Dos amigas me han pedido que hablara de qué me parece la reaparición de Paz Vega en un sarao nocturno apenas tres semanas después de haber dado a luz a su tercer hijo. Cuando me lo comentó la primera yo ni siquiera estaba al tanto de la vida de esta mujer (que no me cae nada bien, todo hay que decirlo) y pensé que no me apetecía nada hacer este comentario. Pero cuando una segunda amiga me vino con lo mismo, ¡cómo decirles que no!. ¡Si es que saben cómo picarme!.
Pongo foto de la susodicha en este evento, para que se sepa de qué estoy hablando.

De su aspecto físico no tengo nada que decir. Es evidente que está muy delgada; aunque yo también estaba flaquita antes de dar a luz, nunca tuve las piernas y los brazos tan delgados. Y si tiene o no un problema de salud o se somete a dietas que se lo puedan provocar, es su problema. Mientras se trate de su salud, que haga lo que le de la gana. 
A mi lo que realmente me molesta de este tipo de cosas es el tufillo machista que desprenden. Tengo la sensación desde hace tiempo de que de estas mujeres famosas y, por ende, de todas las demás mortales, lo único que se espera es que estemos buenísimas, siempre perfectas y, lo que es más importante, deseosas de aparearnos desaforadamente. Eso sí, de aparearnos sin bombo de por medio, porque los bombos y lo que viene después lo estropean todo y restan mucho glamour.
Si esto no fuera así, si la maternidad no estuviera mal vista, esta chica no posaría con cara de estar al borde del orgasmo. Una pose y una expresión facial que me resultan absolutamente ridículas, lo siento por ella. Probablemente a los tíos les encante, a mi me parece bastante triste que esta mujer (y otras muchas de su ámbito) tengan que estar 24 horas al día dando esta imagen, incluso si están, como quien dice, recién paridas. Supongo que unas imágenes suyas caseras, con una ropa normal, un maquillaje normal, cuidando de sus tres hijos en un día cualquiera no venderían tanto. La maternidad no vende, el sexo sí.
Con respecto a cómo nos deja a las demás, a las que creemos que una mujer tiene derecho a entregarse a su maternidad sin que nadie le exija parir al niño y reincorporarse al mundo laboral y al circuito sexual  deprisa y corriendo como si no hubiera pasado nada, está claro que me horroriza. Existe una verdadera obsesión en los medios, que cada vez está calando más entre muchas madres, de que nada más parir hay que hacer vida normal como si todo fuera como antes. No se me olvida el espantoso ejemplo de la ministra Chacón, que bien que paseó su embarazo entre las tropas pero luego perdió el culo para volver a su puesto y demostrar a esta sociedad tan machista que si ella podía renunciar a gran parte de su baja de maternidad, las demás también podemos y, si no lo hacemos, ¡es porque no queremos!.
Siempre he pensado que esta sociedad centrada en el hombre no cambiará hasta que no lo hagan las mujeres. De nada sirve todas estas cosas que hablamos por aquí si desde la vida pública se están dando contínuamente ejemplos de formas de crianza obsoletas, perjudiciales para los bebés (¡y las madres!) y completamente machistas. Se nos olvida que la igualdad no consiste en tratar a todos por igual; la igualdad consiste en tratar a los iguales como iguales y a los desiguales como desiguales. Mientras sigamos empeñándonos en que las mujeres se comporten como machos, mal vamos. No esperemos así mejores bajas de maternidad o permisos de paternidad, ni ayudas a la familia, ni ningún estímulo que fomente la natalidad. El sistema machista-capitalista no va por ahí, no, se conduce únicamente a través del consumo excesivo e innecesario y la sensación casi-sexual que debe producirnos. No hay más que ver que hasta para anunciar un yogur  (bajo en calorias, claro) contratan a esta misma señora para que ponga esa cara de sí, sí, dame más, ahí, ahiiiií que tan bien sabe poner mientras lame una cuchara y susurra ¿sabes lo que me deja… satisfecha?. ¡Sin palabras me quedo!.
Amigas mías, no me mandeis más fotos de estas, ¡que me pongo de mala leche y me sale la vena anti-sistema y luego no hay quien me aguante!.
Por cierto, acabo de recordar que en enero escribí sobre Heidi Klum. Lo dicho entonces es aplicable ahora, parecen todas fabricadas en serie.