Etiqueta: atención temprana

No quedarse con los brazos cruzados

Leyendo esta entrada del blog de Mamá reciente (cada vez menos) he pensado que tenía que escribir sobre esto. Habla de que si existe un retraso en el lenguaje es muy recomendable acudir cuanto antes a un especialista para que lo valore, porque más vale prevenir que curar y porque en caso de ser necesario un tratamiento, cuanto antes nos pongamos a ello, mejor. Acudir a un especialista, consultar, no quedarnos con la duda. Si hay algo en lo que podamos ayudar a nuestros hijos a superar las dificultades que puedan tener, ¿por qué no hacerlo? ¿qué ganamos esperando? Estimulación, terapia, como lo queramos llamar, eso nunca les va a hacer mal. El cerebro de los niños es maravilloso, cuanto más pequeños mejor. Si puede ser hoy, mejor que mañana. Porque creo en ello firmemente, porque mi hijo mayor dejó atrás la sospecha del TGD gracias a la persona adecuada, desde hace un mes está yendo de nuevo con M. Espero que entendáis que los motivos concretos los voy a reservar por respeto a la intimidad de mi niño del alma, que ayer cumplió 4 años. Dice mi marido que escribo esto con cara de pena pero aunque tenga lágrimas en los ojos, no es así. Mi niño bonito está bien, si por algo estamos preocupados (y ocupados) es porque pueda ser feliz. Y siendo diferente a los demás no...

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No nos queda mucho de atención temprana

La semana pasada, tras la sesión con M., estuvimos comentando algo que creo que es evidente: que el niño está muy bien y que dentro de poco no requerirá ningún apoyo adicional. No tengo prisa porque ese día llegue. Creo que aún hay cosas por pulir y que el día que tenga el alta debe ser porque todas las preocupaciones se hayan disipado. Hoy por hoy, aunque se esté trabajando en varios objetivos, el mío personal es que el nene termine de desenmarañar su lenguaje, que empiece a construir frases por si solo y abandone el farfulleo. Como siempre he pensado, esto le puede ayudar muchísimo en todas las áreas de su desarrollo y, de hecho, no hay más que ver lo feliz que está ahora y el buen humor que suele tener todos los días, nada que ver con cómo se encontraba hace a principios de año. Luego hay otras cosas que sería estupendo que mejoraran, como lo mal que lleva cambiar de tarea y hacer cosas que no quiere hacer, pero entiendo que en gran medida se deben a su propio carácter y no a algo que sea patológico. Sé que si ahora le llevara a cualquier sitio para que le evaluaran me dirían que no observan nada y que no requiere tratamiento. Cuando vamos por la calle, cuando estamos con otros niños, ya no noto que...

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Primeras sesiones de atención temprana en casa

Casi sin darnos cuenta el mes de septiembre está llegando a su fin y ya son unas cuantas sesiones en las que M. ha venido a nuestra casa, mientras su local, Centro Adin, termina de estar listo y entra en funcionamiento. Tenía la idea de que en casa iba a ser complicado dar las sesiones. Pensaba que el niño no iba a ser capaz de concentrarse en un espacio que normalmente es de juego libre y que iba a ser difícil aprovechar el tiempo, que las sesiones iban a cundir mucho menos que cuando íbamos a un centro fuera de casa. Sin embargo, me ha sorprendido muy positivamente ver que se comporta igual que se comportaba antes, que colabora igualmente y que lo disfruta de la misma forma. Los dos primeros días no tuvimos problema para que se quedaran a solas pero las últimas sesiones ha sido imposible. Reconozco que tenía la esperanza de poder aprovechar ese ratito para tener yo un poquitín de tregua, aprovechar para bloguear o recoger un poco pero el nene se agarra a mi como una lapita, así que tengo que estar presente. De todas formas, en esto de que se niegue a estar a solas creo que influye bastante algo que ya imaginaba que iba a ser un problema pero que en la práctica lo está siendo aún más: mi perra no para...

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Cerrando una etapa en atención temprana

A principios de julio expliqué lo contenta que estaba por tener a M. tratando al niño en atención temprana. Cosas de la vida, apenas un par de semanas más tarde ella misma me comunicó que no iba a continuar en el centro al que vamos porque había decidido establecerse por su cuenta. En los primeros instantes, antes de saber que existía la posibilidad de continuar con ella, la noticia me resultó como un jarro de agua fría. Sin embargo, una vez que me explicó que el centro que va a abrir estará muy cerca de mi casa y que, mientras tanto, mi hijo puede recibir su atención a domicilio, el problema se centró en decidir qué decisión tomar. Las opciones eran: – Continuar en el centro donde estábamos yendo (que está lejos de mi casa aunque no tardo mucho en llegar con el coche), con una persona nueva. – Continuar con M., primero a domicilio y, después, acudiendo a su centro cuando esté en funcionamiento. – Buscar un tercer sitio, un sitio nuevo, y volver a empezar. – Abandonar la terapia definitivamente. Una de las cuestiones importantes en todo esto es el estado actual del niño. Esta mañana la propia M. me ha confirmado lo que mi marido y yo llevamos pensando estos días: que si lleváramos al niño a una evaluación nos dirían que está estupendamente y que...

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Dos pruebas mandadas por neuropediatría que no le haremos

El proceso psicológico (no sé muy bien cómo denominarlo) que he experimentado como madre desde que en enero empecé a llevar al niño a atención temprana hasta hoy ha sido curioso. Creo que muchos padres atraviesan una etapa de negación y cabreo; sin embargo en mi caso la evaluación supuso un alivio, teniendo la certeza de que por fin nos pondríamos manos a la obra y que el pronóstico sería bueno. Los primeros meses, no lo negaré, fueron de expectación. Días malos, días peores y algunos días buenos dieron paso a una mejoría evidente que llegó con la primavera y se ha confirmado en verano. Tanto es así que, como no dejo de decir últimamente, si tuviera que pedir ayuda ahora, no la pediría. Lo que cambia la vida en 7 meses. Cuando en enero nos dieron el volante para neuropediatría en el Niño Jesús y posteriormente nos citaron para principios de junio, no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Es más, cuando acudimos a la cita, aún habiendo visto gran mejoría, todavía no las tenía todas conmigo porque el nene seguía sin hacer dos cosas que para mi eran básicas (y su ausencia, preocupante): señalar objetos que se le solicitaba y nombrarlos (¿dónde está la pelota?) y responder a órdenes sencillas (dame la zapatilla). De esa cita en neuropediatría, de la que salimos cargados hasta...

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