Si en 2012 me hubieran dicho que dos años después de nacer Bebé no iba a haber dormido ni un sólo día más de dos-tres horas seguidas no me lo hubiera creído. Pero aquí estamos: Bebé cumple en unos días 27 meses, es decir, 2 años y 3 meses, y con sus rachas mejores y sus rachas peores sigue la pauta que marcó desde el principio, esto es, despertarse puntualmente cada hora y media o dos horas desde el principio hasta el final de la noche.

Como ya conté en otra entrada, los primeros meses me fijaba metas, pensando que el día en que su sueño se encauzaría estaba cerca, pero ya hace tiempo que dejé de soñar (nunca mejor dicho). Sin embargo, aunque ya he asumido que esto va para largo, sí que es cierto que en los últimos meses he tenido, aunque sea fugazmente, el pensamiento que encabeza el título del post: mi bebé se hace mayor, cada vez es más un niño y menos un bebé, pero sigue durmiendo igual de mal ¿ocurre algo? ¿debería hacer algo?

Siento que este punto de crianza es el más solitario que he experimentado en estos casi cinco años como madre. Las mamás de niños de dos años no están en situaciones como la mía, o si lo están no lo dicen en voz alta. Encontrar una mamá de un bebé lactante de más de dos años que se despierte mucho por la noche y además tenga todas las características de un bebé de alta demanda es algo que sólo es posible a través la red. Mi vida, mi día a día, mis planes, mis expectativas, nada puede ser igual porque su situación, la situación “normal” y la mía es bien distinta.

La soledad, unida a la duda que a veces siembran las personas cercanas, aun con su mejor intención, aun siendo personas nada “sospechosas” de métodos que yo no comparto, todo se suma. Y a veces, sólo a veces, me hago preguntas para las que ya tengo respuesta, del tipo ¿esta situación es resultado de nuestra crianza o nuestra crianza es el resultado de las necesidades de Bebé? Al igual que la pregunta de qué fue primero si la gallina o el huevo, es imposible saber si Bebé sería de otra forma si hubiera sido criado de otra manera, entre otras cosas porque aún pasándolas canutas hay cambios que no estaba dispuesta a hacer.

Entonces ¿qué voy a hacer? Pues después de haber recogido todos los últimos consejos que me han dado personas en las que confío con toda su mejor intención y haber meditado mucho sobre el tema, lo que voy a hacer se producía traducir en el lenguaje de la calle en que no voy a hacer nada. Entiendo que quienes con cariño me han sugerido cambios más o menos drásticos en ciertas rutinas como destetarle por la noche, trasladarle a su habitación, no atenderle por la noche y que le atienda su padre, combinaciones de varias cosas o todo junto, pueden decepcionarse. Y aunque me parezca injusto, entiendo que en adelante quizá deba guardarme para mi mis pensamientos (y sufrimientos) dado que no voy a seguir sus consejos. He decidido que seguiré haciendo las cosas a mi manera, es decir, dejando fluir las cosas.

Los motivos son muchos, pero pueden resumirse en algo que he dicho siempre: en tanto que una de las partes deba sacrificarse, el sacrificio siempre lo haré yo, que soy su madre, su compañera, su guía y una persona adulta que tiene herramientas y recursos para superar cualquier situación que se presente o, si no es así, para pedir ayuda. Y en tanto que mis hijos vayan creciendo y pudiendo expresar sus sentimientos, comprender los de los demás, llegar a acuerdos y formar parte activa de las decisiones de la familia, poco a poco ellos también irán sacrificando en la medida de sus capacidades.

Cuando superé el año de lactancia sabía que era un punto de no retorno para mi. Conscientemente decidí que nunca iba a recurrir al destete y que el único camino para nosotros era el destete natural. Por ese motivo, cuando hablamos de destete nocturno, aun respetando quien lo haya hecho o piense en hacerlo, para mi no es una opción. Como decía en el párrafo anterior, otra cosa sería que el niño tuviera más edad y capacidad para entender que mamá está cansada, que está a su lado y puede acompañarle de otra manera, que la tetita tiene que dormir un ratito, etc etc. Pero no estamos en ese punto. A día de hoy el punto en el que estamos es que Bebé siente cada negativa mía a darle la teta como un rechazo frontal a él como persona. No está en situación de comprender otra cosa que no sea lactancia a demanda. No es que sea una blanda, es que su llanto pidiendo el pecho partiría al corazón a cualquier persona normal.

En cuanto a dormir con nosotros y no en su habitación, después de haber probando a empezar la noche durmiendo allí  en varias ocasiones y haber pedido volver a la nuestra en todas ellas, tampoco hay más que hablar. Mayor se fue a su cama pidiéndolo él solito y ese es el camino que quiero para Bebé. Yo no puedo ni quiero echarle de nuestra cama. Cuando decidimos colechar también con Bebé tenía claro que el niño saldría de la cama cuando estuviera preparado y no antes.

Voy a dejar fluir las cosas en parte porque creo que es como debe ser y, en parte, porque tengo confianza en él. Bebé es un niño súper activo, feliz y divertido, que desde luego no padece ninguna alteración del sueño que necesite “una intervención”. Bebé no necesita dormir de otra manera, es un hecho.

Aunque sus cambios puedan ser muchos más lentos que los de los demás, los hay. Por ejemplo, ya hace tiempo que tras la tetita de después de comer le tumbo y duerme la siesta solo en su cama y en su habitación, a veces incluso tres horas del tirón, sin llamarme para tetear entre medias. Hasta hace poco esto era impensable. Algunas noches en alguno de sus despertares le digo que siga durmiendo, que la tetita y yo tenemos mucho sueño, y sigue durmiendo. No siempre me funciona, pero a veces sí. Con que funcione de vez en cuando ya significa que hay una evolución.

Tal como yo lo veo, mi papel como madre no es el de imponerle mi ritmo y mis necesidades de adulto para liberarme cuanto antes sino el de ser una compañía que guíe y ayude a crecer desde el respeto y la comprensión. Y por eso, con mi apoyo y mi guía, voy a dejar que sea él quien evolucione naturalmente. Porque para dormir a pata suelta, no me cabe duda, ya tendré tiempo. Y porque aunque estoy deseando pillar la cama y no soltarla en tres días seguidos no quiero el día de mañana mirar atrás y ver que he hecho cosas en las que no creía para conseguir objetivos que sólo yo buscaba.

Foto | Lars Plougmann en Flickr CC