Etiqueta: actividades en familia

Niños abandonados en los parques

Voy al parque por obligación. Soy afortunada porque a mi hijo no le entusiasma (de momento),  él lo que quiere es ir correteando de un lado a otro y no nos paramos demasiado tiempo en ninguno. Pero aún así lo llevo regular y no dejo de observar cosas que no me gustan nada. Hay dos situaciones, íntimamente relacionadas, que me ponen muy nerviosa: – Por un lado, los niños abandonados en los parques. Esto pasa, sobre todo, en la sesión de tarde. Las madres llegan al parque y sueltan a las fieras dentro para sentarse ellas en el banco, a veces bien lejano, a hablar de lo suyo. Estos niños, incluso siendo algunos bien mayorcitos, se reconocen a la legua. Son niños que se portan mal a propósito, con un único objetivo: llamar mi atención, aunque sea negativamente. De manera habitual soy la única madre que entra dentro del recinto vallado. A veces noto malas miradas, curiosamente, no sólo de las madres que se encuentran fuera, sino muy especialmente de los niños que se encuentran dentro, sobre todo si estos son ya mayorcitos. No es raro que niños de una cierta edad se esfuercen en empujarme una y otra vez, en chocarse conmigo o en putear a mi hijo… o todo a la vez. Parece que molesto allí dentro. Las primeras veces alucinaba. Pero no hace falta mucho tiempo...

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Masaje para bebés

Una de las primeras cosas que me recomendaron en AT es la realización diaria de masajes a mi peque. Al poco de nacer lo intenté como rutina tras el baño, pero tuve escaso éxito. Al bebito parecía no gustarle demasiado, no le notaba cómodo, a veces le hacía cosquillas y se retiraba y, además, mi marido no hacía más que decirme que la crema le daba mucha grima… Así que dejé de hacerlo y no volví a intentarlo. Sin embargo, en las primeras sesiones de AT, M. (la terapeuta) me enseñó a dárselo, mostrándomelo ella misma. Me quedé alucinada con lo quieto que se quedaba mi niño, lo bien que se dejaba hacer, y lo placentero que podía ser para ambos. Así que desde hace unas pocas semanas lo estoy practicando a diario. El masaje para bebés se suele conocer como masaje Shantala y es una técnica muy antigua, de origen indio, importada por un obstetra francés. Se le atribuyen muchos beneficios, incluso funcionales, como mejorar la respiración, aliviar los gases, activar el sistema inmunológico o el dolor producido por la salida de los dientes. Pero los que a mi más me interesan trabajar, hoy por hoy, son estos: – Mejorar el conocimiento que el bebé tiene de su propio cuerpo. – Aumentar la comunicación entre la madre y el bebé, reforzando la comunicación no verbal. – Relajar al...

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Domingo de teatro

Llevo tiempo con ganas de llevar al niño a hacer alguna actividad diferente. En Navidad estuve a punto de llevarle a un concierto para bebés, pero al final no me animé, pensé que el niño no iba a prestar suficiente atención, mi marido no podía acompañarnos y no era precisamente barato, así que no fuimos. Este domingo nos surgió la oportunidad de ir al Teatro Tyl Tyl, en Navalcarnero, a ver una obra que, en principio, estaba especialmente pensada para bebés a partir de un año. Y allí hemos ido. El pueblo, que no habíamos visitado nunca a pesar de tenerlo relativamente cerca, me ha encantado: calles estrechitas, en cuesta, empedradas, ni el tato por la calle, olor a asado y a leña… Eso sí, hacía un frío impresionante, cuando hemos salido de la función parecía que estaban empezando a caer copitos y todo. ¡Brrrr!. Los únicos que íbamos por la calle éramos todas las familias que nos dirigíamos al teatro, los demás estarían bien resguardaditos en sus casas, ¡seguro!. Nada más llegar allí me entró arrepentimiento. En una sala no muy grande estábamos tropecientas familias intentando recoger las entradas y, a la vez, hacer cola para entrar. Ambas colas se fundían y entorpecían, animadas, además, por el jolgorio de muchos que habían ido con colegas y/o más familia, de modo que se ponían a saludarse en todo el...

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Sábado en la Feria del Libro

No me gusta la Feria del Libro. Sí, ya sé que suena a herejía, pero no me gustan nada el calor ni las aglomeraciones de gente. Como yo no he valido nunca para abrirme paso a codazos, ir allí es ir a perder el tiempo porque nunca consigo ni siquiera arrimarme a los puestos. Prefiero cien mil veces perder un buen rato en una libreria con aire acondicionado. Aún así, llevo yendo muchísimos años, salvo el año pasado en el que, dada mi situación, mi marido se fue a dar una vuelta el solito una tarde a la que...

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