Nunca he tenido una piel de película. Recuerdo haber mirado con fascinación la piel de Kate Winslet en Titanic (que por cierto la vi dos veces en el cine) y haber soñado con tenerla así, como de porcelana, tan lisa y luminosa que parecía una muñequita. Que además siempre he sido blanca-blanca, vamos, blanca casi fosforescente, así que fondo había para ello.

Pero qué le vamos a hacer, un granito aquí, unos poros dilatados en las famosas áreas conflictivas, esas imperfecciones pronto me hicieron asumir que mi piel no iba a ser una piel perfecta. En cualquier caso nunca tuve serios problemas. Con 17 años comencé a tomar la píldora y continué con ella durante ocho años más, durante los cuales tuve una piel bastante decente, no idílica como me hubiera gustado pero sí bastante aceptable.

A los 25 años dejé de tomar la píldora y empezó el cachondeo. Y no me refiero solamente a la piel sino también lo que le costó a mi cuerpo volver a tener un ritmo más o menos regular (dentro de que mis ciclos siempre han sido largos). Como era previsible, durante mis dos embarazos tuve una piel y un pelo fantásticos, ¡como nunca!. Y como era de esperar también, una vez pasados los embarazos, mi piel poco a poco volvió a lo que era: una piel imperfecta. Recuerdo que al poco de nacer Mayor tuve un brote de acné por una zona bastante localizada del rostro. Parecía como un efecto rebote que culminaba el fin de mi postparto, porque al final pasó y quedó una piel medianamente decente.

Sin embargo, en este segundo postparto, en este puerperio infinito, tengo la piel mucho peor. Al principio todo fue muy bien, de hecho durante mucho tiempo he conservado la estupenda piel y pelo del embarazo. Imagino que la lactancia y la ausencia de menstruación tenían mucho que ver con ello y yo desde luego estaba encantada. Soñaba con quedarme así para siempre. Pero entonces llegó la huelga de lactancia y con ella mi piel se volvió loca: desde entonces tengo acné adulto.

Aunque sigo sin tener la regla, desde aquellos días de huelga mi cuerpo se ha puesto en marcha. Noto, por ejemplo, que empiezo a tener flujo vaginal, que estaba totalmente desaparecido. Y he dejado de sentir sofocos, lo cual está muy bien. El problema es que todo esto ha venido acompañado por unos granos espantosos, que no me dejan ni un sólo día pues cuando unos se están curando ya están saliendo otros. A veces vienen por oleadas, dejándome la cara tan mal que, lo confieso, evito salir a la calle si no es necesario porque siento vergüenza de cómo tengo la piel. Otras veces estoy un par de semanas algo mejor, pero siempre vuelve el brote para añadirse a los que tengo casi siempre ya de base.

A estas alturas he probado ya de todo. Siempre me han chiflado los cosméticos así que ya había probado muchos productos específicos para el acné, a los que he añadido otros muchos en los últimos meses, con pocos resultados. Ahora mismo he encontrado una combinación de productos que aunque no están evitando que salgan, sí que creo que los están controlando y secando con relativa rapidez. Me limpio con Cetaphil, me hidrato con Serum 360º de Lullage (buena recomendación de Isasaweis), aplico Blemish Control de Kiehl’s en casi toda la cara (porque los granos están por todas partes), uso un maquillaje mineral de Bare Scentuals y los granos los tapo con el Antiblesmish Solutions Clearing Concealer de Clinique (que me encanta),

No he ido al dermatólogo. Desde que nuestra lactancia se convirtió en prolongada estoy bastante poco motivada a acudir a ningún médico y ver como se le salen los ojos de las órbitas y se niegan a tratarme, como me ocurrió este verano en Urgencias por el brote de urticaria que tuve.  Por otro lado, las veces que acudí hace años, a varios de ellos, tampoco me sirvieron de mucho. Productos como el Dalacín, que tanta gente ha probado, a mi no me hacen nada.

En cierto modo, me he conformado: creo que esto no tiene remedio. Durante la veintena pensaba que cuando llegara a esta edad ya no tendría que preocuparme por los granitos, pero ahora veo que esto no sólo no cambia sino que en mi caso va a peor. A veces me digo que lo bueno es que difícilmente tendré que preocuparme algún día por las arrugas, pero no me funciona. Con esta piel tan blanca, los granos se ven tan a lo lejos que es imposible ocultarlos con nada.

Con este tema estoy bastante desanimada y escéptica ante nuevos tratamientos, pero si me queréis recomendar algo, soy toda oídos.