No sé si mis elecciones hubieran sido mejores en caso de haber tenido mucha experiencia a mi alrededor con bebés, quizá hubiera metido la pata igual en algunas cosas…¡Nunca lo sabré!.
Lo que sí tengo claro a estas alturas es que algunas compras han sido una auténtica metedura de pata. Os cuento:
El puesto nº 1 a la peor compra de todas es para… 
Bañera anatómica-cambiador de Prenatal. Se trata de un cambiador plegable, con bañera anatómica. Desde el principio quería una bañera que fuera anatómica para que el bebé se pudiera sostener y así disponer de las dos manos para poder bañarle. Pero, ¿en qué estaba yo pensando?. Mi bebé no se ha sostenido en ese artilugio hasta hace bien poco (no antes de los tres meses, desde luego) y hasta el momento ha sido lo más incómodo del mundo. 
La mejor forma de bañar a un recién nacido es tumbado sobre el brazo izquierdo de la madre, que puede meter el brazo en la bañera y así dejarle bien sumergido, lavándole con la mano derecha (o al revés si se es zurda). Por culpa del cachivache del medio, no hemos podido bañarle tumbado en horizontal, pues siempre molestaba el dichoso pivote, lo cual ha hecho de los baños una experiencia incomodísima. Y aún hoy, que sí se le puede poner sentado, me parece una solución poco práctica porque el agua cubre poco a menos que la pongas hasta el borde y, si lo haces, el niño flota y entonces se va para todos los lados. ¡Un desastre!.
Por otro lado, es cierto que en mi casa el tema del baño tenía mala solución puesto que a mi no me cabía un mueble ni aunque fuera plegable en el baño, que realmente es muy pequeño y, además, no tengo bañera. Más adelante pondré una bañera plegable en el plato de la ducha, pero a día de hoy me apaño con este cacharro de Prenatal y lo uso en la misma habitación del niño. Ah! y ahora las salpicaduras que hace al chapotear me llenan todo de agua: la cuna, el suelo de parquet…Pero, bueno, eso no es culpa de la bañera-cambiador, sino del hecho de tener que bañarle en su habitación.  
Y una última cosa:  no tiene sentido plegarlo. Porque para plegarlo hay que quitar la bañera y colocarla en otra parte y hay que olvidarse de colocar nada en la bandeja inferior porque todo eso se caería…

(Eso sí, bonito, es muy bonito; para mi gusto, 
el más bonito de todos los cambiadores-bañera plegables para un bebé niño)
En segundo lugar…
Carro Trio For me, de Chicco. No es que sea un mal carro, no. De hecho, lo compré con el convencimiento de que es uno de los mejores de su segmento. Pero es un auténtico trasto. El capazo pesa un riñón y no hablemos del chasis, que hay que ser Hulk para cogerlo a pulso. Tenemos problemas para meterlo en el maletero y, vale, tenemos un coche pequeño, ¡pero tampoco tanto!.  
Y la silla no me acaba de convencer. Es verdad que se puede poner mirando hacia la madre, algo que tuve muy en cuenta, pero la veo estrecha y pequeña. Así que no me cabe la menor duda de que dentro de un tiempo compraremos una silla ligera de paseo, que se pliegue mejor y pese menos.  
Si volviera atrás, no me lo pensaba y me iba de cabeza a por el Bugaboo (y mira que es un carro que tampoco me gusta, pero si me garantizan que pesa menos, ¡pago lo que sea!).
 
(En la foto se aprecia lo mucho que ocupa la silla plegada. 
Va mirando hacia la madre y tiene el saco polar puesto)
Y en tercera posición…
Proyector musical estímulos y juego de Fisher Price. Esta metedura de pata me duele menos porque me costó bastante poco y no es gran pérdida (unos 20 euros, creo recordar). Pero es un claro ejemplo de que no siempre las cosas de marcas conocidas están bien diseñadas. 
El proyector está pensado para poner desde el nacimiento, pero como sólo se puede enchufar hacia el techo o ligeramente hacia la pared, ningún bebé recién nacido le presta ni la más mínima atención. Que no es que mi casa tenga los techos altos, pero un bebito pequeñín no puede prestar atención a unos dibujos que se ponen en el techo, que está lejísimo para ellos. Además, para que se vean bien hay que tener la habitación súper oscura. Pero el verdadero fallo es que es muy difícil de orientar así que el bebé no lo verá bien a menos que metas el cacharro en la cuna, al lado de su cabeza. Y no es plan.
Como “caja de música” no está mal, nosotros le ponemos los tonos de la naturaleza para dormir y le relaja bastante, pero para eso no hubiera comprado este chisme, que además lleva un montón de pilas de las gordas, que son bien caras.
Estas han sido mis tres peores compras. Y como supongo que volveré a meter la pata en un futuro, ya os iré contando.