La idea me rondaba la cabeza desde hacía mucho: mi alimentación cada vez era peor, mi actividad física era completamente nula y mis niveles de estrés demasiado elevados.

Haber cumplido los 30 parecía una trivialidad pero pronto aparecieron las llamadas de atención: atrás habían quedado esos tiempos en los que no pasaba nada por no cuidarse. ¡Porque la edad no perdona a nadie! Me salieron varias canas casi al mismo tiempo y una mañana me di cuenta de que si hacía unos años me levantaba de la cama con una marca en la cara producida por la almohada, antes de terminar el desayuno ya no la tenía; ahora puedo estar con ella hasta mediodía, sin exagerar. Y lo mismo con muchísimas otras cosas, entre ellas, el tripón del embarazo del Peque, que no sólo no llegué a perder nunca sino que cada vez se inflaba más.

Pero no ha sido hasta hace unos tres meses cuando dije: hasta aquí.

No sé muy bien cuál fue el detonante. Creo que fueron muchas cosas:

  • Ver en la báscula más kilos de los que yo quería tener,
  • Darme cuenta de que con mis hábitos actuales cada vez iba a coger más peso y, sobre todo, cada vez más tripa,
  • Ser consciente de que había renunciado a un montón de prendas de ropa y que tenía que esforzarme para encontrar camisetas que no me hicieran parecer embarazada,
  • Asustarme al comprobar cómo me cansaba y lo que me costaba respirar cada vez que tenía que ir a cualquier sitio andando…

Supongo que el resumen podría ser: una insatisfacción con mi estado físico y de salud lo suficientemente importante como para hacer algo al respecto.

 

¿Por dónde empezar?

Me ayudó mucho una recomendación que me dio Mamá en Bulgaria: bajarme una app para apuntar todo lo que comía en un día y el ejercicio que realizaba. En concreto, me recomendó “MyFitnessPal”, una app de la marca Under Armour pero que ofrece la mayor parte de su contenido de forma gratuita. Con muy poquito esfuerzo vas metiendo lo que comes cada día. Si es un alimento procesado, puedes escanear directamente el código de barras. De esta forma vas viendo no sólo las calorías que ingieres sino qué cantidad llevas de proteínas, grasas, fibra, sodio…

Además te va contando los pasos, bien por el movimiento del móvil o con un smart watch si lo tienes. El ejercicio que realizas durante el día te lo descuenta, dándote “calorías extras”. Tu puedes fijar cuáles son tus objetivos (si es que tienes alguno), de modo que la app te va animando a conseguir tu meta.

Puede parecer una tontería pero me abrió los ojos de par en par. Mi desayuno en teoría ligero arrojaba unas cifras increíbles. A mitad de un día normal ya había alcanzado las calorías razonables para un día completo y no hablemos ya de cantidades de grasa, azúcar… Realmente me asusté.

Tras comprobar que efectivamente no iba por el buen camino, y sintiéndome muy muy perdida sobre qué cambios hacer, me compré dos libros de Julio Basulto, un nutricionista cada vez más conocido en las redes sociales con un estilo directo y ameno.

El primero que leí fue No Más Dieta, un libro muy interesante para desmontar muchísimos mitos sobre alimentación que corren por ahí alegremente.

No Mas Dieta (Julio Basulto)

El segundo lo compré en formato Kindle: Mamá Come Sano.

Mamá Come Sano (Julio Basulto)

Una lectura que, aunque centrada en el embarazo y la lactancia, creo que bien sirve para cualquier persona interesada en aprender un poquito sobre nutrición.

Ahora mismo me encantaría profundizar. El tema me interesa y sigo teniendo muchas dudas. Pero para empezar, me parecen dos libros muy interesantes, fáciles de comprender y que se leen prácticamente de un tirón.

 

Entonces, ¿qué es lo que entiendo por “vida sana”?

En realidad he hecho lo que debería hacer todo el mundo. No se debería llamar “vida sana” porque es la vida que deberíamos llevar siempre para cuidar nuestro cuerpo, para tener una “vida normal”:

  • Comer mejor.
  • Moverme más.

Es tan básico que parece hasta absurdo dedicarle un post. Pero estoy segura de que muchos se sentirán identificados con el modo de vida que yo llevaba y se les hará un mundo ahora mismo hacer cambios, igual que me pasaba a mi.

