Desde que a principios de mes fui a mi empresa a firmar mi reducción de jornada y me encontré con que me ofrecían el despido, no había vuelto a tener noticias de ellos. Bueno, sí, al día siguiente me pidieron mi hoja firmada solicitando la excedencia, porque la habían perdido, pero desde entonces, silencio.
No es que me extrañara demasiado, es su forma habitual de operar. Para conseguir quedar para el tema de la excedencia les estuve mandando mails desde principios de julio, dos meses nada menos.
Por fin esta mañana he recibido un mail que pone: 
“Lo gestionamos el día 4 que te incorpores de la excedencia“.
Me he quedado mirando el mail con cara de ¿de qué estamos hablando?. Partiendo de la base de que si voy a ser despedida, no me reincorporo a ninguna parte, lo mismo da estar de excedencia que no estarlo. Una cuestión lingüística, sí, pero es que yo soy muy quisquillosa con las palabras. Pero, lo que realmente me molesta es la situación de inestabilidad que todo esto me produce.
Tampoco es nada nuevo en ellos. En siete meses de excedencia no han sido capaces de contactarme para comunicarme que mi puesto no existía y que querían ofrecerme que no me reincorporara. Ni tan siquiera días antes de acudir a firmar mi reducción de jornada fueron capaces de decirme nada, era mejor que me encontrara allí con la sorpresa. Así que ahora me toca seguir esperando al dichoso día 4 para ver qué quieren qué hagamos y cómo.
Yo no valgo para estas cosas. A mi me gustan las cosas atadas y bien atadas. No me van las sorpresas. Si estamos de acuerdo, lo hacemos aquí y ahora, no hay más que hablar. Cuando tomo una decisión, ¡la tomo!. Esto de que sí, bueno, vale, ya veremos, pásate por aquí y lo arreglamos no me gusta nada.
Pero como es lo que hay, tendré que esperar hasta el 4 de octubre para saber si me tienen otra sorpresa preparada. Y esperemos que no porque tengo unas ganas locas de cerrar este capítulo y estabilizarme un poco, que así no me puedo centrar en nada, ni tomar decisiones y no sé si voy o vengo o hacia dónde me encamino. Un rollo.