En esta recapitulación que estoy haciendo ahora que Bebé ha cumplido un año está claro que no puedo dejar fuera un tema tan importante para mi como el porteo.

Por motivos muy similares, este año ha estado marcado por la lactancia y el uso de portabebés. Las razones creo que están claras: por un lado, porque me han facilitado poder atender a Mayor y seguir su ritmo y, por otro lado, porque son dos experiencias que eran nuevas para mi, que me han hecho sentir muy bien y me han procurado a diario muchos momentos de paz, intimidad y conexión tanto con mi bebé como conmigo misma.

En cuanto a la practicidad, puede que vaya en gustos y, sobre todo, en experiencias, pero como comenté hace unos días, creo que pocas cosas hay tan prácticas como poder salir de casa con las manos en los bolsillos, sin preocuparte de llevar comida porque la llevas puesta y sin preocuparte de ir empujando un carrito porque al niño lo llevas puesto también.

Tanto de la lactancia como del porteo he oído gente que cree que pueden resultar muy “esclavas“, que te atan y que recortan tu independencia. Cada familia sabe sus circunstancias; para mi ha sido todo lo contrario. Con un bebé muy muy necesitado de contacto físico y lactancia constante, si no hubiera usado portabebés hubiéramos sufrido los dos muchísimo y, por añadidura, todos los demás. Bebé sin lactancia a demanda y contacto total hubiera llorado mucho y hubiera dormido aún menos, yo me hubiera vuelto loca, no hubiera podido atender a Mayor, Mayor lo hubiera llevado mucho peor y no sé dónde hubiéramos acabado todos, francamente.

Por eso, cuando alguien me pregunta sobre portear tantas horas diarias y me muestra sus reservas siempre le digo que por probar no pierden nada. Si no creen en el lado “espiritual” (por llamarlo de algún modo), al menos pueden probar por el lado práctico, que yo creo que lo tiene, y mucho.

Gracias al porteo he hecho cosas que me hubieran resultado mucho más complicadas o directamente hubiera intentado evitar. Me he sentido libre de ir y venir sin la pereza de montar y desmontar un carro (pues nosotros tenemos que usar bastante el coche) o sin la atadura que supone si vas a sitios donde el acceso no es fácil (porque hay muchas escaleras, el terreno no es llano, etc etc). Me he sentido libre para ir a cualquier sitio sabiendo que llevaba puesto todo lo que mi Bebé necesitaba y que los dos íbamos a estar bien, que iba a dormir cuando quisiera, que iba a comer cuando quisiera, que no iba a llorar…

Nosotros recordamos, por ejemplo, que durante mucho tiempo después de haber nacido Mayor procurábamos evitar los supermercados porque se nos hacía incomodísimo empujar uno el carro de la compra y otro la silla del niño. ¡Anda que no nos hubiera venido bien!.

Más allá de lo práctico, el estar físicamente unidos durante tantas horas me ha ayudado a estar mejor en momentos en que el postparto se me ha hecho difícil. Como dice En Nuestro Nido en su blog, yo también creo que el porteo combate la tristeza postparto. El efecto mágico del porteo, que calma a nuestros bebés, también nos sirve a los padres. No sólo Bebé se ha sentido confiado y relajado pegado a mi hasta el punto de abandonarse a ese sueño que tanto le cuesta coger y conservar, yo misma me he sentido más relajada y serena en momentos en que he estado mal.

Como resumí en este post, en los primeros seis-siete meses de vida Bebé estuvo más horas pegado a mi que despegado, así que me dió tiempo a hacer un intensivo de porteo con fular elástico, tejido, bandolera, mei-tai y mochila.

A partir de ahí llegó un punto de inflexión muy importante: Bebé empezó a gatear con seis meses y medio y eso supuso un antes y un después ya que entramos de lleno en la etapa del sube y baja.

Con ocho meses ya se recorría las mesas y las sillas de pie, con nueve meses empezó a dar pasitos y justo al día siguiente de cumplir los diez meses empezó a andar completamente solo.

Desde el momento en que empezamos con el ahora quiero subir-ahora quiero bajar-ahora me arrepiento y quiero que me subas de nuevo-súbeme que no alcanzo eso lo que más he usado han sido mochilas por una razón muy clara: porque me las ponía y me las quitaba en un segundo sin tener que soltar al niño y me podía dejar puesto el cinturón y el panel colgando (o bien abrochado también detrás). Hasta los diez meses hemos seguido practicando porteo indoor durante muchas horas diarias aunque ya en ratitos más breves.

Desde que empezó a andar, lógicamente, los ratos de llevarle en casa están siendo menos frecuentes pero seguimos recurriendo a alguna de nuestras mochis cuando quiere dormir durante el día o cuando quiere estar un rato tranquilo mamando pero yo tengo que hacer cosas  y no me puedo sentar en el sofá,  por ejemplo.

Con nuestra tienda Kangarunga (antes llamada Mochilas-Portabebes.es), lógicamente nuestro fondo de mochilas portabebés ha crecido mucho. ¡Mucho!

Sigo adorando mi Boba Carrier 3G modelo Kangaroo. (La Boba 3G fue posteriormente descatalogada y sustituida por la Boba 4G)

Me encanta el cangurito, me resulta tan suave, tan cómoda… A pesar de tener muchas otras, sigo recurriendo a ella un día y otro y otro porque me encanta, me encuentro muy bien con ella, se me adapta fenomenal y el detalle de la trabilla para sujetar el bolso me viene de perlas.

Y hemos añadido:

Una Ergobaby Original que no puede ser más bonita, elegante y amorosa por dentro (el interior está acolchado), además de lo práctico que me resulta el gran bolsillo tan característico de Ergobaby, ideal para meter unos pañales y un paquete pequeñito de toallitas y poder salir sin bolso a la calle.

Ergobaby Original modelo Camel

Una Manduca en color Turquesa (Petrol), súper cómoda, muy adaptable, la que más estamos usando para el porteo dentro casa por lo bien que me siento con ella y lo bien que veo a Bebé en ella. La única pega que le pongo: que no tiene ni un bolsillo.

 

Manduca modelo Turquesa (Petrol)

 

Una Emeibaby modelo Antigua, la joya de la corona. Fantástica con Bebé, fantástica con Mayor cuando alguna vez ha vuelto cansado del parque y se ha dejado portear, súper suave, con el mejor acolchado de tirantes que he probado, el cinturón es el que mejor se me adapta de todos. Sin duda, una de mis favoritas.

 

Emeibaby modelo Antigua

 

Una Amazonas Smart Carrier en modelo Earth, que me ha sorprendido por ser muy ligera y finita para los días de más calor.

Amazonas Smart Carrier modelo Earth

Y una Pognae modelo Elephants, con un estampado muy original, elegante y vistosa al tiempo, la que más llama la atención cuando salimos a la calle.

Pognae modelo Elephants

Como con la lactancia, sé que ahora entramos en una etapa distinta.

Poco a poco iremos porteando menos tiempo, sobre todo en casa.

Pero empiezo este segundo año de porteo con el mismo entusiasmo con el que he comenzado nuestro segundo año de lactancia: con ganas de que dure mucho tiempo, de que sigamos disfrutándolo juntos y de ir adaptándonos a las nuevas necesidades que estén por venir.