Etiqueta: cosas que me pasan

Señora, ¡míreme a los ojos!

A pesar de la fobia a las tiendas, he conseguido comprarme unas camisetas, que falta me hacían. Y aprovechando que ahora se llevan las cosas sueltecillas, he comprado de ese estilo, porque entre la cesarea, la miomectomía y toda la comida basura que trago, tengo un pequeño michelín en la tripa que antes no estaba ahí y que se nota bastante con la ropa ajustada.¡Qué bien voy así, más holgada!. Bueno, pues no sé si será por llevar las camisetas más sueltas de lo habitual o porque por la altura del niño ya me opinan que me toca, me estoy topando con gente que más o menos descaradamente me mira a la tripa para ver si hay o no hay bombo. Ayer por la tarde nos encontramos con una señora que hacía mucho que no veíamos y la mujer las pasó canutas para mirarme a la cara. Yo creo que sufrió mucho porque la veía hacer esfuerzos por mirarme a los ojos pero la pobre no podía, no quitaba ojo de la tripa. ¡Estuve por levantarme la camiseta así disimuladamente para que viera que más allá de un michelín fofillo no hay nada!. En fin, que me voy preparando ya para la pregunta de marras, que veo que queda ná y...

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Y, ¿qué tal esto de ser madre?

No sé por qué motivo, si es que quizá tengo un imán para las preguntas y comentarios difíciles, más de una vez me han preguntado que cómo era eso de ser madre, que qué tal lo llevaba, cómo me había cambiado la vida.  Soy consciente de que la mayoría de las veces es una pregunta formulada de manera retórica, aunque me sorprende bastante que se pueda preguntar retóricamente algo con tanta trascendencia cómo es, en definitiva, la valoración personal de la maternidad. Siendo consciente de ello, debería limitarme a contestar como si no me hubiera calado la pregunta y dejarlo en un “genial“, “estupendo” o “mejor que nunca“. Pero no puedo.  Me lo prometo una y otra vez, pero acabo metiéndome en todos los fregaos y cada vez que me hacen esta pregunta dejo al interlocutor con la boca abierta. Ya digo que soy consciente de que quién la formula espera una respuesta escueta y estereotipada, pero yo no soy capaz de emitir semejante contestación, no me sale. Casi sin quererlo (o sin querer queriendo, como el Chapulín Colorado), suspiro, sonrío y empiezo a hablar de cómo he crecido cómo persona, cómo ha llegado la felicidad a mi vida, cómo he encontrado mi sitio en el mundo, a hablar de la responsabilidad que supone, lo duro que resulta el día a día, para terminar explicando que me parece fundamental...

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