Etiqueta: opiniones contra corriente

¿En serio hay dos bandos de madres?

Como algun@s sabéis, hace unas semanas me llamaron de El País para entrevistarme. Con ocasión de la polémica surgida en torno a cierto libro publicado por cierto pseudo-pediatra diciendo barbaridades sobre la lactancia (y de cuyo nombre no quiero acordarme para no darle ningún tipo de publicidad), querían saber mi opinión sobre toda la polémica que se había levantado y, de paso, sobre una supuesta guerra entre madres de uno y otro bando. En este caso, los dos bandos eran pecho y biberón, pero la entrevista no discurrió solamente por ese camino sino que hablamos en general, de guerras...

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¿Me das el perrito?

Al nene le encanta sacar de paseo a nuestra perrita. Le gusta llevarla de la correa, indicarle por dónde tiene que ir, que se suba a la acera, que no se meta por tal sitio, que vaya despacio, que se quede quieta… y le encanta dejarla suelta cuando se puede y verla correr con sus amiguitos perrunos. La llegada del buen tiempo y de las tardes más largas nos está permitiendo disfrutar mucho más de esta actividad, así que es habitual verles por el barrio de esa guisa. Es bonito verles así. Comprendo que a la gente le llame...

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¿Por qué convertir a los niños en mayores?

No es infrecuente escuchar a padres fardar de las últimas habilidades adquiridas por sus hijos, en el contexto de que esto les hace independientes y mayores. Para algunos pareciera que es una competición para ver qué niño es el primero en – qué se yo – dejar de usar pañales o chupete, comer solito, dormir en su habitación y su cama, jugar solo, contar hasta 20… Me cuesta mucho participar en estas conversaciones porque creo que mi opinión es la opuesta y escuchándoles hablar, me siento de otro planeta. Procuro evitar esas situaciones porque si tengo que aportar mi granito de arena, lo primero que me viene a la cabeza es la famosa (y poco amable) frase de Clark Gable: “frankly, my dear, I don’t give a damn“. Que traducido al cristiano y al hilo de la conversación viene a significar que no entiendo dónde está la importancia de que un niño haga tal o cual cosa, que la haga antes o después, y que no encuentro por ningún lado el valor de esa supuesta independiencia, salvo para comodidad de los padres. En definitiva, que no comparto ese entusiasmo en que crezcan y que se hagan mayores y autónomos, en que alcancen metas cada vez más pronto, y que creo que los niños tienen que ser niños, cada cual disfrutando de su etapa personal y única de desarrollo. Es...

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¿El embarazo es un trámite?

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada y nunca había encontrado el momento por ser un tema que requería su tiempo, para expresar adecuadamente cuáles son mis sentimientos… Anoche, tras leer este post del blog de Miriam Tirado, titulado El embarazo no es un trámite, pensé que había llegado el momento. Porque cuando quise dejarle un comentario pensé que sí estaba de acuerdo pero no en todo y los matices que tenía que aportar a su escrito no cabían allí y eran más bien objeto de esa entrada que tenía pendiente desde hace tanto. Miriam explica, y en esa misma línea van los comentarios que ha recibido hasta ahora, que el embarazo no puede verse como un trámite para tener un hijo, sino como un tiempo para llenarse de gestación, para conectarse con una misma, para lo cual es necesario parar… Y esto no siempre resulta del agrado de todo el mundo y no suele ser bien considerado en estos tiempos de prisas. Con este breve resumen estoy conforme. De hecho, una de las primeras entradas que escribí cuando comencé el blog, y que con la que recuerdo que varias personas discreparon, fue una titulada Embarazadas pasotas. Yo también concibo el embarazo como el inicio de la maternidad, como una etapa fantástica que nos brinda la vida para mirarnos por dentro, comprendernos mejor, acercarnos a nuestra madre, entender qué queremos...

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Una sociedad enferma

Hace unas semanas terminé de leer el libro de Yolanda González “Amar sin miedo a malcriar”. Ha sido una lectura que he disfrutado. No es tan fácil de leer ni tan ameno como puede ser un libro de Carlos González, pero a cambio tiene más profundidad y da mucho que pensar. Discrepo en algunas cosas que comenta, o al menos hasta las conclusiones a las que llega, pero al mismo tiempo me ha gustado leer cosas que llevo años pensando y hasta la fecha no había oído en boca de nadie. Una de estas cuestiones es el concepto de sociedad enferma. Algo que a veces he mencionado en petit comité pero que no suelo explicar a los cuatro vientos por temor a ser señalada como la rarita (más aún) y por no sonar catastrofista. Pero, vamos, que tampoco es para tanto. Simplemente pienso que esta sociedad está enferma, carece de valores y respeto por el prójimo, y eso es lo que explica que hayamos terminado viendo como normal y corriente cosas que no lo son. Y al revés. Un ejemplo práctico de conversación absolutamente enferma es esta situación. Un día de Navidad, por la mañana, paseando tranquilamente los tres juntos con nuestra perra. Nos encontramos con una señora también dueña de perro. – Ah, ¡no sabía qué íbais a por la niña!. – Pues no, no íbamos a por...

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