Debería haber añadido al título del post “a parte de la arena, las moscas, las algas y la sensación de pringue permanente“, pero es que ya iba a quedar muy largo.

Creo que ya quedó claro que la playa no es para nosotros. Y es que hay cosas que me superan tanto o más como las derivadas simplemente de lo excesivamente escrupulosa que soy. Veamos…

Primero.- La gente que fuma en la playa. Lo siento, pero yo creo que debería estar prohibido. Señor@s fumadores, en la orilla del mar corre una brisa que propaga sus humos por todas partes. Es realmente asqueroso cuando te tocan vecinos fumadores y, ¡leche, que hay niños delante, un poquito de por favor!. No hablemos ya de esa costumbre repugnante de enterrar las colillas en la arena. Si nos dieran un premio por cada colilla que el niño ha rescatado en una semana seríamos ricos.

Segundo.- La gente que trata a sus hijos a patadas. Cosas como “venga, no seas maricón, vamos al agua” o “anda y que se joda, que comparta sus juguetes” o “si esté es un cabrón, anda y que le den” o “niño, no me seas nenaza, van a decir que eres mariquita” o “a mi no me gustan los niños llorones, nenaza, que eres una nenaza“. Normalmente tengo relativa tolerancia con este tipo de frases, de forma aislada, porque pienso que hay gente que no es consciente de lo que dice. Pero es lo que he visto en la playa esta semanita me ha parecido tan desagradable que a ratos no sabíamos dónde meternos. Al final lo mejor era coger el petate e irse a comer para no seguir contemplando semejante espectáculo.

Tercero.- La gente que monta la sombrilla y la toalla tan cerca que les puedes oler los pies. Alucino con la nula necesidad de espacio vital que tiene la gente. Mira que hemos buscado siempre un sitio amplio, con mucha sombra, donde poder estar tranquilos y que el niño jugara con tranquilidad. Pues nada, el mínimo hueco libre siempre es cubierto por una o varias familias que con tal de ponerse cerca de la orilla son capaces de irte empujando poco a poco, como el que no quiere la cosa.

Cuarto.- Las señoras que no dejan de mirarte. Comprendo que los bebés son tiernos, amorosos y que contemplarlos es muy entretenido. Pero estar las dos horas de playa bajo la atenta mirada de una señora, que observa como si estuviera viendo Sálvame Diario, es incomodísimo. En el vídeo que hemos hecho en la playa sale una mujer mirando todo el rato a cámara, ¡sólo le falta saludar!.

En fin, que menos mal que es un rato. Porque la playa es como una tarde de parque pero a lo bestia y en pelotas.