Bebé cumplió ayer dos meses, tiempo en el que ha sido inevitable compararle con su hermano, comparar la experiencia, su parecido, su carácter… Me resulta fascinante, muy emocionante, comprobar como siendo los dos hijos de los mismos padres pueden ser tan iguales y al mismo tiempo tan distintos. ¡La lista es interminable!… aunque, pensándolo detenidamente, quizá tengan más diferencias que similitudes.

Tienen en común un gran parecido físico, sobre todo nada más nacer. ¡Eran tan iguales que en algunos momentos me resultaba casi inquietante!. Ahora se han ido diferenciando, el Mayor se sigue pareciendo muchísimo a su padre y Bebé es un calco de cómo era yo con su misma edad. Pero son hermanos, vaya, misma piel blanca, mismas cejas inexistentes, pestañas largas, ojos claros, orejas pequeñitas…

¿Diferencias?:

– De carácter, muy significativas. Bebé es mucho más tranquilo, no llora casi nunca y, además tiene la suerte de no padecer los horribles cólicos del lactante. Desde luego que Bebé es mucho más paciente, se conforma con cualquier caricia y es menos susceptible al estrés y se adapta mejor a cualquier rutina, mientras que Mayor toleraba fatal los excesos de estimulación y visitas a deshoras y le cobraban factura todas las noches.

Por otro lado, Mayor podía pasarse perfectamente una hora en la hamaca admirando todos los cacharritos que hubiera en la habitación donde estaba, aunque le hubiéramos dejado solo, que por cierto aún hoy sigue demostrando su predilección por las cosas antes que las personas. Bebé, en cambio, no puede estar solo ni un minuto; es más, en la hamaca normalmente no admite estar salvo que estés muy muy pendiente de él, quiere estar siempre en mis piernas o en mis brazos. Además, no quiere estar en brazos de ninguna otra persona que no sea yo, con su padre aguanta más bien poco para callarse inmediatamente cuando me lo pasa, mientras que al Mayor le daba lo mismo quien le arrullara (tengo que contar mi teoría al respecto).

Físicamente, a pesar del parecido, les separa algo importante: el peso. Mientras que mi hijo mayor fue un bebé palo y ahora es un niño raspilla, Bebé se está poniendo como el muñeco de Michelín, tiene unas lorzas estupendas que me tienen alucinada. Con dos meses pesa más o menos lo mismo que su hermano mayor con tres y hace ya unas semanas que pasó a la talla 3 meses e incluso le queda justa según el modelo.

Algunas diferencias que terminan de darles el toque diferente son que Bebé tiene los ojos súper azúles mientras que Mayor los tenía de un tono verde medio menos llamativo. A Bebé le nace el pelo más abajo, mientras que Mayor tenía (y tiene) mucha más frente. Mayor se quedó calvo por completo a los 20 días y Bebé todavía tiene bastante pelo y no tiene pinta de perderlo, además de que ya le está naciendo mucho en las primeras entradas que tuvo. A Mayor siempre se le vió que iba a ser muy rubio, con Bebé tengo dudas de si no será castaño claro.

– En cuanto a habilidades, obviamente es muy pronto para saber, pero sí que noté desde el principio que Bebé tenía mucha más fuerza para sujetar la cabeza y si le cogías en brazos no se quedaba tan saco de patatas como su hermano. Incluso ya con quince días en varias ocasiones ha sido capaz de darse la vuelta estando boca abajo sobre una superficie rígida. Da la impresión de tener más fuerza, en general, lo cual tiene su lógica puesto que el Mayor sufrió una gran pérdida de peso de la que le costó recuperarse. También parece más comunicativo, pareciera que dialogamos con los ajos y a gu gus ta tá, incluso da chillidos de felicidad con lo pequeño que es.

– En cuanto al sueño, mi primer hijo tardó mucho menos en distinguir el día de la noche y en empezar a dormir más horas seguidas. A Bebé le ha costado más de un mes comprender que había que dormir más de noche y sólo desde hace unos días ha empezado a dormir un primer tirón nocturno de unas tres horas, a veces cuatro.

En fin, miles de detalles. No dejo de admirarlos, me tienen embobada…