Casi sin darnos cuenta estamos terminando mayo y eso significa que otro curso escolar llega a su fin. El segundo del Peque y ya el quinto año de escolarización de Mayor. El tiempo vuela, papis.

No sé si os pasará a otras familias pero a mi cuando acaba el curso escolar me da por reflexionar mucho, no sólo del curso, sino acerca de todo lo vivido y de lo que está por venir. Sin duda alguna, la vida de los padres cambia cuando los niños empiezan a ir al cole y no sólo por el cambio en la organización familiar sino por los nuevos retos emocionales a los que se enfrentan los peques y los progenitores.

Me preguntáis mucho por la escolarización de los niños con tres años. Y no me extraña porque yo también tuve muchísimas dudas. Ya sabéis que la escolarización no es obligatoria hasta los 6 años. También sabéis que nosotros no llevamos a los niños a la guardería ni teníamos una necesidad imperiosa de escolarizarlos, de modo que la duda era real: ¿escolarizar a los niños con tres años? ¿sí o no?

En este post os voy a contar mi experiencia con mis dos hijos, con la intención de que os sea de utilidad

 

La escolarización con tres años no es obligatoria

Cuando me preguntáis, lo primero que os digo siempre siempre siempre es que la escolarización con tres años no es obligatoria. Lo parece pero no lo es.

Si un amplísimo porcentaje de niños van a la guardería, es también un hecho que el 99% de ellos estarán escolarizados al cumplir tres años. Si no llevar al niño a la guarde ya es una decisión contra corriente y a menudo conflictiva con el entorno, no digamos ya no llevar al niño al cole con tres años. Insisto: pareciera que es obligatorio, pero la decisión última la tienen los padres.

Lo segundo que os digo siempre es que si os estáis planteando esta duda es porque tenéis alternativas. Y eso es muy bueno porque significa que si dais el paso de escolarizar y por lo que sea no estáis contentos, siempre podéis dejar de ir al colegio. De hecho, esto supone que os lo podéis tomar todo de manera muy suave, muy relajada, valorando cada día si el niño está bien y quiere ir o no. Nadie os va a obligar a mantener al niño en el colegio a la fuerza y yo creo que esto es un gran descanso tanto para el peque como para los padres. Siempre podéis cambiar de opinión.

Dicho esto, desde mi experiencia personal en muchos más ámbitos que este, debo decir que tomar una decisión tan a contra corriente y taaaaaan visible es muy duro. Si tomáis la decisión de no escolarizar tenéis que estar preparados para los comentarios, que no sólo os harán a vosotros sino al propio niño. La gente no dudará en preguntarle una y otra vez al niño el motivo por el que no va al cole y de remarcarle lo mucho que se está perdiendo, al tiempo que hacen hincapié en lo irresponsable de vuestra decisión. No es nuestro caso, porque nosotros sí decidimos escolarizar, pero por dos casos muy cercanos sabemos que es así.

 

Mis motivos para escolarizar con tres años

Tras mucho meditarlo, nosotros sí decidimos escolarizar a los niños con tres años. Para ser exactos, Mayor ni siquiera los tenía cuando empezó, ya que es de octubre, y el Peque comenzó con tres años y cinco meses.

Como todo en la vida, sobre todo cuando se trata de decisiones tan difíciles, al final no hay una única razón sino un conjunto de ellas. Puesto todo en una balanza, terminamos declinándonos por el sí.

Si tengo que selecionar las tres razones más importantes por las que decidimos escolarizarles, serían estas:

 

1.- Mi propia incapacidad para ofrecerles más estímulo a partir de cierto nivel

Una de las cosas que creo es fundamental en la crianza es ser honesto con uno mismo. Yo a mis hijos les aporto muchas cosas, pero también tengo muchas limitaciones.

El homeschooling me atrae muchísimo pero no me veo capacitada en absoluto. Me falta la paciencia, me faltan los recursos, no soy buena explicando. Y tampoco soy al alegría de la huerta, no tengo tampoco un salero que digas es que dejo a los niños eclipsados. Ya me gustaría.

Desde el reconocimiento de mis propias limitaciones tenía claro que mis hijos empezaban a pedir cosas que yo no me veía capacitada para darles. Sin ánimo alguno de fardar de hijos (costumbre muy arraigada y que odio profundamente), la realidad es que mis hijos han sido siempre muy inquietos intelectualmente. Y yo no podía seguirles el ritmo, al menos no como yo quería. Para mi, lo más honesto era ponerles en manos de una persona preparada para hacer esa tarea mejor que yo.

 

2.- No querer someterles a una vida tan contra corriente

Muchas veces en el pequeñísimo círculo que tengo con otras mamás que estamos en la misma onda digo que mi capacidad para vivir contra corriente tiene un límite.

Con ambos niños han sido muchos los comentarios que hemos recibido acerca de por qué los niños no iban a la guardería. No sé si hemos tenido mala suerte, si son las características del barrio, del entorno, pero lo cierto es que los comentarios han sido muchos, pocos agradables, y demasiados con muy mala intención, no sólo dirigidos hacia nosotros los padres sino lanzados directamente contra los niños.

Habiendo tenido además una experiencia directa de familias que decidieron no escolarizar, me pareció que era mejor integrarse en la vida normal.

Aunque uno conserve su esencia contra corriente, ya que nuestras ideas y pensamientos son inalienables, creo que no hace falta vivir todo el tiempo dándose de cabezazos contra el sistema.

 

3.- Que la decisión era reversible

Lo que os decía antes, que nosotros no teníamos una necesidad real de llevarlos al colegio. De hecho, con el horario de jornada partida, casi diría que nos complicaba más la organización laboral diaria que otra cosa, de modo que ese no era un aspecto que nos hiciera decantarnos hacia un lado o hacia otro.

