Creo que hacía mucho tiempo que no escribía un post de este tipo. Pero hoy estoy cabreada y necesito compartir lo que está pasando en los colegios madrileños sin que nadie haga nada para remediarlo.

 

Aulas ardiendo

No soy yo de las que se lleva las manos a la cabeza por el calor cuando debe hacer calor o del frío cuando toca lo propio. Madrid es una región de clima muy poco Mediterráneo. Aquí tenemos un calor muy acusado en verano e inviernos bastante fríos, sin apenas primavera ni otoño. Es lo que toca.

A estas alturas no creo que quede algún madrileño que no se haya percatado de que desde principios de junio estamos padeciendo unas temperaturas muy elevadas, más propias del mes de julio que de un mes aún primaveral. Temperaturas que, para desgracia de nuestros hijos, se han elevado aún más desde ayer, superando con creces los 40 grados. Estamos en plena ola de calor, con alerta naranja, cuyos detalles podéis leer en este enlace de la AEMET si os apetece.

Pero el problema no es que el clima nos sorprenda. El problema es que las aulas están ardiendo. Literalmente.

Cuando escolaricé a Mayor jamás pensé que un centro público que presta un servicio tan importante como es un colegio, un instituto, pudiera no tener aire acondicionado. Yo estudié en una Universidad pública, del 2000 al 2005, y desde luego había aire acondicionado en todas las instalaciones y en todas las demás facultades. Hay aire acondicionado en Hacienda, en los hospitales, en la Seguridad Social, en los centros de salud, en las Oficinas de Atención al Ciudadano, en los centros de mayores… Vaya, ¡en todas partes!

En pleno s. XXI ni se me pasaba por la cabeza que los centros educativos infantiles estuvieran como en la Edad Media: con edificios mal aislados, techos planos, ventilación deficiente, patios en los que cae un sol de justicia y ninguna forma de luchar contra el calor. Pero sí, esta es la cruda realidad: en los colegios e institutos de Madrid el aire acondicionado ni está, ni se le espera.

 

Salir de una tutoría con las piernas temblando

Coincide además que esta semana tuve una tutoría en el centro, a las 13h.

La reunión duró 45 minutos aproximadamente, en un aula con todas las persianas bajadas, un olor a choto más que evidente y un calor indescriptible. Era como respirar fuego.

Cuando salí de allí y me encaminé hacia mi casa, me empezaron a temblar las piernas. Llegue a mi casa casi sujetándome a las paredes, la cabeza me daba vueltas como pocas veces.

En más de una ocasión he contado en el blog que yo soy de tensión baja, una condición que me ha hecho pasarlo mal en los embarazos y toda la vida con el calor. Hace muchos años que me protejo del calor todo lo que puedo y si tengo que estar días sin salir a la calle, lo evito todo lo que puedo. No compensa ponerse tan malo como se pone uno cuando tiene una bajada de tensión ocasionada por una exposición a un calor tan intenso.

 

La irresponsabilidad absoluta con nuestros hijos

Obviamente después de este incidente, me quedé muy preocupada.

Más aún cuando escuchas al Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid decir una pamplina tras otra. Mire señor Jesús Sánchez Martos, se lo voy a decir muy clarito: no tiene usted vergüenza.

Lo mínimo cuando existe un problema es asumirlo y ser honesto con la gente a la que usted tiene la obligación de servir. Si no tiene una solución rápida, si no es de su ámbito de actuación, si no hay presupuesto, si simplemente le da todo igual porque usted está muy a gustito en su despacho y su coche oficial bien acondicionados, dígalo. Si no tienen narices de suspender las clases cuando hay un serio riesgo para la salud, dígalo también. Porque a los padres lo que realmente nos indigna no es que nos digan que las cosas son complicadas. No, eso lo entendemos, y ya sabemos que la escuela pública no está para tirar cohetes. Lo que nos molesta es que se rían de nosotros en nuestra cara y nos digan que es normal en pleno 2017 tener a los niños con temperaturas superiores a 35 grados durante, al menos, 4 horas diarias.

Aulas ardiendo

Foto real tomada hoy mismo en un medidor (al sol) a las 18h en una localidad de la Comunidad de Madrid

Las aulas ardiendo son una irresponsabilidad absoluta con nuestros hijos. Señores políticos, ¿van a esperar a que pase algo gordo? No sé si al señor Consejero de Sanidad, que en teoría es médico, hay que recordarle que hay gente que muere todos los años de un golpe de calor. Y que ya estamos teniendo problemas en las aulas, como en este Instituto de Madrid en el que han tenido que atender a ¡47! alumnos hoy mismo.

No tienen ustedes vergüenza. Y están jugando con la salud de un grupo de población que debería ser un tesoro para la sociedad (no sólo para sus padres), un grupo además que es especialmente vulnerable ante el calor.

 

¿Y qué hacemos?

No es ninguna novedad si os digo que yo tengo la fe en la humanidad bastante perdida.

No entiendo por qué no se suspenden las clases ante una circunstancia climatológica extrema, que pone en riesgo la salud de los niños, de los profesores y del resto del personal que trabaja en los centros. ¿No se suspenden las clases cuando hay una nevada importante? Pues con más razón cuando tenemos a los niños a la parrilla.

De momento yo hoy he recogido a mis hijos hechos una pena. El Mayor venía tan empapado que si no le he hecho una foto ha sido para que no se identificara el uniforme del colegio. Como si se hubiera tirado a una piscina con la ropa puesta, para que os hagáis una idea. Los rodales de Camacho no eran nada a su lado. Pero lo peor es que nada más verle he sido consciente de que no se encontraba bien: blanco, la piel caliente, en el camino a casa ha tropezado dos veces, cayéndose incluso con el minúsculo escalón del portal. Así que nada más entrar le he dado una ducha, le he dejado que bebiera todo lo que quisiera… y ahí ya le he visto que le ha cambiado hasta el color.

¿Qué hacemos? ¿Nos manifestamos en la puerta de los colegios, como está sucediendo ya en Sevilla? ¿Hacemos una petición en Change.org? No lo sé. Insisto, tengo la fe en la humanidad muy perdida, como para confiar en que los que realmente puedan hacer algo lo hagan.

Ya me habéis visto que hacía mucho que no me hervía la sangre así. Pero creo que tengo razones. Estoy muy enfadada, sí, sí que lo estoy.

 

Señores políticos: con la salud de los niños no se juega. Vergüenza os tenía que dar, pero queda claro que es un bien escaso en la política actual.

Foto | El País