna son perfectamente compatibles y os cuento por qué.

La razón que suelen dar con más frecuencia para negarse es que cuando estás dando el pecho tienes las hormonas revolucionadas y eso influye en el vello. Pero las hormonas que intervienen en la lactancia y en general en todo el proceso reproductivo femenino (estrógeno, prolactina, oxitocina, progesterona) no tienen nada que ver con las hormonas (andrógenos) que producen el crecimiento del vello corporal.

Pero es que, además, el láser no alcanza la glándula mamaria en ningún caso. Su penetración en la piel es mínima, apenas unos 2 mm. No puede afectar en ningún caso a la glándula y por supuesto no se van “excretar” los rayos láser por leche materna (por si a alguien se le había ocurrido tan pintoresca idea).

Eso sí, tenéis que tener en cuenta que durante el embarazo, por efecto de los altos niveles de progesterona, el pelo entra en estado de reposo y luce más fuerte y denso. Este estado, perfectamente natural, vuelve a la normalidad unos seis meses después del parto. Obviamente si nos hacemos el láser durante ese periodo estaremos depilando “un extra” que de todas formas se iba a caer. El matiz es importante porque esto no es un problema de incompatibilidad, en todo caso sería problema nuestro decidir malgastar el dinero depilando un vello que se iba a caer de todas maneras.

Por desgracia, los índices de lactancia materna en España, como en tantos otros países, están por los suelos. El desconocimiento es altísimo (y entiendo que hasta normal en un centro de depilación láser, por mucho que haya control médico) y tampoco les preocupa ya que como apenas nadie da el pecho, el porcentaje de clientes que se pierden es mínimo.

Ocurre como con los medicamentos, si atendiéramos al prospecto, una mamá lactante no podría tomar nada por si acaso. Si das el pecho durante varios años, como es mi caso, ¡parecería que no pudieras ni salir de casa!

Afortunadamente hoy día tenemos páginas como eLactancia, una página elaborada por médicos bien formados donde podemos informarnos de la compatibilidad de casi cualquier cosa con la lactancia materna (y encontrar alternativas en los raros casos en los que no es compatible o existen opciones mejores). Por cierto, de eLactancia os dejo el enlace donde se refieren a la compatibilidad de la lactancia materna con cualquier método de depilación.

En mi caso, como sabéis, tras más de tres años la lactancia materna está casi llegando a su fin. Pero para las que tengáis bebés que lactan abundante y frecuentemente, que lo tengáis claro: la depilación láser y la lactancia materna son perfectamente compatibles.

PD. ¿Os interesa que os vaya contando qué tal me va? Estoy ilusionada aunque como escéptica que soy tengo mis reservas.

¿Cómo “preparar” a los niños para las cosas malas de la vida?

Preparar a los niños para las cosas malas de la vida

Una de las dificultades que nos encontramos como padres, especialmente cuando los niños van creciendo, es afrontar la realidad de que a lo largo de una vida a veces suceden acontecimientos difíciles y nuestros hijos los van a sufrir. A menudo me pregunto cómo “preparar” a los niños para las cosas malas de la vida.

Porque uno quisiera que nunca llegaran esas cosas malas, o que llegaran lo más tarde posible, pero son acontecimientos que escapan a nuestro control. Por ejemplo, en el mes de junio hemos estado de nuevo a punto de perder a nuestro gatito negro, el que justo un año antes fue operado a vida o muerte por haberse tragado un hilo. Es una circunstancia muy dura porque además de tu propio sufrimiento tienes al animal agonizando ante la vista de tus hijos y sabes que en cualquier momento puede sobrevenir la muerte, por lo que tienes que actuar con entereza, responder a sus preguntas y obviamente quieres hacerlo lo mejor posible.

Nosotros hemos optado por:

- No mentir. Entiendo que una de las formas más clásicas de proteger a los niños sea modificar la realidad, pero es que a veces se modifica tanto que directamente la convertimos en una mentira. Creo que no ganamos nada escondiendo algo que finalmente van a descubrir por ellos mismos. La confianza, desde mi punto de vista, es uno de los pilares en la relación de padres e hijos y las mentiras las van minando.

- No dar más información de la que te piden. Decir toda la verdad y no recurrir a la mentira podría ser muy crudo en determinados momentos. Pero lo cierto es que cuando los niños hacen preguntas no suelen necesitar tanta información como nosotros pensamos desde nuestra perspectiva de adultos. Es preferible dosificar la información de tal modo que si van necesitando saber más sean ellos los que nos vayan preguntando. Así evitamos meternos en terrenos farragosos de los que luego es difícil salir sin tener que mentir.

