El viernes publiqué esta foto en Facebook:

Hace una semana, a mediodía, tuve una obstrucción express. En cuestión de diez minutos se me formó un bulto importante en el pecho. Como era la hora de la siesta, rápidamente me tumbé con Bebé dispuesta a deshacerlo pero enseguida me di cuenta de que no iba a ser tan fácil. A pesar de estar más de media hora intentándolo, el niño no logró rebajarlo en absoluto y además se mostraba molesto, pidiendo el otro pecho.

Cuando por fin se durmió, me fui al baño a confirmar lo que ya sospechaba: perla de leche que taponaba la salida. Efectivamente, empecé a dar masajes circulares, insistiendo en la zona del bulto, y pronto empezó a asomar una perla, en principio pequeña. Viendo que apenas salía leche por ese pecho, pinché la perla y por fin pude drenar.

La obstrucción se resolvió pronto tras haber pinchado la perla de leche y haber puesto al niño algo más frecuentemente durante el resto de ese día, pero como ya me ha sucedido en ocasiones anteriores, el tamaño de la perla fue creciendo con el paso de los días y el dolor también.

Así que el viernes peregriné nuevamente hacia el Departamento de Bromatología de la Facultad de Veterinaria de la UCM para empezar el tratamiento otra vez. La foto que veis son los famosos probióticos de los que tanto se habla, que sólo los proporcionan allí y no se comercializan en ninguna parte.

Y es que Murphy tiene oídos en todas partes, y si antes cuento lo bien que estaba y cómo había superado cuatro meses de mastitis, antes vuelve. ¡No falla!.