Tras explicar hace unos días por dónde empezar con el método sintotérmico, un paso fundamental antes de adentrarnos en las reglas es saber qué es lo que debemos observar.

Como explicaba entonces, el método sintotérmico consiste en la observación de una serie de hechos biológicos que ocurren durante el ciclo menstrual para poder analizarlos y sacar conclusiones sobre nuestra fertilidad.

¿Cuáles son esos síntomas que vamos a observar?:

Nuestra temperatura basal.

Temperatura basal es aquella que tiene nuestro cuerpo cuando se encuentra en reposo, nada más despertarnos, sin habernos movido de la cama, habitualmente colocando el termómetro bajo la lengua (aunque podríamos ponerlo también en la vagina).

Para que la toma de la temperatura basal sea correcta es necesario que el termómetro esté preparado y sólo tengamos que estirar al brazo pues si nos levantamos a cogerlo estaremos modificando esa temperatura basal.

Durante el ciclo menstrual la temperatura basal permanece baja hasta que se produce la ovulación. Una vez que ésta se ha producido, por efecto de la progesterona, la temperatura basal se eleva entre dos y cinco décimas, permaneciendo elevada hasta el momento de la menstruación. De esta forma, podremos ver un claro ascenso de la temperatura en nuestra gráfica, que nos indicará que hemos ovulado.

Si la temperatura permanece elevada por más de 16 días, es indicativo de embarazo.

Por el contrario, si observamos que nuestra temperatura basal desciende podemos esperar la llegada de la menstruación en las siguientes 24 horas aproximadamente.

La consistencia de nuestro moco cervical.

Cuanto más se acerca la ovulación más abundante y más fluido será nuestro flujo hasta que lleguemos a un momento en que observaremos que es transparente, filamentoso, como “clara de huevo”, que es el moco de características más fértiles.

Los cambios en la apertura y altura del cuello del útero.

Mediante la autopalpación observaremos que el cuello del útero (también llamado cervix) experimenta cambios importantes a lo largo de nuestro ciclo. Al comienzo se encontrará duro y cerrado, en una posición baja. En el momento de la ovulación notaremos que el cuello del útero está mucho más alto, tanto que quizá nos cueste alcanzarlo. En ese momento estará más blandito y apreciaremos que se encuentra algo abierto. Tras ovular, el cuello del útero vuelve a cerrarse.

Cuando llevemos al menos un año de análisis de nuestros ciclos, podremos también aplicar una serie de cálculos matemáticos para la fase anterior a la ovulación.

Adicionalmente podemos observar y evaluar cualquier otro síntoma físico o emocional que encontremos que se repite y puede estar relacionado con nuestro ciclo menstrual. Por ejemplo, tener dolor de cabeza, dolor en el pecho o en los pezones, calambres en la tripa, erupciones de acné, mareos, pesadez de piernas, etc.

Foto | www.ellahoy.es