Esta Navidad 2017-2018 ha sido especial, sin duda alguna. Y es que no podía ser de otro modo, porque han sido mis segundas navidades embarazada. ¡Quién me lo iba a decir!

Casualidades de la vida, las fechas de este tercer embarazo y el segundo no se llevan ni quince días, de modo que a menudo tengo la sensación de estar repitiendo. Por ejemplo, las ecos de las 20 semanas me las he hecho con tan sólo 8 días de diferencia entre aquella vez de 2011 y esta vez en 2017.

Si ya de por si para mi la Navidad es un momento del año muy reflexivo, estando embarazada me meto aún un poquito más para dentro. Son días en los que me apetece estar en el sofá, o calentita en la cama, y pensar en todo lo vivido… y en lo que está por venir.

Se que mucha gente utiliza la Navidad para hacer miles de planes, y también para darse a las compras, pero a mi estando embarazada me apetece todo lo contrario. De alguna forma siento que el embarazo me ayuda a conectar aún más con el verdadero sentido de la Navidad, que es estar juntos, valorando todo lo que tenemos.

Por otro lado, desde noviembre no he parado de coger un virus tras otro. Si lo unimos a que a pesar de estar ya bien entrada en el segundo trimestre no hay manera de reponerme a algunos achaques que arrastro desde el primero… pues no tengo el cuerpo para fiestas, para qué engañarnos.

 

Así que este año, si me preguntáis por regalos, mis ganas han sido cero.

Cuando estás gestando a tu hijo, creando una nueva vida… ¡qué más se puede pedir! De verdad me cuesta un gran esfuerzo pensar en ninguna otra cosa y si se me ocurre algo, parece realmente insignificante al lado de semejante proeza.

Ni siquiera me apetecen las rebajas, ¡y mira que me gustan, ya lo sabéis!

Sea como sea, Papá Noel es cada año más listo y me ha traído una envasadora al vacío de Foodsaver, que es algo a lo que tenía muchísimas ganas desde hace tiempo, pero más aún desde el embarazo.

Aunque es un poco pronto quizá, creo que hace ya semanas que padezco cierto síndrome del nido. Estoy ordenando armarios, ahora voy a empezar con las estanterías de los niños, no paro de pensar en comprar cajas, tirar cosas viejas y hacer sitio. Estoy obsesionada con aspirar el sofá y el árbol rascador de los gatos y tengo a la Roomba funcionando mínimo dos veces al día, ¡no quiero ver ni una mota de polvo!

Con la comida me pasa igual. Tengo el frigorífico y los armarios más ordenados que nunca y no paro de almacenar víveres a pesar de que no tenemos sitio para guardar tanta lata. Me estoy esforzando mucho más de lo habitual en hacer comidas apetecibles y sanas, que además me las pide el cuerpo. Y en tirar menos desperdicios, que es algo que siempre me ha sabido fatal. Por eso llevaba desde el principio del embarazo pensando (aun más que antes) en la utilidad de una envasadora al vacío, que me parece genial para conservar en buenas condiciones prácticamente cualquier cosa: queso, embutido que ya está abierto, restos de comida, frutas y verduras lavadas… En definitiva, que estoy muy contenta con ella y agradecida a Papá Noel por conocerme tan bien 😉

 

A 2018 no le pido nada… porque es que además no creo en estas cosas.

No es la primera vez que comento que yo no veo muy claro esto de los años, para mi todo es una continuidad. Me cuesta sumarme a las celebraciones de fin de año porque no las siento mías. En cualquier caso, si tengo que elegir un momento del año en que siento que hay un inicio, claramente apostaría por el mes de septiembre. Así que para mi enero es lo mismo de diciembre, pero más descansados tras unos cuantos días en casa sin rutinas.

 

Mi único pensamiento ahora mismo, sea enero o sea cuando sea, es que todo vaya bien en los meses que quedan y que pronto podamos tener en casa a este nuevo bebé, que sin duda volverá a cambiarnos la vida. No puedo desear nada más.

 

Foto | ASDA Baby Club