Tras unas dos semanas en las que Bebé no ha pedido teta ni una sola vez, creo que puedo decir que el final de nuestra lactancia materna ha llegado.

En los últimos días de agosto empezó a pedir mucho menos. Pasó de más de una docena de chupitos diarios a apenas 2-3 y aunque ya de por si eran chupitos rápidos, pasaron ser chupitos fugaces, apenas un trago.

El desenlace final llegó justo cuando acababa el mes. Estuvo cuatro días sin pedir. Luego una noche me pidió dar un chupito, que más que nada fue un beso. Y ahí acabó de todo. Desde esa noche no ha vuelto a pedir y, como digo, han pasado unas dos semanas.

Se que ha terminado porque él sigue hablando con cariño de sus tetitas. Las sigue acariciando, las dice que las quiere, les pone nombres, las abraza… pero no toma.

Esta es una entrada complicada de escribir porque aún hoy no tengo asimilado que haya terminado. Han sido tres años y cuatro meses de lactancia materna y es como si llevara inercia, si me preguntaran si doy teta seguramente contestaría que sí, sin pensarlo, me saldría de modo automático.

Lo cierto es que, como comenté semanas atrás, yo me sentía cansada y tanto mi mente como mi cuerpo me pedían no seguir. No puedo decir que la eche de menos y no es un pensamiento que suela tener durante el día. Pero sí que es cierto que cuando me paro a pensar que la lactancia se ha terminado, cuando compruebo que Bebé ha establecido una nueva relación con sus tetitas del alma, me da muchísima pena. Si intento asimilar que nunca más volveré a darle el pecho a un niño siento una punzada muy dolorosa dentro de mi.

Me hubiera gustado que el destete se hubiera producido un poquito más adelante. Que no se juntara con el inicio del cole. Pero siempre he tenido la sensación de que Bebé tenía las cosas muy claras y ha sido él el que ha decidido cuándo quería dejar la lactancia igual que decidió cuándo quería empezar a dormir en su cuarto o cuándo quería dejar los pañales.

No creo que sea casualidad que, contra todo pronóstico, haya empezado a ir al cole sin sufrimiento alguno. En cierto modo pienso que él cerró el verano dejando atrás la tetita para emprender una nueva etapa que sabía que debía iniciar. Y aunque ahora mismo no estoy segura de si me alegro o no, lo único que voy a hacer es lo que he hecho siempre: caminar a su lado respetando sus decisiones.

Foto | peasap en Flickr CC