Quizá recordaréis que hace tiempo comenté que estaba meditando someterme a una cirugía este año. Una decisión que llevaba arrastrando años porque mi calidad de vida estaba cada más deteriorada pero mi miedo a pasar por quirófano era proporcional.

Pues bien, aquella intervención de la que os hablaba era una rinoplastia funcional y estética.

Me sometí a ella hace algo más de seis meses y hoy quería explicaros cómo fue todo.

 

¿Qué es una rinoplastia funcional?

La rinoplastia funcional es la cirugía de la nariz dirigida a mejorar la respiración.

En mi caso, yo tenía el tabique nasal desviado de modo que por el orificio nasal derecho apenas podía respirar. Derivado de esto tenía hipertrofia de los cornetes. Y unos pequeños pólipos. En fin, tenía de todo.

Aunque no puedo asegurar cuándo empecé con estos problemas, yo diría que desde siempre. Ya recuerdo tener problemas para respirar por la nariz cuando era niña.

Sea como sea, con el paso de los años cada vez estaba peor. La cantidad de aire que podía inhalar por la nariz era muy inferior a la que necesitaba, por lo que siempre estaba respirando por la boca, me costaba caminar rápido, hablar al mismo tiempo que caminaba u otras actividades que la gente hace con normalidad.

Hay que sumarle, en mi caso, una rinitis crónica, mi asma intrínseco y los varios factores de alergia ambiental que de vez en cuando fastidiaban.

Para mi era normal gastar un paquete de pañuelos diario, muchos días más. Siempre con mocos, siempre con la nariz obstruida, siempre boqueando como un pez para poder tomar aire, siempre molesta al acostarme en la cama.

En definitiva, yo tenía ese tipo de molestia venida a más con la que quizá podrías convivir toda la vida pero asumiendo que la pérdida de calidad de vida era importante e iba en aumento.

 

Rinoplastia estética: ¿en qué se diferencia de la funcional?

Algo que aprendí cuando empecé a informarme del tema es que rinoplastia funcional y estética son cirugías distintas.

A pesar de tener el tabique nasal desviado, desde fuera no se apreciaba.

La cirugía funcional arregla los desperfectos que tu nariz tenga pero de manera inapreciable por fuera.

Al revés ocurre igual, aunque se arregle estéticamente una nariz, si ésta tiene problemas funcionales, no se van a solucionar con ese tipo de cirugía.

En mi caso, además del problema funcional, tenía una cuestión estética evidente. Con evidente quiero decir que no eran obsesiones mías. Objetivamente tenía una nariz grande para mi cuerpo tan pequeño y con varias deformaciones. De frente no se apreciaba en exceso pero de perfil era muy obvio.

Aunque no puedo decir que tuviera un enorme complejo en mis primeros años de vida, con el tiempo sí se había convertido en una tara que me acompañaba a todas partes. No me sentía cómoda llevando coleta, trataba de evitar siempre el perfil, me escondía de las fotos… Los años no sólo no me dieron seguridad en ese aspecto sino que cada vez era más consciente de que tenía algo bien feo en la zona más visible de todo mi cuerpo.

 

Mis miedos a someterme a una cirugía de la nariz

Siempre he dicho que desde que tengo hijos he conocido lo que es el miedo de verdad.

Someterme a una cirugía, por importante que fuera para mi, era una decisión que me costaba mucho trabajo tomar teniendo dos hijos. ¿Y si me pasaba algo? ¿No sería mejor aguantarme y así no ponerme en riesgo?

Por otro lado, una cirugía en la cara me parecían palabras mayores. No sólo por el postoperatorio, que daba miedo, sino por las posibles consecuencias. ¿Y si quedo mal? ¿Y si después de todo respiro aún peor? ¿Y si la nariz me queda mucho más fea de lo que la tenía? Porque un desastre en otro sitio quizá se pueda esconder pero en la nariz…

Sea como fuere, a finales de 2016 tomé la decisión de que así no podía seguir. Era joven para condenarme a una vida respirando mal y más aún sabiendo que tenía solución. Hablé con personas que habían pasado por intervenciones similares y todas coincidían en lo mucho que les había cambiado la vida. Por eso a principios de 2017 pasé por quirófano.

 

El postoperatorio de una rinoplastia

Aunque la zona parece increíblemente delicada, lo cierto es que la rinoplastia es una intervención muy bestia pero no es muy dolorosa.

Cuando salí del quirófano tras unas tres horas de cirugía, lo que más me dolía era la garganta (por la intubación) y los dientes superiores.

Dolor intenso tuve a las 24 horas de la intervención, tal como me habían avisado, pero pasarlo mal mal fueron apenas unas horas. Nada insoportable, sobre todo si has pasado por una cesárea y sabes lo que es el dolor de verdad 😉

Si todo va bien lo normal es que te den el alta antes de que hayas pasado un día en el hospital.

