Mis padres le han regalado al niño, como adelanto de las Navidades, este portátil de juguete de la marca Voltereta, que es una chulada.
Ha tenido mucho éxito porque su obsesión número uno ahora mismo es señalar (o coger el dedo de alguien para señalar) y que le indiquen como se llama lo que está señalando.
El chisme es monísimo, me gusta mucho… Sólo le pongo una pega minúscula: la tarde de hoy ha sido así:
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 

– Corazón.

– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 

– Corazón.
– Cuadrado.

– Corazón. 
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 

– Corazón.

– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 
– Estrella.
– Triángulo.
– Corazón. 
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 

– Corazón.

– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 
– Corazón. 
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón.
– Corazón. 

– Corazón.

– Corazón.
– Corazón.
– Corazón.