Algunas veces me preguntan cómo ha cambiado la relación con mi marido. Me resulta una pregunta curiosa porque se hace bastante a la ligera, incluso por gente sin confianza ninguna. ¿Otro cliché?. Alguna vez he sentido apuro, no sabiendo qué contestar sin ser una borde. De hecho, en alguna ocasión hemos tenido la impresión de que no es que lo pregunten, es que dan por hecho que tu relación de pareja está muy resentida por el hecho de haber  tenido un hijo. Esto último me llama bastante la atención y muchas veces le he dado vueltas a por qué hay personas que creen que tener un hijo es:
– El final de una vida plena, divertida y “moderna”.
– El final de tu vida sexual.
– El final de una relación de pareja romántica.
Dentro de unos años quizá veamos cómo se celebran “despedidas de matrimonio sin hijos”. Por cierto, hago un inciso, porque ni mi marido ni yo hemos entendido nunca qué leches se celebra en una despedida de soltero/a. No nos parece que el matrimonio suponga el final de nada. Si tienes que correrte la juerga de tu vida porque crees que el matrimonio será un coñazo y un obstáculo para el desarrollo de tu individualidad… la verdad, yo no me casaría con esos pensamientos en la cabeza. No me quiero desviar del tema.
Yo reconozco que soy afortunada en esta cuestión. He tenido la inmensa suerte de encontrar un hombre con el que compartir mis inquietudes, mi “frikismo”, mis valores… Y eso es mucho. Hay veces que tengo ganas de estrangularle (como todas, supongo) pero también tengo la suerte de poder decir que sigo estando muy enamorada de él, no sólo como el “primer día” sino más y que el tener un hijo sólo ha reforzado ese vínculo.
Mi embarazo no fue fácil y los días posteriores al parto tampoco. Son momentos en los que ocurren muchas cosas muy deprisa y la gente de alrededor en vez de colaborar a veces molesta más que otra cosa. Pero aún en esos momentos yo no he tenido ninguna duda. Recuerdo que mi marido, la primera noche con el bebé me dijo: “me encanta verte con el bebé, me hace enamorarme más de ti ver el amor con el que cuidas a nuestro hijo“.
Para mi, estos siete meses han sido los del florecimiento de un amor inmenso, tanto hacia mi bebé como hacia mi marido. Son amores distintos, pero enormes los dos. A mi marido le quiero y le respeto más que nunca porque me ha dado el regalo más grande de mi vida y cuando le veo con mi hijo me derrito totalmente.

 

Nuestra vida sigue siendo la que era. Nosotros no éramos de salir de cena ni de fiesta sino de salir a comer, a merendar, a hacer un brunch, etc, cosas que podemos seguir haciendo. ¿Que no vamos al cine?. Hacía ya siglos que no íbamos pero ni falta que nos hace, que todas las noches nos vemos nuestro capítulo de alguna serie o una película. ¿Los planes infantiles son un rollo?. Pues según para quién, claro. Nosotros hemos ido todos los años a Faunia y al Zoo sin tener niños, simplemente porque nos encanta. O pasear a la perra por el parque; ahora paseamos a uno más. A ver, que yo entiendo perfectamente que este plan sea un coñazo para mucha gente. Pero hay que reconocer que como a nosotros este plan nos gusta y nos ha gustado siempre, un problema menos; que si fuéramos como algunos, que con 35 tacos (y más) su único plan de fin de semana es cenar y salir de copas pues tendríamos un problema de incompatibilidad con el bebito tremenda.
Vida sexual, que esto es algo que la gente parece obsesionarle. Partiendo de la base que creo que mucha gente se echa un buen farol cuando le preguntan, porque no creo que muchas parejas que trabajan los dos tengan ganas de echar dos kikis diarios después de sendas jornadas laborales, 7 días a la semana… pues todo sigue igual. ¿Se pierde espontaneidad?. Evidentemente, si el bebito está despierto, el aquí te pillo aquí te mato no suele ser muy viable, aunque tampoco se puede descartar si está entretenido con sus cosas. ¿Pasión?. No creo que dependa única y exclusivamente del hecho de ser padres, sino de cada pareja en particular. A mi es que siempre me ha “puesto” el amor (esto lo desarollaré en otra entrada para que os riais un rato) así que cuanto más amor siento, más ganas tengo. Por tanto, cuanto mejor sea nuestra relación con el bebito, más ganas tendré que intimidad con mi marido. Rara que es una.
En estos días hemos comentado el error que supone tener un hijo para salvar un matrimonio. Por desgracia, yo viví esta situación en una pareja muy cercana, de la edad de mis padres, y por supuesto terminó en divorcio. Si una pareja está tocada, el hijo sólo va a separarlos más porque, incluso habiendo amor, nunca se producen situaciones más complicadas que las relacionadas con el cuidado de un hijo, su educación y las familias de unos y otros metiéndose de por medio. Aunque a veces pienso que quién no ha hecho una tontería por amor… yo he hecho unas cuantas, desde luego. No obstante, me gusta pensar que la mayoría de las parejas meditan muy bien la decisión de ser padres y, a veces, simplemente, no se miden bien las circunstancias, algo que nos puede pasar a cualquiera.
¿Qué os parece?.