Pues sí, pues sí, teniendo unos padres como los que tiene no nos debería sorprender: mi hijo Mayor quiere ser YouTuber.

Ya hace tiempo que trato de explicarles, a los dos, en qué consiste mi trabajo. Que si ya de por si es complicado explicarle a un niño a qué se dedican sus padres, no os hacéis a la idea de lo complicado qué es para ellos diferenciar que el ordenador y el smartphone pueden servir no sólo para divertirse sino también para trabajar, que para ganarse la vida no hace falta pasarse el día fuera de casa o que hay profesiones que son tan intangibles que sólo existen en Internet. Confieso que de momento no he tenido un gran éxito explicándoles algunas de mis tareas diarias, pero yo sigo en mi empeño.

La cuestión es que mientras les muestro y explico cosas de mi trabajo, ellos van tomando nota. Obviamente el pequeño es muy pequeño, pero el Mayor (8 años recién cumplidos) empieza a hacerse sus propias ideas. Y como le encantan los libros y los videojuegos, hace tiempo que dice que él también quiere hacer vídeos explicando qué libro ha leído, de qué trata, por qué le ha gustado… o recomendando juegos de mesa, o videojuegos… En fin, lo que se tercie.

Mayor es un gran comunicador. En alguna ocasión os he comentado que son niños que no callan, con frecuencia hasta la extenuación. Los dos son niños que desde muy pequeños se han sabido expresar con mucha corrección pero, además, Mayor, tiene una clara vocación por conocer gente y comunicarse. En fin, que a mi personalmente no me extraña nada que tenga ganas de difundir su mensaje más allá de su pequeño círculo de amigos.

 

¿Hay algún punto a favor de que un niño tenga un perfil público en Internet?

Con el corazón en la mano, encuentro muy pocas razones, por no decir ninguna, que justifiquen que un niño aparezca en Internet, sea con una cuenta propia o sea en la de sus padres.

Es un tema que nunca he tratado ni en el blog ni en redes y por el que voy a pasar de puntillas por una sencilla razón: no quiero ofender a los miles de padres que con toda naturalidad comparten la imagen de sus hijos en Internet. Creo que no hace falta decir nada cuando es obvio que mis hijos no salen en fotos y ni siquiera uso sus nombres. Las palabras sobran cuando hablan los hechos.

Por decir algo a favor, mi marido me recuerda una máxima que hemos tenido siempre muy presente: que es absurdo resistirse a cambios que son imparables. Es difícil ponerle puertas al campo y seguramente, además, sea inútil del todo.

Ciertamente hoy en día no somos mayoría los padres que nos tomamos con gran preocupación y cautela la intimidad e imagen de nuestros hijos en Internet y, ciertamente, la tendencia es a tener un perfil público desde el mismo nacimiento.

La tendencia es también al formato vídeo. A mi me aburre soberanamente, los vídeos no son para mi salvo en contadas excepciones (como cursos, por ejemplo). Me parece una verdadera pérdida de tiempo aguantar un vídeo de 20-30 minutos cuando un texto puedo leerlo en 5 minutos y volver a él todas las veces que quiera. Pero las generaciones que vienen por detrás apuesta por el vídeo claramente, es así.

De modo que aunque le he propuesto tener su propio blog, de momento la idea no ha calado. Sería mucho más trabajo que el vídeo, obviamente, porque apenas escribe con el teclado, pero me parecería un reto mucho más educativo para él y que eliminaría el problema de perder su intimidad.

 

Mi hijo Mayor quiere ser YouTuber… pero yo estoy en contra

Las razones por las que estoy en contra de que un hijo mío sea youtuber son innumerables.

Y de nuevo por respeto a los miles de padres que tienen otros planteamientos, me siento cohibida de explicar en detalle todo lo que pienso.

Para empezar, si tuviera que elegir la razón de mayor peso diría que 8 años no es una edad en la que uno pueda tomar una decisión meditada sobre su imagen pública. Aunque a Mayor le parezca muy guay la idea de hacerse un canal de YouTube (que ni siquiera tiene claro lo que es) realmente no tiene entiende lo que supone exponer tu imagen y tus opiniones al alcance de cualquiera. Es más, Mayor aun conserva la inocencia de la infancia que le permite creer que todo el mundo te tiene que querer y que todo el mundo es bueno. Por tanto, como no tiene la información ni el juicio para tomar una decisión responsable, los que la debemos tomar somos nosotros.

Mayor tiene una imagen muy idealizada del asunto, como es normal. El cree que subiría vídeos graciosos en los que todo el mundo le aplaudiría y le felicitarían por lo bien que lo hace. Cree que tendrían éxito y podría ayudar en la economía familiar. Sí, está muy preocupado por este tema y hace tiempo que insiste en que quiere ganar su propio dinero no sólo para sufragar sus pequeños gastos sino también para ayudar a la familia, tal como hacemos nosotros.

Pero esta imagen idílica sólo existe en su cabeza y, quizá, en la de algunos adultos que empiezan.

Lo cierto es que la exposición en Internet tiene un lado bueno y un lado tremendamente oscuro, que yo conozco muy bien y la mayoría de los bloggers que llevan tiempo también.

Todo esto obviando la parte económica, ya que pensar que Internet es la gallina de los huevos de oro es una tremenda ingenuidad. Aunque, sinceramente, ni aún en el remoto caso de que alguien ganara una cifra elevada creo que compense la enorme pérdida que supone la exposición pública. Llamadme rara.

 

Como os decía antes, no encuentro ninguna razón para permitirle seguir adelante.

Así que como solución intermedia, en algún momento que tengamos tiempo, quizá en Navidad, le propondré que grabemos un piloto para enseñárselo a la familia. Quizá un canal privado para familiares y amigos muy amigos. Y espero que ahí quede la cosa por el momento.

¿Qué os parece a vosotros? ¿Qué le diríais a vuestro hijo si quisiera tener un canal en YouTube o un perfil público en cualquier otra red?

Foto | zeitfaenger.at en Flickr CC