La semana pasada, tras la sesión con M., estuvimos comentando algo que creo que es evidente: que el niño está muy bien y que dentro de poco no requerirá ningún apoyo adicional.

No tengo prisa porque ese día llegue. Creo que aún hay cosas por pulir y que el día que tenga el alta debe ser porque todas las preocupaciones se hayan disipado. Hoy por hoy, aunque se esté trabajando en varios objetivos, el mío personal es que el nene termine de desenmarañar su lenguaje, que empiece a construir frases por si solo y abandone el farfulleo. Como siempre he pensado, esto le puede ayudar muchísimo en todas las áreas de su desarrollo y, de hecho, no hay más que ver lo feliz que está ahora y el buen humor que suele tener todos los días, nada que ver con cómo se encontraba hace a principios de año. Luego hay otras cosas que sería estupendo que mejoraran, como lo mal que lleva cambiar de tarea y hacer cosas que no quiere hacer, pero entiendo que en gran medida se deben a su propio carácter y no a algo que sea patológico.

Sé que si ahora le llevara a cualquier sitio para que le evaluaran me dirían que no observan nada y que no requiere tratamiento. Cuando vamos por la calle, cuando estamos con otros niños, ya no noto que haya cosas diferentes, ya no me pongo tensa porque su comportamiento no sea el normal. Es algo estupendo. Una alegría enorme y una gran tranquilidad.

Nos quedaremos sin saber el por qué de todo esto… pero la verdad es que ahora mismo no pienso en ello. Sucedió, ahora está mucho mejor, pues eso es lo que importa.