Etiqueta: rabietas

Elegir las batallas que queremos librar

Hace ya bastante tiempo una psicóloga me dio un consejo que me vino fenomenal: hay que elegir las batallas que uno quiere librar. Es un consejo aplicable a la vida, en general. Siempre he sido muy Quijote, doña Erre que Erre. No he podido nunca con las injusticias, con las cosas mal hechas, era incapaz de conformarme con lo que no me gustaba. Esa actitud ante la vida me hacía ser perfeccionista, exigente conmigo misma (y con los demás mucho más, claro), luchadora, incansable… Valores que creo que están muy bien y que son deseables pero también me producía un...

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Al límite de paciencia y fuerzas

Creo que con mi post anterior dejaba entrever la semanita que he tenido. No ha sido tanto por ir de un lado para otro, que cansa pero ya estoy casi acostumbrada, sino, sobre todo, por la combinación astenia primaveral – demanda a tope del nene. El miércoles salí de AT muy desinflada.  En las últimas semanas parece que a mi hijo se le han conectado las neuronas del “no sin mamá” y empezó llamándome durante la clase para que entrara con él y ha derivado en no querer irse con M., con quien hasta el momento entraba feliz y sin mirar atrás. De esto no me quejo. Nunca es tarde para descubrir que con mami se está muy a gustito; si ha empezado a tener ahora un gran apego hacia mi yo encantada, me parece que es sano para ambos y ¡ya era hora!. El problema es que más o menos en paralelo a esto y coincidiendo también con el cambio de tiempo y de hora, estamos con un nivel de demanda al 300%. Empiezo a tener pesadillas pensando en lo mal que lo pasamos ambos el verano pasado, realmente me preocupa entrar de nuevo en la misma dinámica de frustración por no poder hacer lo que quiere o no poder expresar lo que necesita, muy alta demanda, mala leche, poco dormir, etc etc etc. Yo distingo bien entre...

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Bam-bam

No me parece mala comparación decir que mi niño es como Bam-Bam, el de la serie de Los Picapiedra. Hace muchos años que no veo los dibujos, pero aún me acuerdo de lo brutito que era el niño, de las cosas tan asombrosas que hacía y de lo diferente que era a Pebbles, niña buena donde las haya. Así estamos. En casa nos subimos por las paredes, la persecución dura todas las horas que esté despierto. Él de mal humor y yo con peor leche según van pasando las horas. En la calle no nos va mucho mejor. Aunque pueda parecer que en una zona abierta, y más si está especialmente pensada para niños, no hay problema, él siempre lo encuentra. Eso si no se larga pitando de dónde estemos, dirigiéndose siempre a lo que haya más peligroso cerca: una carretera, varios escalones, la entrada de un garaje, un local abierto… La gente se lo pasa bomba. No hay nada más divertido que un niño cabrón rebelde dejando a la altura del betún a su madre. Si a esto unimos que la madre va empujando tontamente el carro vacío al lado (para luego a la vuelta no cargar 11 kilos durante 100 metros en pendiente) y también lleva a la perra de la correa, mejor que mejor. Así, de paso, puedo ir escuchando comentarios despectivos, de esos que se...

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No hagas nada sin mi

Hace un rato mi marido me ha preguntado por qué no había entrada nueva hoy en mi blog, que si se me había estropeado blogger o me pasaba algo. Le he contestado que no, que simplemente no he podido sentarme desde que nos hemos levantado. Hace unos días comenté que mi hijo me persigue por la casa. Además, me persigue en plan “no puedes hacer nada sin mi“. No quiere que cocine, no quiere que me ponga a limpiar nada y lo que menos le gusta de todo es que me siente en el ordenador. Sólo puedo tener ojos y manos para él y aunque no me hable, me lo indica con gestos, tirándome de la ropa y la mano con mucha fuerza y hasta pegándome gritos. Muchas veces me siento a jugar con él y al rato deja de prestarme atención, enfrascado con lo que esté jugando, pero en cuanto me doy la vuelta para hacer otra cosa, ahí viene corriendo a echarme la bronca. Recuerdo con cierta nostalgia la Navidad del año pasado. Yo podía levantarme tranquilamente y dejarle en la cunita mientras desayunaba, escribía mi entrada y echaba un vistazo a la blogosfera. Este “chollo” se esfumó hace mucho, de forma paulatina, hasta llegar a la situación actual: no poder ni hacer pis sin que venga detrás y me tire del brazo para que me levante...

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Me persigue

Lo bueno (o lo malo) de mi hijo es que va por rachas. A estas alturas ya se de sobra que cuando tenemos tres o cuatro días malos luego vendrán otros dos o tres mejores y vuelta a empezar.  Desde el lunes estamos en una racha de las malas. Esta vez la obsesión que ha tocado es perseguirme. Desde que se levanta hasta que se acuesta, me persigue con muy mala leche, tirándome de la ropa, lloriqueando, lanzando al suelo todo lo que pilla a su paso.  No puedo barrer sin que se me agarre por detrás, con el riesgo que tiene de caerse, o sin que pise una y otra vez lo que estoy barriendo o me quite la escoba o el recogedor.  No puedo cocinar porque me empuja, me tira de los pantalones, me golpea con las manos, me pisotea, intenta escalarme… o empieza a abrir todos los cajones, a meter la mano en el cuenco de agua de los bichos o a zarandear el cubo de la ropa sucia.  No puedo hacer pis ni lavarme la cara porque me coge de la mano y tira de mi o intenta meter el brazo por la taza del WC o aprovecha que estoy ocupada para jugar a meter sus juguetes en el arenero de los gatos o para meterse dentro del plato de la ducha o para jugar...

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