A casa te vas con una férula en la nariz y unas esponjas rellenando los orificios nasales. En mi caso, dentro de cada orificio llevaba un pequeño tubito para permitirte respirar (más o menos). Esta parte a mi me daba terror pero finalmente no fue para tanto. Por los tubitos se puede respirar decentemente y además hay que tener en cuenta que cuando te operas se supone que respiras mal, es decir, que tampoco vas a notar una diferencia muy grande entre cómo respirabas antes o después.

La sensación física es desagradable. Apenas puedes mover la cabeza sin marearte, por supuesto nada de agacharte, y sientes una presión enorme en el cráneo. Pero, como digo, no es un postoperatorio doloroso y puedes hacer una vida más o menos normal.

A las 48 horas de la intervención te quitan las esponjas. Un momento brutal, sin duda, de esos que no se olvidan…

Y a partir de ahí llegan unos mocos como en tu vida. En mi experiencia, los peores días son los que 3-4 que sobrevienen al momento de quitarte las esponjas. La reacción del cuerpo es generar unos mocos de ciencia ficción, que además tienes prohibido sonar o sorber. Son días en los que apenas puedes hablar ni respirar ni comer.

Sinceramente, creo que la rinoplastia es una cirugía con un postoperatorio en el que es necesario tener la cabeza muy fría. Si tienes ansiedad, como es mi caso, tienes que ir muy metalizado de lo que vas a pasar, saber hacer ejercicios de relajación y enfocarte en pensamientos positivos. Entiendo que haya gente que haya tenido que pasar este postoperatorio con medicación para los nervios porque son unos días realmente angustiosos.

Pero al final todo pasa. Cuando llevas una semana operada empiezas a ver la luz. Los mocos van remitiendo, la sensación de presión también, seguramente te quitan la férula y te quedas sólo con unas tiras compresivas… Poco a poco vas retomando la normalidad y como no es excesiva la hinchazón ni el moratón de la cara, puedes salir y hacer tu vida. Poca gente apreciará que te has operado.

En mi caso, yo no me noté bien de la respiración hasta unos dos meses después. Con esto me refiero a dejar de tener mocos y respirar súper bien por ambos orificios. La cicatriz que tenía por dentro del conducto hacia el que tenía desviado el tabique era realmente grande y me obstruía la vía. Pero poquito a poco ha ido a menos, dejando percibir los resultados.

No estoy segura de si alguna vez volveré a recuperar la sensibilidad total de esa zona, especialmente en la punta de la nariz. Aunque el hueso ya no me duele, la punta sigo sin poder tocarla mucho. Me sueno con cuidado, tengo que tener precaución cuando me quito y me pongo la ropa e incluso cuando me maquillo, me desmaquillo o me lavo la cara. Sospecho que se me quedará con una sensibilidad parecida a la cicatriz de la cesárea. Ya veremos.

En cuanto a la operación estética, dicen que los resultados no se ven hasta el año. Sea como sea, el cambio que ya he dado es impresionante. Es cierto que aún me queda una pequeña bolita de inflamación, que espero que se termine por ir yendo sola (si no, ya me ha dicho mi otorrino que se le puede ayudar con un pinchazo).

 

Seis meses después de una rinoplastia: así es como estoy

Lo único que puedo decir seis meses después es que ojalá me hubiera operado antes.

Pasé una temporada que no dejaba de alucinarme la cantidad de aire que me entraba por la nariz. Me resultaba hasta doloroso que de pronto me entrara un caudal semejante.

Todavía ahora cuando salgo a andar-casi-correr no dejo de pensar en lo maravilloso que es no tener que ir a todas partes con la boca abierta.

Puedo dormir con normalidad, ducharme con normalidad, estoy mejor del asma, tengo menos mocos, ya no gasto apenas pañuelos

Me ha cambiado la vida completamente.

Por supuesto, el cambio estético ha sido grande también. Los primeros meses pasaba por los espejos y daba un respingo, ¡no me lo podía creer!

Mi otorrino y yo teníamos claro que el retoque iba a limitarse a mejorar lo feo, no a ponerme una nariz nueva y que no pegara con mi cara. Por tanto, sigue siendo mi nariz, una nariz tirando a grande, pero completamente recta y proporcionada. Sigo siendo yo pero con una nariz normal.

 

En definitiva, si tienes problemas para respirar, o no estás acomplejad@ por la forma de tu nariz, o tal vez ambas cosas, yo te animo a que te sometas a una rinoplastia. Es verdad que da miedo pero los resultados merecen muchísimo la pena.

Foto | mliu92 en Flick CC