Basta un rato en el parque para escuchar, casi de corrido, todos los típicos tópicos de la crianza prehistórica:

– “Uy, pero si tu ya eres muy mayor para ir en brazos“.

– “Pero bueno, tan grande y chupándose el dedo, el dedo es caca“.

– “Nah, si este es un cabrón, mira que es malo el puto niño“.

– “¿Te has caído del columpio? Pues mira, dale, dale -mientras pega al columpio para ejemplificar cómo se hace – malo, malo, mira que eres malo, toma, te lo mereces por malo“.

El tópico estrella, el más repetido en lo que vas de mes, es:

No juegues con eso, que es de niñas“.

Mi hijo, como todos los niños pequeños, no entiende de juegos o juguetes de chicas o de chicos. Si ve un carrito de bebé con Nenuco incorporado, se pone a pasearlo por todo el parque porque le encanta empujar cosas con ruedas. Si ve una moto, lo mismo le da que sea una Ferrari roja o la moto de una princesa Disney llena de rosa y florecitas. Como tampoco en su casa está siendo educado para que juegue a juegos de machotes (que por otra parte ni falta que le hace porque a bruto no le gana nadie), de momento no entiende la frase y pone cara de extrañado mientras sigue jugando como el que oye llover.

Pero hay gente muy plasta. “Pero machoooooo, que te he dicho que no toques eso” – refiriéndose a la moto rosa de su nieta o al cochecito de bebé de su hija – “que te vas a amariconar, ¿no te compra tu madre una pelota o un camión?” – mientras se vuelven hacia mi pidiendo explicaciones -.

Decía mi madre que cuando te conviertes en mamá vas perdiendo la vergüenza que antes tenías y llevaba razón. Ahora me atrevo a decir cosas que antes no me hubiera atrevido e incluso me hago la sorda con toda naturalidad, igual que ellos sueltan sus topicazos fuera de lugar. “Muy bien hijo, qué bien paseas al bebé, qué bien le cuidas, ¿le das un besito?” o “qué moto tan bonita, ¿te gusta la moto rosa?“.