Si me preguntaran qué ha sido lo mejor de este año no tendría que pensarlo ni un segundo: ¡la lactancia materna!.

Hace un año no sabía si lo iba a conseguir o no, ¡qué de vueltas da la vida!. Tenía muchas ganas, toda la ilusión, bastante más formación y el apoyo de muchas mamás del 2.0 que compartieron conmigo sus experiencias y me dieron ánimos y energía positiva a raudales cuando yo tenía muchas preguntas y dudas. La única referencia real que tenía era la de mi primer fracaso y, obviamente, pesaba mucho.

Un año después miro hacia atrás y me veo muy distinta. Aun con información, tenía muchos conceptos equivocados y otros poco interiorizados. Por ejemplo, pensaba que la lactancia materna podía ser muy sacrificada y me daba miedo no poder compaginarla con el cuidado de otro niño mayor. De hecho, este era uno de los puntos que más me preocupaban. Sin embargo, la experiencia ha sido justo la contraria:

Nada más cómodo que tener la comida siempre lista y en su punto, poder salir a la calle sin preocuparme de llevar nada, sin preocuparme de a qué hora le tocaba comer.

– ¡Nada más cómodo que tener siempre un consuelo a mano!. Bebé ha sido un niño que mientras no ha tenido necesidad de explorar no ha llorado nada, los primeros tres meses no le conocíamos la voz, no necesitaba quejarse porque tenía todo lo que necesitaba.

Cuántas veces le habré dado el pecho a Bebé, mientras estaba con mi hijo mayor (y más de la mitad del tiempo porteándole, es decir, ¡sin manos!), ¡miles!.

En cuanto a los conceptos poco interiorizados, por ejemplo, me costaba creer que la lactancia fuera sencilla, fácil, indolora. No había sido mi experiencia. Mi primer intento fue costoso, doloroso, agotador y frustrante. Pero no me engañaban: la lactancia materna, cuando marcha, no duele, te llena de satisfacción y cansa bastante menos que pasarse toda la noche de ida y vuelta a la cocina haciendo biberones. El pecho es un milagro.

Es más, para mi las tomas han sido, salvo muy contadas excepciones, los mejores momentos del día. ¡Cuántas horas habremos pasado mirándonos a los ojos!. Jamás voy a olvidar sus ojos de recién nacido mirándome fijamente mientras mamaba, esas horas infinitas dando y recibiendo, sin poder dejar de mirarnos como si tuviéramos un imán, enamorándonos más y más.

Incluso con los problemas de obstrucciones y perlas de leche que he tenido, incluso con eso, me ha resultado fácil. Levantar la camiseta y listo. Tanto ha sido así que me sorprende haber llegado hasta aquí en tan poco tiempo, ¿en serio que llevamos un año de lactancia? ¡pero si parece que fue ayer!.

Tras 12 meses de pecho supongo que hemos entrado en la etapa de lactancia prolongada. Y es algo que me suena raro porque sigo viendo a Bebé muy bebé, sigue mamando con frecuencia, estamos los dos bien y el final de la lactancia, afortunadamente, lo veo lejiiiiiisimos.

Esta etapa que empezamos ahora me tiene fascinada. Es verdad que Bebé a veces mama haciendo el teta-sutra y que intente ponerse de pie mientras succiona no me hace gracia, que el pecho es elástico pero no es un chicle. Pero hay otras cosas que me derrito, por ejemplo, desde hace unos días, sobre todo cuando se está quedando dormido, aplaude mientras mama. O me levanta la camiseta y me rebusca y me toca el pezón y dice te-ti-ti-ti-ta-te-ta-ti-ti-ta, ¡vaya, es posible que sea su primera palabra con sentido!.

Un año de lactancia. ¡Y lo que nos queda!.