El sufrido gato protagonista de esta historia

Estoy pensando en abrir una sección especial: “trastadas del padre”. Llevamos ya unas cuantas, pero desde que el nene copia todo lo que ve, esto es un despiporre.
La última, esta noche.
Estaba uno de nuestros gatos tumbado en el suelo, espatarrado todo a lo largo cual conejo listo para asar y se acercan mi marido y mi hijo. Por vago, en lugar de agacharse para acariciarle la tripa, empieza mi marido a acariciarle con el pie. 
¿A que es previsible cómo ha interpretado mi hijo ese gesto?.
Efectivamente, ¡vamos a pisar al gato!.
Cinco minutos intentando convencer al niño de que al gato no se le pisa, que para acariciarle con un pie hay que tener una habilidad de la que de momento carece, que mejor con la mano.
Si cuando yo digo que tengo dos niños y que ¡no sé cuál me da más guerra!.
Pobre gato, yo si fuera él la próxima vez que me fuera a tumbar en el suelo miraría bien a ver quién viene…