Lo bueno de no tener una necesidad real es que si la cosa salía mal, era tan fácil como dejar de ir.

 

Nuestra experiencia escolarizando a los niños con tres años

Una de las grandes preocupaciones que tiene la sociedad (nótese la ironía en mi expresión) es que los niños van a sufrir mucho si entran al cole sin haber pasado antes por la guardería.

Estoy SEGURA de que algunos que me lean pensarán que lo que voy a decir a continuación es mentira y simplemente lo digo para justificar mi decisión. Eso ya lo valoráis vosotros, que muchos lleváis leyéndome ya más de siete años 😉

Mis hijos se incorporaron muy muy bien al colegio. Ni una lágrima, ni un no quiero ir al cole, todo lo contrario. Mayor hasta quería ir los fines de semana y festivos.

Por mi experiencia, la de gente cercana y la observación de los compañeritos de mis hijos, os aseguro que el que la incorporación al cole sea fácil o no depende de muchíiiiiiisimos factores: el carácter del niño, el tipo de colegio, las formas del profesor o profesora, el horario, cómo se lo hayamos estado presentando nosotros, el nivel de maduración que tenga el niño, etc etc etc. Yo he visto llorar cada mañana durante muchos meses a niños que llevaban yendo a la guardería desde siempre y niños como mis hijos que entraban sin mirar atrás a pesar de ser su primera experiencia.

 

Lo mejor de la escolarización con esta edad

En nuestro caso, además, elegimos un colegio muy tradicional. Obviamente no por convencimiento, sino por falta de alternativas. Esto suponía un reto adicional porque implicaba no sólo pasar por el aro de escolarizar temprano sino además hacerlo en el típico colegio de fichas, castigos, deberes y demás.

Pues bien, a pesar de esto yo estoy contenta. Muy a pesar de que hay muchas cosas del colegio que yo cambiaría y que no comparto en absoluto, el balance con el corazón en la mano ha sido muy muy positivo. Principalmente porque mis hijos están muy felices y van corriendo cada mañana pero también porque veo que han aprendido muchísimas cosas y han conocido otras realidades, a menudo muy distintas a las que tienen en casa, pero que también es algo que les hace crecer.

Si os digo la verdad, creo que yo también he crecido un poquito. Porque escolarizar en un cole que no comparte mis ideas me ha permitido reforzarme en ellas y, al mismo tiempo, darme cuenta de que nada en la vida es blanco o negro. Hay cosas que en un principio no me gustaban que ahora ya no me disgustan tanto y he aprendido a extraer lo positivo de un sistema que, por mi parte, cambiaría de arriba a abajo.

De la elección del cole podemos hablar otro día pero os lo puedo resumir en una frase: desde mi punta de vista, el colegio perfecto no existe y si existiera yo no podría pagarlo.

Otro aspecto positivo de la escolarización, ya desde un punto de vista quizá más egoísta, la rutina del colegio, aunque sea con un horario tan difícil como el de la jornada partida, ha puesto orden a nuestra vida. Para una persona tan cuadriculada como yo, fue de agradecer. Aunque tengo momentos en que se me hace realmente pesado ir con prisas por la vida cuando yo voto por la crianza slow, lo cierto es que a menudo es una ayuda para centrarse, algo que siendo autónomo no siempre es sencillo.

 

Lo peor de la escolarización con tres años

Quizá lo peor de escolarizar, en general, sea que los niños están expuestos a cosas a las que tu no les expondrías. O no lo harías tan pronto.

Aunque mis hijos estaban muy socializados con miles de horas de parque y todo tipo de actividades a las que les hemos llevado (¡tranquilos los que se rasgaban las vestiduras por su no asistencia a la guardería!) lo cierto es que en el cole están mucho más expuestos y mucho menos controlados. Los compañeritos, obviamente, cada uno es de su padre y de su madre. Y los profesores igual, claro.

Pero a pesar de que algunas cosas cabreen mucho, como que el Peque lleve meses repitiendo a todas horas palabras muy feas que ha aprendido de ciertos compañeros de clase, yo creo que tiene su lado bueno. Cuando digo que no se puede vivir toda la vida contra corriente, lo digo muy en serio. Mis hijos tienen que saber que en casa somos de una determinada manera, que nos respetamos, que nos hablamos bien, que intentamos no perder los papeles, que nos queremos incondicionalmente. Pero también tienen que saber, por desgracia, que el mundo no siempre es así. Hay un mundo ahí fuera que lamentablemente es bastante hostil, donde no siempre les van a querer ni les van a respetar. Hay un mundo ahí fuera lleno de gente que no compartirá nuestros valores, que nos enseñará cosas feas que nosotros tendremos que aprender a gestionar. Y al menos sé que ellos podrán hacerlo acompañados por nosotros.

Creo que al final también sirve para enseñar que las cosas en la vida dependen mucho de cómo las enfoquemos. Y que en el colegio, en el trabajo, incluso con parte de nuestro entorno, puede que tengamos que adaptarnos, pero que luego en nuestra casa podemos vivir como queramos.

 

En resumen, a nosotros la escolarización a los tres años nos ha ido bien. Con sus cosas no tan buenas, creo que el balance ha sido muy positivo. Si tuviera otro hijo, tomaría la misma decisión.

Sé que me dejo muchas cosas por explicar, pero no quiero extenderme más, ¡sería larguísimo! Mi resumen es que si tenéis dudas, os recomiendo probar. Es una decisión reversible de modo que realmente no perdéis nada por darle una oportunidad. Es muy posible que os sorprenda. Y si no, pues ¡vuelta al hogar!

Foto | bubbabyte en Flickr CC