El 27 de julio de 2011 fue la última vez que la regla apareció por mi casa. Nueve meses de embarazo y diecinueve meses de lactancia después, sigue sin asomarse por aquí: casi dos años y medio sin menstruación.

Dicho así, en el plano teórico, suena muy bien. La mayoría de las mujeres hemos fantaseado alguna vez con no tener la regla y, desde luego, por una temporadita es agradable. Aunque nunca he tenido menstruaciones excesivamente molestas, hay que reconocer que es incómoda, así que al principio no la echaba de menos. Pero llegó un día en que empecé a ser consciente de que la regla forma parte de la vida cotidiana de una mujer de mi edad y que, aunque a veces lo pasemos por alto, cumple su función, al igual que los vaivenes de hormonas que sufrimos con cada ciclo.

Creo que resultó agradable estar sin ella más o menos los primeros 9-10 meses. A partir de ahí comencé a sentir que había un desfase, por llamarlo de alguna manera, entre la edad de Bebé y mi estado físico y psicológico. No tener la menstruación, para mi, supone estar inmersa en un postparto infinito, en una pseudo-menopausia que siento que no me corresponde. Mucho calor, sofocos (sobre todo durante esos primeros 9-10 meses), una sequedad vaginal impresionante, nulo deseo sexual y una sensación física y emocional de estar recién parida difícil de describir.

Hubo un momento en torno al año de edad en que, también por la situación personal y la altísima demanda de Bebé, me di cuenta de que necesitaba volver a tener una vida normal. Dormir decentemente, no comer como un pavo, tener tiempo de darme una ducha de más de 5 minutos… y tener la regla. Porque puede ser molesto, pero el periodo forma parte de la vida normal de una mujer joven, ¡es el ciclo de la vida! No es sólo la idea filosófica y casi romántica que podemos extraer de que en cada ciclo menstrual la formación de una nueva vida es posible, es también todas esas cosas más banales de cada periodo: que si hoy me duele la cabeza porque voy a ovular, mira que hoy tengo moco de tipo fértil, ya estoy empezando a manchar, se me ha olvidado comprar compresas / tampones… Ese tipo de cosas.

A partir de los 15-16 meses Bebé empezó a mamar un poquitín menos y físicamente noté cambios. Ya no tengo sofocos, la sequedad vaginal empieza a mejorar y casi de la mano la líbido también. Una mejoría muy lenta pero evidente.

Con la huelga de lactancia de Bebé pensaba que la regla no tardaría en venir. 48 horas sin mamar más que un chupito entre medias son muchas horas. Pero tras molestias ováricas hace unos días y un ataque de acné adulto bestial que estoy padeciendo no parece que venga nada más. No sé si finalmente aparecerá o no porque Bebé ha retomado con ganas la lactancia tras su huelga, con todo lo que ello implica.

Hace unos días hablaba con una mamá que, aún unos meses por detrás, está en una situación parecida a la mía. Comentábamos que la gente no lo comprende, ¿para qué querrías tener la regla? ¿estás loca? Pero al final pasa lo de siempre, que idealizamos mucho una situación y luego la realidad puede ser bien distinta.

No tener la menstruación porque acababa de tener un bebé fue estupendo, pero me gustaría pasar ya a otra fase y poder cerrar definitivamente este postparto tan largo.