Sin papi

Todo llega a su fin y las vacaciones de mi marido no podían ser una excepción. Lo hemos disfrutado un montón y nos ha cundido incluso más de lo esperado aunque apenas hemos estado en casa y eso se nota muchísimo por el estado en el que se encuentra ahora (¡¡las pelusas son la única cosa que nunca tiene fin!!).   Hoy no me dará mucho tiempo a darme cuenta de lo solitos que nos hemos quedado porque los viernes estoy siempre muy ocupada y, además, él sale antes. Pero la semana que viene estoy segura de que voy a tener síndrome post-vacacional. Ha sido tan estupendo tenerle en casa, hacer tantas cosas, poder ducharme sin prisa, pintarme las uñas, cocinar platos ricos…   Además, estas vacaciones han supuesto un antes y un después en la relación padre-hijo. Por primera vez he visto a mi niño loquito con su padre, tanto que cuando estábamos los dos, prefería jugar con él que conmigo y siempre estaba buscándole. Para mi marido también han sido unos días muy especiales porque por desgracia de diario no tiene apenas rato de estar con él.   Pero es lo que hay, papi tiene que volver a trabajar y nosotros seguir nuestras rutinas sin él. Para consolarme, empezaré a pensar ya en su horario de verano, aunque de aquí a julio quede todavía un largo trecho....

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