Supongo que esto le va a sonar a mucha gente: el niño no quiere andar por la calle, sólo quiere ir en brazos.

Hay dos escenarios posibles: en el parque, jugando, y por la calle, cuando hay que ir a algún sitio. En el parque puede estar corriendo, andando, trepando y dándole pataditas a una pelota durante horas. No hay cansancio, no para ni un segundo, sube y baja como si nada, no pone pegas. Pero cuando hay que ir a algún sitio… como las mulas, se clava en el suelo y no hay forma de moverle de ahí. Echa los brazos, mira hacia arriba y empieza “upa, upa, upa“.

Es verdad que, a estas alturas, depende mucho de quiénes vayamos. Cuando salimos él y yo solos no hay mucho lugar para la protesta. Es verdad que yo hace ya mucho que desistí de ir aunque fuera a comprar el pan sin la silla porque al final terminaba cargando con él y yo no puedo con ese peso. Conmigo ya sabe que si no quiere andar lo que tiene que hacer es sentarse en el carro; tanto es así que se sube y se baja él solito y la mayoría de las veces obedece a la primera cuando le pido que se suba. ¡Con lo que me gusta a mi llevar al nene de la mano y las poquitas veces que eso pasa!

Cuando está su padre es otra historia. Muchos días según salimos del portal ya le está pidiendo brazos. Da igual que le digas que vamos al coche, que está a diez metros, si empezamos a andar se le coloca delante para impedirle el paso y que no tenga más remedio que cogerle.

Con los abuelos mejor no digo nada, él ya sabe que el carro ni lo va a oler, es ver al abuelo y lo primero que quiere es que le suban y pasear así todo el rato que sea menester.

Yo le comprendo, en brazos se está estupendamente y la visión es mucho mejor. De hecho, si pesara menos no me importaría pero es que ir con él por la calle todo el rato así, que incluso se baja de la silla para que le lleves aupa, es un auténtico rollo. Hay sitios donde no me apetece ir porque sé que vamos a ir tooooodo el camino igual y es un palizón. Hacer turismo, por ejemplo, me parece impensable.

Ya sé que es una etapa, que terminará pasando como todas… ¡pero hay que pasarla!.

La mejor solución: una mochila portabebés. Bebé contento, peso bien repartido, madre con manos libres… Así cualquier etapa de crisis se pasa mucho mejor. Llevar a un niño aúpa es infernal, pero en una mochila ergonómica la cosa cambia.