No he conocido embarazada que no haya padecido insomnio, al menos durante una parte de su gestación. Es de esos achaques que no suelen faltar en ningún caso. Dicen que las causas son muchas: las hormonas, la incomodidad para dormir, los dolores de todo tipo, la necesidad de orinar frecuentemente… Pero no se suele citar una de la que yo estoy convencida: que es un ensayo, una preparación para lo que viene después.

Es verdad que el insomnio durante el embarazo no es comparable a las noches en vela que llegan cuando nace el bebé, más que nada porque durante la gestación, aunque estés despierta, puedes estar en la cama mirando al techo, mientras que cuando el bebé llora y llora tienes que estar haciendo algo: ya sea darle alimento, mecerle, pasearle, cambiarle los pañales… Sin embargo, me parece que tiene coincidencias bastante sospechosas, como que mi veijga me hace levantarme cada tres horas máximo (más o menos los intervalos en que suele dormir un recién nacido), que me levanto y estoy completamente espabilada (y ¡hasta lúcida!), que el bajón viene a la mañana siguiente y no durante la noche…

Cuando repites el insomnio, y con este patrón, noche tras noche, parece que estás más hecha a dormir a cortos intervalos. El cuerpo se termina acostumbrando a ese descanso intermitente, a aprovechar las cabezaditas que puedas dar durante el día, a dormirte más rápido para no perder tiempo. No me imagino una embarazada durmiendo como una ceporra y a la noche siguiente y la siguiente y la siguiente pasándolas en vela y llevándolo con un mínimo de entereza. Es con el insomnio y aún así hay noches que son verdaderamente horribles…

Que habrá de todo en la viña del Señor, pero siendo tan habitual el insomnio gestacional, estoy convencida de que sirve para prepararnos. Anda que la naturaleza no es sabia ni .