El post invitado de La Orquidea Dichosa, acerca de cómo sobrevivir a las críticas de un entorno que entiende que la crianza que has escogido no es la más adecuada, y todas las conversaciones que sobre este tema he tenido con ella, me ha hecho recordar cómo llegué yo hasta aquí.

Obviamente, la manera en que vivo ahora la crianza que he elegido es fruto de un recorrido de más de tres años en el que he ido pasando por diferentes etapas. Más o menos que yo recuerde: euforia por el descubrimiento y entusiasmo por compartirlo, choque con el entorno, inseguridad, miedo a tomar decisiones y una vez tomadas más soledad, incomprensión y más aislamiento, progresiva aceptación de la realidad hasta llegar finalmente a una etapa de empoderamiento (seguridad, paz con uno mismo, indiferencia ante las injerencias externas).

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo he conseguido encontrar mi propia fórmula de crianza y sentirme cómoda con ella con independencia de lo que opine el resto del mundo? ¿Se puede criar a contra corriente y llevarlo bien?. En mi caso, ha habido unas cuantas cuestiones clave:

– Primero de todo, has de FORMARTE UNA OPINIÓN, saber hacia dónde quieres encaminarte, qué cosas te gustan, qué cosas no estás dispuesto a hacer. Para esto necesitas mucha INFORMACIÓN y, además, contrastarla. Hay que leer todo lo que puedas, de libros, revistas, blogs, artículos de prensa, documentales… Habla con gente, desde el pediatra hasta tu abuela, pasando por el frutero. Todos los puntos de vista te pueden aportar algo, aunque te parezcan espantosos.

Tagore decía que hacer preguntas es prueba de que se piensa, así que ¡no te prives!. Si alguien te da un consejo que no entiendes, en lugar de ponerte en guardia o callar educadamente, pregunta. ¿Por qué dices eso, cómo has llegado a esa conclusión, dónde lo has leído, me puedes citar algún artículo para que lea más sobre el tema?. Es posible que no te convenzan, pero puede que te pongan en la pista de algo interesante, o simplemente te ayuden a reiterarte en tu punto de vista. Incluso si no te aportan nada sus respuestas, es posible que a través de ellas entiendas las circunstancias de quien las emite.

Hay que tener cierta perspectiva con respecto a los gurús. Aunque parezca contradictorio, he leído cosas sobre crianza con apego escritas por personas que demostraban bastante soberbia, poca empatía y falta de visión global. Lo bueno de leer mucho y hablar mucho es que podemos ELEGIR NUESTRA PROPIA MANERA DE CRIAR sin que nadie, ni unos ni otros, tengan que decirnos cómo hacerlo.

– Una vez formado tu criterio, la información va a ser tu mejor amiga. Cuando tengas dudas, sabrás donde recurrir para profundizar en uno u otro tema. Tener la certeza de que aquello en lo que crees no sólo lo crees tú sino que está avalado por profesionales en la materia, por estudios científicos, por filósofos, divulgadores científicos o por una comunidad de madres y padres iguales a ti te dará SEGURIDAD. La mejor manera de combatir la inseguridad, los miedos y las dudas que nos asaltan a todos es tener una buena base que nos avale.

No se trata de estar a la defensiva, pero si en algún momento necesitas contestar a alguien, da mucho aplomo poder hacerlo refiriéndote a datos concretos, referir estudios y/o profesionales que respaldan tu punto de vista.

Concédete el DERECHO A EQUIVOCARTE. Ni existe la receta perfecta ni ésta puede ser inamovible, pues nuestros hijos y nosotros mismos vamos cambiando, así como nuestras circunstancias. Nadie nace enseñado, aprendemos poco a poco y no pasa nada si nos equivocamos, la próxima vez lo haremos mejor. Que tengas días malos o muy malos no quiere decir que los demás tengan razón en sus críticas, no dejes que en esos momentos te hagan mella con sus discursos. Si has seguido tus instintos tras haberte informado convenientemente, es más que probable que vayas por el buen camino así que tampoco pienses que la opción de los demás te iba a ir mejor sólo porque te la machaquen a todas horas, ya sabes eso que dicen que en la casa del vecino el césped siempre parece más verde.

