Mañana termina un nuevo curso y comienzan oficialmente las vacaciones escolares. ¿Ganas? En mi caso, muchas. ¿Un poco de respeto? Pues también 😉

Adiós curso 2016 / 2017

No es el primer año que mis hijos terminan el curso cansados; tanto en Navidad como en verano siempre les he notado que necesitaban descanso con urgencia. Pero este año es algo muy evidente: no pueden más.

La razón fundamental de tanto cansancio, sin duda, es el intensísimo calor que llevamos padeciendo desde hace semanas. ¡Si en abril ya estábamos de manga corta! Las últimas semanas de curso, con las aulas ardiendo, han sido un suplicio, sobre todo para Mayor, que sufre mucho con el calor igual que yo y sale de clase verdaderamente desfallecido. La sensación que tenemos desde finales de mayo es de estar yendo al colegio en plenas vacaciones de verano, algo que no se puede llevar bien de ninguna manera.

La necesidad imperiosa de un cambio de horarios también influye mucho. Con 40 grados en la calle, no se puede salir antes de las 20h, hora a la que deberíamos estar cenando y camino de la cama para afrontar al día siguiente otra jornada escolar. Las horas de sol y la temperatura no casan con la jornada que tienen que asumir diariamente y eso se nota cada mañana para levantarles e incluso en las siestas-desmayo que está haciendo el Pequeño después de comer (¡bendita jornada intensiva!).

El mal humor, la falta de concentración y un repunte en su intensidad habitual son claras señales de que necesitamos este parón como el comer.

Despedimos así un curso 2016 / 2017 que aunque se ha hecho corto, desde Semana Santa yo ya no veía la hora de que terminara.

 

Lo mejor del curso 2016 / 2017

Como todos los años, si tengo que quedarme con algo es con la felicidad con la que mis hijos han ido al cole todos los días. Ojalá nunca pierdan esas ganas y esa motivación.

Como desde mi punto de vista el único trabajo de la infancia debería ser jugar, que aprendan mucho o poco no es algo que me preocupe… así que tampoco es que me motive en exceso todo lo que han asimilado este año. Que ha sido mucho, muy deprisa y tan metido con calzador en el caso de Mayor que no estoy segura de qué poso va a dejar.

En cualquier caso, es una alegría ver al Peque empezar a leer sus primeras palabras (aunque me parezca prematuro en Infantil 4 años) y ver lo que ha mejorado Mayor expresándose y entendiendo el inglés. Para el año que viene nos queda la gran ilusión de que el Peque empiece a leer de forma autónoma y seguir viendo a Mayor crecer como persona, cada vez más maduro y conociendo mejor el mundo (un mundo que, por otra parte, creo que no corre prisa que conozca).

 

Lo peor del curso 2016 / 2017 

En el plano más personal lo peor ha sido el estrés al que un año más nos ha sometido la jornada partida. Otro año de carreras y malabares para intentar encajar nuestra vida en un horario muy poco llevadero para los niños y para sus familias.

Llevarle la agenda a Mayor, teniendo algunas veces la sensación de haber hecho Segundo de Primaria a medias con él, tampoco es algo que echaré en falta.

Pero sin duda lo peor del curso han sido algunos compañeros (por llamarles algo), a los que sin duda no vamos a echar de menos durante el verano.

Tocapelotas a parte, mis hijos termina el curso diciendo un montón de palabras y expresiones feas, que sin duda no han salido de esta casa ni de los niños con los que habitualmente compartimos parque. No se puede vivir dentro de una burbuja, desde luego, pero tengo muchas ganas de que durante dos meses y medio vivan en la normalidad de una familia en la que nos hablamos bien, bajito, sin palabras malsonantes y respetándonos. Porque pasarse el curso con la sensación de que en el cole se echa a perder gran parte de lo que uno enseña en casa, agradable no es.

Desde luego, descansar de todo esto va a ser un alivio.

 

Lo mejor de las vacaciones escolares

Seguro que en más de una ocasión me habéis leído decir que para mi, lo mejor de no ir al colegio, es la libertad. Libertad para crecer a su ritmo, para tener nuestros horarios, nuestras costumbres, para hacer las actividades que nos apetezcan y no las que nos impone la escuela.

Veo el verano como una oportunidad para hacer muchas cosas juntos que durante el curso escolar no da tiempo. Siempre con las prisas. Siempre mirando el reloj.

Aunque este año me ha pillado un poco el toro, ya tengo preparadas algunas ideas de cositas que vamos a hacer. Me gustaría recopilarlas en un post, a ver si me saco un rato. Que al final las horas de intenso calor son muchas y hay que tener un mínimo de organización para pasar el día entero arrimados al aire acondicionado sin aburrirse en exceso.

Estoy convencida de que las vacaciones en familia tienen un impacto muy positivo en los niños. Es increíble cuando te das cuenta en septiembre de cómo han crecido física e intelectualmente, de cómo están más relajados, con un mayor vínculo entre nosotros… En definitiva, más felices. Echadle un vistazo al estudio de HomeToGo que os acabo de enlazar, me parece interesante cómo hace hincapié en beneficios tan interesantes para los peques como desarrollar su creatividad, la mejora en la concentración o su capacidad para adaptarse a entornos diferentes.

 

¿Respeto a las vacaciones escolares?

Mentiría si dijera que no tengo un cierto respeto a las vacaciones de los niños.

Son muchas horas, muchos días, y aunque tengo buenas ideas, no soy la alegría de la huerta ni tengo una paciencia digna de alabar. Además, como os decía antes, mis hijos ahora mismo están asalvajados y ya estoy concienciada de que en las próximas semanas tengo un importante trabajo de re-educación emocional por delante para desprogramarles de todas las cosas feas que últimamente han estado viendo como normales.

¿Me da miedo la organización? Pues sí, no lo voy a negar. Y eso que ya estoy curtida en trabajar por la noche, al amanecer, en las siestas… Ciertamente las vacaciones escolares no suelen ser mis vacaciones.

Pero, sin duda, lo veo más como una oportunidad que como una losa. Al final, y aunque algunos crean que los niños pasan poco tiempo en el cole, yo creo que pasan demasiadas horas. Veo el verano como una oportunidad de volver al núcleo familiar, que es la base del ser humano y más aún en la primera infancia. Con ese objetivo claro, confieso que las vacaciones escolares me apetecen muchísimo.

 

Foto | Rebecca L en Flickr CC