Mi bebé sigue durmiendo con nosotros, en su mini cuna balancín. La tengo tan cerquita de mi lado de la cama que sólo con incorporarme puedo verle la cara. Y él a mi. 
Desde hace ya un mes, o quizá algo más, se despierta por la mañana, sobre las 07.30 o las 08.00h y se pone a jugar con las cositas que cuelgan de la espiral (también de Imaginarium, otro regalo de Navidad) que le hemos colocado en una de las barras . También se pone a hablar solo, chillar, reirse…
En el momento en que comienzo a oír sus parloteos (¡qué mejor despertador!) sé que me quedan, más o menos, 30 minutos antes de que se impaciente y reclame mi presencia, mimos, cambio de pañal y probablemente biberón.
Al principio, lo que hacía era incorporarme y darle los buenos días, pero eso hacía esfumarse los 30 minutos de margen para desayunar. Entre que le cambiaba el pañal, le lavaba las manos y la cara, le quitaba el pijama y le ponía su ropita del día, le daba un biberón…ya casi más que la hora de desayunar era la hora del primer aperitivo del día…
De esto me di cuenta hace ya unas semanas, pero era imposible levantarse sin que me viera, no tenía escapatoria. Por lo que muchas mañanas me he saltado el desayuno.
Hasta que se me ocurrió una idea: hago la croqueta hasta el lado de mi marido y salgo por allí. Sigilosamente abandono el cuarto, desayuno tranquilamente, me lavo la cara y antes de que se inquiete vuelvo y le doy los buenos días. 
¡De momento funciona!.