 

¿Qué quiero decir con comer mejor?

Para que os hagáis una idea de qué comía yo antes, os pongo algunos ejemplos:

  • Prácticamente no bebía agua, ni siquiera entre comidas. Bebía mucha coca-cola, muchos refrescos de te, de zumos, aquarius, leche con Nesquick.. En fin, cualquier cosa menos agua.
  • Un desayuno normal para mi era un café con leche entera y tres cucharadas de azúcar, una o dos magdalenas industriales y unas 5 galletas de chocolate. Una bomba de grasa, azúcar y calorías vacías que, además, al poco rato me hacía tener hambre de nuevo.
  • El resto de las comidas se basaban sobre todo en carne, todo tipo de precocinados y comida rápida, pasta y mucho queso.
  • Casi todos los días, bien a mediodía o bien por la noche, caía un rico heladito tipo Magnum.

Con estos datos ya entenderéis que cualquier cambio que hiciera sería comer mejor:

  • He eliminado los refrescos en un 95%. De hecho, durante el primer mes y medio los eliminé por completo. Ahora he vuelto a tomar Coca-Cola, siempre de la gama Zero, a parte de porque he perdido mucho peso y quiero estabilizarme (y me apetece de vez en cuando tomarme una), porque me resulta “necesaria” ya que tengo la tensión muy baja con el calor y me ayuda a reponerme cuando tengo un jamacuco.
  • He eliminado al máximo el azúcar de mi dieta. Mi desayuno habitual ahora mismo es una tosta de pan integral con medio aguacate encima, acompañado de un café con leche desnatada y una sola cucharada de azúcar.
  • La base de mi alimentación intento que sean los cereales integrales y más fruta y verdura. El pan ahora lo como integral y casi todos los días las comidas están centradas en arroz integral, quinoa o bulgur combinados con algo de verdura, normalmente todo junto, en plan revoltijo, que me parece que está bastante rico. Es un cambio que no me ha costado mucho ya que me ha llevado a descubrir alimentos realmente ricos, que además llenan y encima tienen pocas calorías. Lo de la verdura me está costando más ya que no me gusta mucho y no tengo mucha idea de cómo cocinarla, pero mezclada con cereales parece que apetece más. Si antes ya comía mucho aguacate, porque me chifla, ahora suele caer uno diario. En cuanto a la fruta, me cuesta también bastante porque no me apasiona, pero estoy comiendo con gusto uvas sin pepitas bien fresquitas del frigorífico, mucho melón y manzanas pink lady, que encuentro muy ricas. Si rebuscas un poco no es complicado encontrar una fruta / vegetal que te apasione.
  • De manera natural, nada buscada, estoy haciendo una alimentación casi vegetariana. No tengo intención de eliminar la carne de mi dieta pero parece que una cosa lleva a la otra y no la echo especialmente en falta. El tofu preparado me gusta mucho pero he perdido la batalla de cocinarlo yo en casa, me queda fatal. Ahora mismo en cualquier supermercado son fáciles de encontrar hamburguesas de tofu con ingredientes naturales; están muy ricas, llenan como cualquier otra comida y engordan mucho menos.
  • Durante el primer mes y medio no he comido nada nada de dulce, nada industrial y nada de helados. Como decía con los refrescos, ahora mismo he perdido mucho peso y quiero estabilizarme para no perder demasiado ni demasiado rápido. Así que de vez en cuando me como alguno, pero no ya uno al día, sino quizá uno a la semana.

Por si os sirve de motivación, os cuento que nada más suprimir los refrescos, los precocinados y el azúcar perdí 2 kilos en los primeros 5 días. Fue como pinchar una rueda: toda la hinchazón producida por el exceso de grasa y de calorías se esfumó sin hacer absolutamente ningún esfuerzo. Una demostración de hasta qué punto la alimentación nos influye más de lo que pensamos. Y toda una motivación para seguir.

 

¿Qué quiero decir con moverme más?

No me he visto nunca haciendo running y sigo sin verme. No he corrido en mi vida, tengo asma y creo que debería mejorar muchísimo mi forma física para poder hacerlo en condiciones, además de operarme la desviación del tabique nasal que no me deja respirar bien. Pero lo que sí puedo hacer y estoy disfrutando muchísimo es saliendo a andar deprisa.