Teniendo las cosas claras, la mayor parte de los comentarios insidiosos te tienen que resbalar como si llevaras un impermeable. ¿Qué sensación te produciría una persona que te asegurara que la Tierra es plana?. La idea es tan descabellada que me daría hasta pereza ponerme a argumentar en su contra. Lo mismo me pasa con muchas cuestiones de crianza: salvo que considere que el debate me va a aportar algo, nada tengo que debatir con los demás sobre guarderías, colecho, lactancia o lo que sea. El tiempo es oro, no te agotes en debates que no van a ninguna parte.

No cierres los oídos. La idea es ponerse un filtro, no un tapón. Lo que es insultante y no te aporta nada, ni lo registres. Lo que viene con intención de construir, considéralo. Aunque no estés de acuerdo, aunque no vaya contigo, si te da que pensar ya te ha aportado algo. No todo es blanco o negro y siempre es crece conociendo los sentimientos de los demás.

No es necesario que seas Quijote con todo el mundo, todo el tiempo, por todos los temas. Soy la primera que defiende la necesidad de salir del armario en temas como el colecho o la lactancia prolongada pero tampoco es cuestión de inmolarse a la primera de cambio. No te aporta nada estar todo el día con la espada en ristre defendiendo las bondades de aquello en lo que crees, más que nada porque te vas a agotar y posiblemente vas a conseguir pobres resultados. A nadie le importa si duermes o no con tus hijos, ni a la pediatra, ni al colegio (¡lo ponía en una guía que nos dieron a los padres este verano para facilitar la adaptación!) ni a tus padres. Tu eliges si lo cuentas o no, si te merece la pena o no.

Si vas a defender tus ideas, opta por respuestas creativas. Soy muy tímida para estas cosas, pero la maternidad poco a poco me ha ido dando tablas y he aprendido muchas respuestas muy divertidas de otras madres blogueras. Si hay temas sobre los que te insisten mucho o simplemente no quieres callar, prepárate algo ingenioso y sorprendente. Desmontas igualmente el argumento y evitas el conflicto, ¡mejor imposible!.

Por ejemplo, si alguien te dice “uy, ese niño estaría mejor en el carrito y no ahí en ese trapo“, puedes optar por decir “señora, a usted que le importa dónde llevo yo al niño, ¿opino yo sobre (…)“. A mi sólo me ha sucedido una vez, pero dije (sonriendo) “sí, se le ve cuánto está sufriendo, mírele qué carita de angustia” (y el niño estaba tan ricamente durmiendo).

– Por último, lo que más paz ha traído a mi vida es tener claro que hay que ASUMIR las decisiones que has tomado. Si, como yo, has optado por vivir de una manera poco corriente, no puedes esperar que la gente lo entienda. Sería esperable que disimularan su estupor y se guardaran los comentarios fuera de lugar, pero con que no te falten al respeto podemos conformarnos.

La sociedad, como masa, tiene tendencia a sentirse agredida por lo diferente y la reacción habitual es la de intentar eliminar esa amenaza. Ha sido así toda la vida y por desgracia creo que lo seguirá siendo.

Si crías de manera distinta a la de los demás y se enteran, es más que probable que no hagas muchos amigos, esto hay que tenerlo claro y, por tanto, hay que valorar hasta qué punto nos interesa exponernos.

A menudo pienso en esa conocida plegaria de San Agustín “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar” y lo tomo como un lema. Estoy aquí porque yo lo he querido así, he tomado mis propias decisiones desde la madurez y la plena conciencia de a dónde me conducían, por tanto, debo aceptar serenamente las consecuencias que de ello se deriven, tanto buenas como malas.