Tengo una buena amiga que va a ser mamá en breve y estoy emocionada. Soy nueva en esto de que nazcan bebés en mi entorno y estoy realmente feliz porque sabiendo como es ella, se que todo lo que yo le he contado es poco comparado con lo que va a sentir cuando tenga a su nena en sus brazos. 
Tan emocionada estoy que hay noches que me acuesto pensando en que quizá al día siguiente me llame para decirme que ya está aquí y me acuesto con una sonrisa y hasta con nervios.
A mi la maternidad no me ha cambiado la vida pero me ha hecho una persona inmensamente feliz. Lo he pasado mal años atrás tratando de encontrar mi hueco en un mundo que no está hecho para mi, tratando de pasar por alto que lo único que podía hacerme feliz era ser madre. Me doy cuenta de que a veces no valoro lo suficiente la suerte que he tenido encontrando a mi marido, una persona tan “especial” como yo, tan en sintonía conmigo y que me ha dado el regalo más grande que te puede dar nadie. Cuando veo la carita de mi hijo, cuando les veo juntos, me doy cuenta de que no podía haber elegido a nadie mejor que él.
¿Por qué me emociona tanto este próximo nacimiento?. En parte es porque es el primer embarazo que he vivido minuto a minuto y va a ser el primer bebé que tenga cerca después del mío. Y también, claro, porque ella tiene una visión de la maternidad muy próxima a la mía y como yo voy un poco adelantada, ¡me muero de ganas por compartirlo con ella!. Ayer le decía a mi marido que me viene a la mente una y otra vez los primeros momentos con mi hijo. Es algo tan impactante, ¡cómo olvidarlo!.
Guapa, cuídate mucho en esta espera ya cortita que tienes por delante. Desde aquí te mando todas mis mejores vibraciones.
Para las que esteis también en capilla, que alguna habrá, y aun a riesgo de que penseis que se me ha ido la cabeza definitivamente, os pongo una oración a San Ramón Nonato que me dió mi ginecológo. ¡Sí, habéis leído bien: mi ginecólogo y yo hablamos sobre Dios en la consulta!. Días antes de la cesárea, viendo como me encontraba, me dió esto:
PD. Quizá alguno se ha quedado “epatao” por este último alarde que hago de contradicción. Creo que en alguna ocasión ya he dicho que aunque no me siento católica, tengo mucha fe y se que Dios siempre ha estado conmigo, velando por mi y por mi hijo. ¿Nunca habeis sentido el abrazo de Dios? Pues ¡es la leche!…