Un ejercicio que puede parecer una chorrada pero cada hay más gente que dice que caminar rápido es el nuevo running, sólo que no tiene una palabra chula para definirlo. De hecho, algunos expertos aseguran que es un deporte que produce menos impacto en nuestro cuerpo por lo que evita lesiones (ojo con el suelo pélvico, no sólo con nuestras articulaciones) y que incluso mejora la hipertensión o el colesterol de manera más efectiva que correr.

En fin, yo lo hago porque me gusta mucho y porque es un deporte que puedo hacer sin matarme.

Empecé con unas marcas que daban risa. Y volvía a casa hecha polvo. Pero estoy tan contenta de los resultados… ¡Noté tan pronto grandes cambios! Hacer 1.5 km a buen paso para mi era un mundo, llegaba a casa empapada en sudor (en pleno invierno) y hecha polvo. Pero enseguida empecé a notar que se me quedaba corto, que el cuerpo pedía más, que me cansaba menos, que no jadeaba tanto, no sudaba tanto, que tenía incluso más energía durante el día. Realmente increíble.

Además de ser una actividad que se puede hacer al aire libre, tomando el aire y el sol, en compañía o con algo de música y para la que apenas necesitas equitación (unas zapatillas decentes, que eso lo tenemos casi todos, ¿no?).

 

Mis objetivos actuales

En cuanto a alimentación, lo que quiero ahora mismo es fijar los buenos hábitos e ir probando cositas nuevas que voy conociendo. Tengo muchas ganas de aprender sobre nutrición.

Creo que 5 kilos (camino de 6) en poco menos de 3 meses es bastante peso, sobre todo porque la reducción de centímetros ha sido impresionante. Es una pena no haberme medido al empezar porque el cambio en la ropa lo deja bastante claro. Creo que he perdido en torno a 10 cm de cintura, es decir, prácticamente toda la tripa que tenía. Me he desinflado como un globo y creo que puedo decir que estoy incluso más delgada que cuando tenía 20 años. He conseguido mirarme al espejo y ver un reflejo que me gusta.

Como decía al principio del post, ahora mismo quiero moderar la velocidad a la que estoy perdiendo peso porque si sigo a este ritmo antes de que termine el verano creo que bajaría de los 45 kilos. Y me parece muy poco peso, no tengo necesidad de quedarme en los huesos y tampoco quiero tener que renovar toda mi ropa en la sección infantil de las tiendas (donde, por cierto, he podido volver a comprarme alguna cosilla).

Lo que sí quiero es terminar de perder toda la tripa que me queda. Pero creo que simplemente manteniendo lo que hago hasta ahora podré conseguirlo de manera natural.

En cuanto al ejercicio, ahora mismo estoy haciendo unos 7.5 km en 1 hora más o menos, unos 4 días a la semana. Con la llegada de las vacaciones escolares no creo que lo vaya a poder mantener… así que iré improvisando. No me gustaría perder el ritmo pero la realidad se impone. En principio, mi idea durante estos meses con los niños es mantenerme y en septiembre ya veremos.

 

Mis conclusiones

Si he escrito este post es para deciros que, si un día tenéis ese flashazo en el que decís: hasta aquí he llegado con mis malos hábitos, que sepáis que se puede hacer y que se puede hacer sin sufrimiento.

Se trata, simplemente, de ser consciente de cómo nos excedemos a diario y decidir tomar las riendas.

Seguramente lo más difícil sea decidirse a dar el paso de cortar con esos malos hábitos. Por eso creo que la app que os recomiendo (o cualquiera similar) es una gran ayuda porque te abre los ojos: te hace ver cuánta grasa, cuánto azúcar, cuánta sal tomas al día, cómo te excedes de calorías, el poco ejercicio que has hecho… Mientras lo desconoces puedes extrañarte de por qué engordo si como normal. Pero cuando te enfrentas cara a cara con tu alimentación es difícil seguir haciéndose el sueco.

Una vez que has dado el paso, lo demás creo que resulta bastante sencillo. No me estoy matando en el gimnasio (y eso que no he hecho ejercicio en mi vida), no me cuesta un duro hacer deporte, no estoy pasando hambre (si acaso ocasionalmente echando de menos algunos alimentos, que de vez en cuando volveré a comer) y encima me siento con más energía, me siento más mona físicamente (que también es importante), muy animada y menos estresada.

Foto | Exotic Fruit Box