- Hablar todo lo que haga falta, todos los días que haga falta. Los niños, como los adultos, a veces están varios días rumiando una idea. Puede que nosotros queramos zanjar la cuestión cuanto antes porque es algo que nos duele o que nos pone en una situación tensa ya que no sabemos muy bien cómo salir del paso pero eso ellos lo notan. Lo mejor es actuar con naturalidad y si necesitan hablarlo cuando se les venga a la cabeza, cuando les surjan nuevas preguntas, es preferible hablarlo y no intentar evitar la conversación.

- Reconocer que no tenemos todas las respuestas. Parece que un adulto debe saberlo siempre todo, pero no es cierto. Hay cosas de la vida que son inexplicables o que teniendo explicación nosotros la desconocemos. Yo prefiero decir que no lo se e invitarles a buscarlo en Internet todos juntos o si es algo emocional que afecta a otras personas explicarles qué a veces las personas tenemos diferentes puntos de vista, que yo puedo tener mi opinión pero que quizá la otra persona tenga otra.

¿Cómo hacéis vosotros? ¿Cómo pensáis que podemos “preparar” a los niños para las cosas malas de la vida?

Foto | Mario Antonio Pena Zapatería en Flickr CC

La lactancia materna no se acaba… pero casi

Lactancia prolongada

Tras una primera prueba de un par de días que salió mejor que bien, los niños han pasado una semana en casa de los otros abuelos. Una semana entera sin nosotros y, por supuesto, una semana entera que Bebé ha pasado sin tomar tetita.

El reencuentro fue… No sé cómo definirlo. Quizá agridulce sea un buen adjetivo. Al igual que tras la primera experiencia tardó varias horas una vez que nos reencontramos en volver a pedirme tetita, en este caso tras el abrazo inicial fue lo primero que me pidió. Para mi fue un momento extraño porque después de una semana entera sin dar el pecho mi cuerpo y mi mente habían pasado página casi por completo y no me lo esperaba. Para ser sinceros, ni me lo esperaba ni me apetecía. Es más, me subió una sensación tan extraña y desagradable en ese momento que me acordé de la agitación del amamantamiento que me consta que otras mamás han pasado y le tuve que decir que no. También contra todo pronóstico, pues él es súper razonable, no encajó nada bien mi negativa y se echó a llorar. Fue un momento muy confuso.

Me temí un nuevo periodo de súper enganche y adicción tetil. Que para él hubiera sido estupendo, no cabe duda, pero que en mi caso me sentía con pocos ánimos de afrontar. Ha sido la primera vez en estos más de tres años en los que valoré la opción de acelerar el destete. En mi cabeza nunca había cabido para nosotros otra cosa distinta al destete natural pero solamente pensar en volver a estar enganchados todo el día… me sentía incapaz.

Sin embargo, nuevamente me he equivocado. Tras ese primer encuentro inicial en el que nuestras necesidades chocaron, lo cierto es que Bebé apenas está pidiendo tetita. Hemos pasado de varios chupitos diarios a 2-3 como mucho. Y de chupitos de 5-6 segundos a mini-chupitos de 1-2 segundos. A veces, incluso, es solamente como un beso: pone la boca y no hace nada más, como si hubiera olvidado cómo se hace.

Incluso lo he notado en cómo se duerme. Ya hacía mucho tiempo que podía dormir perfectamente sin tomar pecho pero es que ahora incluso hay días que prefiere que le acompañe su padre a la hora de acostarse.

No soy capaz de hacer una predicción. Es evidentemente que tras una semana separados ha habido un bajón considerable en su necesidad de lactancia, algo que por otra parte encuentro bastante lógico. No parece que vaya a haber un repunte pero sí que es posible que nos mantengamos con esta lactancia testimonial durante mucho tiempo. O quizá cuando en septiembre empiece el cole termine por olvidar por completo esos escasísimos chupitos que aún pide.

No sé si a esto que tenemos ahora se le puede llamar lactancia pero algo es. Así que no puedo decir que la lactancia se haya terminado… pero casi.

¿Habéis pasado por una situación similar? No es fácil encontrar mamás con lactancias “tan” prolongadas; si tenéis experiencias que compartir me vendría fenomenal hablarlo con alguien que pudiera comprenderme.

Foto | Mothering Touch en Flickr CC