Lejos quedaron esos meses en que yo pensaba, ¿pero a este niño no le va a crecer nunca el pie?. ¡Anda que no he pasado dificultades para encontrar calzado adecuado para su talla!.

Pues poco a poco ha ido poniéndose al día y este verano ha experimentado un crecimiento increíble: dos tallas en apenas ¿tres meses?. ¡Verlo para creerlo!.

Empezamos el veranito con una talla 20, que le duró, más o menos, hasta principios de julio. Llevaba con esa talla todo el invierno, muchos meses. Pero a partir de ahí, comencé a notar que el dedo se le iba saliendo poco a poco de las sandalias hasta que en agosto era tan evidente que tuve que dejar de ponérselas y pasar a unas zapatillas de lona talla 21. Bueno, pues esa talla ha durado… ni un mes. Cuando en septiembre le hemos comprado varios zapatos ya de cara al otoño nos hemos encontrado con que su talla es ya un 22. Visto y no visto.

Así que… un problema menos. Esta talla sí se encuentra fácilmente y en variedad de modelos. Eso sí, sus pies siguen siendo gorditos gorditos, de auténtico bebé, pero ya empiezan a tener un tamaño razonable, que andaba yo preguntándome cómo podía sostenerse con unos piececillos tan chiquitines.