¡Menudo día más completito el de hoy!. Después del “ensayo” de la semana pasada, hoy tocaba horario normal de la guardería, de 9 a 15h.
Por la mañana se quedó muy tranquilo, incluso le sonrió a la profe, a quien parece que ya conoce de sobra. Me quedé un poco preocupada porque había pasado mala noche y además se había levantado muy pronto, que es la combinación perfecta para tenerle irritable todo el día. 
Yo corriendo a aprovechar esas horas a todo trapo, haciendo recados en varios sitios distintos, yendo a la compra por primera vez en muchos meses (¡bendita compra online!) y llenando el carro hasta arriba… Y, lo peor, todo el rato con una sensación extrañísima en el cuerpo. Una mezcla entre el gustazo de estar sola y libre y un vacío tremendo de lo más desagradable.
Casi ni me di cuenta cuando llegaron las 15h y tuve que ir a por él. Según me dijo V., había tenido un día bastante normalito y había estado toda la mañana sin dormir, incluso había comido coditos con tomate y se había dormido prácticamente solo desde las 13.20 hasta las 14.50h.
Cuando le recogí estaba somnoliento. Intenté que se durmiera nada más llegar a casa porque se veía que le hacía falta un poco más de siesta, pero no hubo forma. Mala cosa. El resto de la tarde se lo ha pasado con un humor de perros, gritando constantemente hasta dejarme rota. Tan cansada que en cuanto acabe de escribir esta entrada y de recoger la cocina, me voy a la cama.
No quiero ni pensar en cómo va a ser la rutina cuando en octubre vuelva al trabajo, por pocas horas que sean. Miedo me da pensarlo… Así que con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.