Esta mañana hemos tenido la primera revisión de Bebé en el programa del Niño Sano (al menos en Madrid se llama así, no sé si en todas las Comunidades Autónomas): primero medidas con la enfermera y después consulta con la pediatra. Salvando el margen tan grande que tienen estas mediciones, que ahora resulta que el nene ha encogido dos centímetros desde que nació, parece claro que está ya recuperando peso. Y esto significa que la lactancia materna exclusiva funciona.

Puede que una semana de lactancia materna exclusiva sea una birria pero yo estoy feliz, contentístima. He tenido momentos en los que pensaba que de nuevo iba a quedarme en el intento, entre el dolor tan grande del agarre y las tomas, los pezones en carne viva, la grieta sangrante y otras yendo y viniendo, una ingurgitación mamaria que no podía ni bajar los brazos y ya con malestar, escalofríos y un dolor tremendo… pero con la ayuda de Belén y Eloísa, que acudieron a mi lado raudas y veloces, puedo decir que en pocos días estoy mucho mejor: la ingurgitación ha pasado y ya sé qué hacer cada vez que se me pone el pecho mal, la grieta ya no sangra y está curando y en general tengo los pezones menos irritados.

La postura del balón de rugby me está ayudando mucho, me duele bastante menos el agarre y algunas tomas ya no me duelen nada. Poco a poco veo que esto marcha, sólo falta que el nene consiga abrir más la boca. Al nene, por cierto, hay que reconocerle el mérito, que nada más nacer ya estaba enganchado mamando con ganas y ha sido quien ha tirado de mi con su energia succionadora en momentos en los que ya no podía más del dolor.

En parte, mi mentalización previa ha funcionado. Me prometí que iba a vivir el momento, disfrutando de cada instante y sin pensar en el mañana. Así he ido sumando días de lactancia y he aguantado el tirón de los días peores. Cosa rara, no me acuerdo del reloj, no soy capaz de decir cuántas tomas hace diariamente ni cuánto duran, sólo que  son muchas y algunas veces se juntan unas con otras. Le tengo todo el día en la tetilla, sin prisas y no me siento agobiada; sólo me falta un poco menos de dolor para empezar a disfrutarlo por completo. Lo dejo fluir y me está yendo bien así.

Estoy encantada, ojalá la semana se convierta en un mes, el mes en dos meses, los dos meses en cuatro… y así hasta que queramos los dos.