Cuando estás embarazada cuentas con que te van a hacer muchos regalos. Bueno, en realidad no a ti, sino al niño, pero como el niño no puede elegir, es como si se los hicieran a los padres. Hay muchas formas de enfocar el tema, dependiendo del tipo de familia y la relación que tengamos con ella.

Para nosotros, que no nos sobra el dinero, el enfoque más apropiado era el de “te echo una mano”, que significa que la gente te compra cosas útiles y que necesitas, consultándote primero. En principio, con esta fórmula evitas la acumulación de cosas inútiles, o tener que cambiar regalos, o que te regalen ropa que no te gusta y luego a ver cómo haces para decir que no te ha gustado nada. Como digo, en principio, parece una buena opción. 
Peeeero (¡siempre tengo un pero!), todo depende de cómo se hagan las cosas. Para mi, hay un matiz entre que me regalen algo práctico, que necesito, consultándome a mi primero, y que me den dinero para que haga yo lo que quiera con él. Os cuento nuestro caso para explicarme mejor: mi familia política decidió que querían colaborar en el ajuar del niño, comprándonos cosas como la hamaca, el cambiador, el móvil de cuna, etc. Hasta ahí, todo bien. Me pidieron que elaborara una lista con las cosas que quería, indicando modelo y precio. Ahí ya la cosa me empezó a gustar menos, porque el modelo “subasta” me parecería un poco embarazoso. Una cosa es sugerir y otra exigir pero como se empeñaron, lo hice.
Llegó el día de leerles la lista. Yo pensaba que cada cual iba a escoger una cosa y la iba a comprar por su cuenta, eligiendo lo que le pareciera mejor y luego nos lo iban a dar. Por eso en mi lista había varias sugerencias de cada cosa. Pero no, no, porque eso hubiera requerido el esfuerzo de ir de tiendas, comparar modelos, ponerse en nuestro lugar…Así que lo que hicieron fue darnos el dinero que estimamos que costaba cada cosa y punto. De ese modo, ya habían cumplido.
Quedé muy decepcionada. De familia lejana pienso que puedes esperar cualquier cosa, pero de familia cercana a mi marido esperaba otra cosa. Esperaba algo de ilusión, de iniciativa. Pensaba que les apetecía irse de tiendas a comprarle algo a mi hijo, con todas las ganas de comprar algo bonito, que le fuera a gustar, que le fuera a dar utilidad. Y lo que me encontré es con un montón de gente a la que le pesaba el culo y que no querían complicarse la vida, nos daban el dinero y a otra cosa, mariposa.
Direis que menos es nada, y ciertamente es así. Desde luego, nadie está en la obligación de regalar nada. Pero me sentí muy decepcionada porque para mi fue la constatación de que el nacimiento de mi hijo, el primer bebé de la familia, se la traía al pairo.
Luego, de quien menos te lo esperas, de gente más lejana y/o con pocas posibilidades económicas, te encuentras con que te hacen un regalo con todo su cariño, que han ido a una tienda a elegirlo, que lo han envuelto, que te lo traen a tu casa…y a mi casi me daban ganas de llorar de la emoción, de ver que alguien se había acordado de mi hijo cuando no tenía ninguna obligación de hacerlo.

Es el caso de una vecina de mi abuela, una chica joven que también estaba embarazada, que le compró una mochilita de productos Johnson’s a mi hijo, cuando sólo conoce a mi abuela de encontrársela por el barrio y en el Ahorra Más.

Tengo que añadir que mi cuñada ahora está embarazada (si la envidia fuera tiña…) y yo ni siquiera he preguntado por el tema. A pesar de que no tengo una gran relación con ella, nunca le haría a alguien lo que no quiero para mi, y no entra dentro de mis planes pactar un regalo. Debo aclarar que mi cuñada tiene una posición económica muy holgada y no necesita que nadie la ayude a comprar las cosas, por lo que por mi propia cuenta compraré algo que me parezca práctico y bonito, sobre todo pensando en el niño, quien, para bien o para mal, será primo de mi hijo.
Así es la vida, ¿verdad?. En situaciones como estas es cuando me doy cuenta de cómo son las personas que tengo cerca, cuáles son sus sentimientos y qué se puede esperar de ellas.