Si ya durante el mes de agosto tenía la sensación de estar terminando una etapa y abriendo otra, la sensación que tengo ahora es aún más fuerte. Una etapa laboral cerrada al tiempo que muchos proyectos personales tomando forma, mi hijo a puntito de cumplir su primer año, los primeros días de guardería… ¡son muchas cosas!.
Aunque mis planes para septiembre han cambiado porque la perspectiva económica es otra y porque ahora no tengo que darme prisa en hacerlo todo en este mes puesto que ya no me reincorporo a ningún sitio, tengo la sensación de estar protagonizando un anuncio de Ikea, en plan “redecora tu vida”.
No hago más que darle vueltas al coco, me surgen ideas, me planteo otras que ya tenía en la cabeza desde hace tiempo, incluso voy haciendo acopio de valor, por si me hace falta en un futuro.
Y, en el plano más inmediato, me ha dado la fiebre de ocuparme de la casa. No soy nada obsesiva con la limpieza, pero sí con el orden, no lo soporto. Considerando que desde que me quedé embarazada la casa ha ido resistiendo como buenamente ha podido, limpiando y recogiendo sólo lo más inmediato, el hecho de tener a mi hijo en la guarde 6 horas diarias ha espoleado mi vena ama de casa. En esta semana ya me ha dado tiempo a ordenar mi lado del armario y descartar una bolsa de la basura entera de ropa que no me pongo desde hace siglos. Lo mismo con el armario del baño, repleto de potingues completamente olvidados. Le seguirán, no sé en qué orden, la estantería del baño (que está en las mismas condiciones en que estaba el armario del lavabo, es decir, repleta), el armario de los abrigos, el zapatero, todos los archivos y programas inútiles que tengo en el ordenador…. ¡No va a quedar títere con cabeza!.
Por eso digo que estoy en plan Ikea, arreglando mi casa, redecorando mi vida y mi mente, tirando todo lo viejo, dejando atrás todo lo que no me gusta, porque este otoño lo quiero todo a mi gusto, nuevo, limpio,  útil, reluciente y bien colocadito.