Siempre he sido de tensión baja. Normalmente tengo 9-6, incluso 8-5. De toda la vida he sido propensa a mareos y bajadas de tensión, así que no es de extrañar que durante todo el embarazo tuviera este problema.
En mi ranking de achaques del embarazo, después del asma, se encuentra la tensión baja.
Que yo sepa, tener la tensión baja no es un problema para el embarazo, como sí podría serlo la tensión alta. Los médicos dicen que es, simplemente, “algo molesto”.
Yo diría que es algo más que molesto. La sensación que te produce tener la tensión por los suelos es de cansancio, sueño, malestar general, visión borrosa y nauseas.
En mi caso, a partir de la semana 24 empecé a notar un problema asociado: no podía estar ni sentada ni tumbada boca arriba. La presión del niño me cortaba la circulación y me caía la tensión en segundos. Esto le pasa a todas las embarazadas, pero la gran mayoría no lo notan porque parten de una tensión normal.
Lo pasé francamente mal. Hasta que no noté signos de encajamiento (sobre la semana 32) y, por tanto, menor presión, tenía que estar siempre de pie o tumbada de lado. Así que comer, comía de pie, paseándome por el pasillo con el plato en la mano. No hablemos de montar en coche: tenía que echar el asiento para atrás, casi tumbado, y ponerme de lado.
Cuando me fui a hacer la ecografía 4D, con 27 semanas, me puse boca arriba como me indicó la doctora. Me empecé a encontrar fatal, pero no quería decir nada porque no quería interrumpir la ecografía. En cuestión de segundos noté que ya no podía ni articular palabra, menos mal que me lo notó la ecografista y entre mi madre y ella me pusieron de lado, porque yo tenía ya la mirada perdida (palabras textuales de mi madre) y no podía ni moverme.
Uno de mis miedos era tumbarme en la camilla el día del parto, consciente de que si me tumbaba boca arriba no iba a durar ni 40 segundos sin desmayarme. El anestesista me advirtió de que al ponerme la epidural era frecuente una bajada de tensión, con gran malestar y vómitos, pero que no me preocupara, que enseguida se me pasaría. Efectivamente, en cuanto me puso la anestesia me encontré muy mal y en el monitor de la tensión llegué a ver 6-4. Afortunadamente, como bien dijo, fueron sólo unos minutos (para mi fueron minutos, pero quizá sólo fueron segundos): me puso algo en la vía y pronto tuve una tensión más que buena, 12-8.
He seguido teniendo mareos en el postparto, especialmente durante los dos primeros meses. A partir de ahí las hormonas se han debido ir diluyendo, sobre todo a partir de la primera regla, y ahora tengo la tensión y los mareos que he tenido siempre, mucho más llevadero.
Para que luego me vengan con frases tipo: “el embarazo es la mejor etapa en la vida de una mujer”. Grrr!.