Son ya tres menstruaciones las que he tenido desde que la regla decidiera volver a mi vida a los 23 meses de lactancia, es decir, dos años y medio largos después de haberla visto por última vez.

Tenía muchas dudas sobre cómo sería, sobre si vendría en son de paz o bien guerrera, pero sobre todo deseaba verla de nuevo porque para mi dos años y medio sin ella comenzaban a ser ya demasiados.

Tengo que reconocer que el primer ciclo me costó mucho. Aunque parezca mentira, 32 meses sin ella fue suficiente tiempo como para haber casi olvidado muchas sensaciones. Además, noté mucha angustia existencial reflexionando sobre lo que significaba volver a ser fértil y durante varias semanas sentí nostalgia de mi bebé-ya-no-recién-nacido y tuve muchas dudas acerca de haber cerrado el chiringuito definitivamente.

No fue fácil el aterrizaje emocional de mi menstruación, sobre todo porque aunque físicamente me ha ayudado mucho a sentirme mejor, ahora sí que me ha quedado claro que mi puerperio terminará con mi lactancia materna, por lo que aún me queda mucho camino por recorrer.

Aún así, tres meses después de reencontrarnos sólo puedo decir que le agradezco muchísimo su vuelta y, por increíble que pudiera parecer, estoy la mar de contenta. Me siento menos a la deriva de las hormonas y apenas he notado los altibajos normales del ciclo menstrual, he tenido tres ciclos puntuales, cortos (para lo que soy yo 29-30 días es una cifra fantástica) y unas reglas poco dolorosas o molestas. No estoy curada del acné, ni mucho menos, pero ya no tengo la cara a punto de explotar como un volcán. Estoy de mejor humor y, aunque suene tremendamente cursi, no dejo de celebrar mi fertilidad y todo lo que ello supone; aunque no tenga intención de volver a tener hijos saber que mi cuerpo funciona, que podría volver a dar vida, me parece muy emocionante.

Lo que no ha mejorado en absoluto es la tripa de 2-4 meses (según el día) que llevo adosada a mis antaño estupendos abdominales. Como oscila bastante de unos días a otros pensaba que con la llegada de la menstruación se iría también pero no hay manera. ¿Quizá cuando acabe la lactancia? ¿O esto ya es para siempre?

Está siendo un puerperio largo, profundísimo emocionalmente, muy diferente al de Mayor, pero estoy muy contenta de estar en esta etapa: celebrando la dicha de estar llena de vida.