No me gusta la Feria del Libro. Sí, ya sé que suena a herejía, pero no me gustan nada el calor ni las aglomeraciones de gente. Como yo no he valido nunca para abrirme paso a codazos, ir allí es ir a perder el tiempo porque nunca consigo ni siquiera arrimarme a los puestos. Prefiero cien mil veces perder un buen rato en una libreria con aire acondicionado. Aún así, llevo yendo muchísimos años, salvo el año pasado en el que, dada mi situación, mi marido se fue a dar una vuelta el solito una tarde a la que salía de trabajar.
Ayer fuimos con el bebito porque aunque no me atraiga nada la idea de ir, creo que es importante llevar a los niños a estas cosas y que ya desde pequeñitos vivan el gusto por la lectura. Creo que en esto o se empieza de pequeño o luego es complicado que les apetezca coger un libro en lugar de la consola. 
Entramos en el Pabellón Infantil con mucha ilusión. Todos los años he tenido ganas de entrar, pero me faltaba un hijito al que enseñar los libros. ¡Qué satisfacción entrar con mi bebé!. Estaba todo muy bien puesto, incluso tenían una zona con libros para bebés chiquititos. Le estuve enseñando unos cuantos libros de esos blanditos, de tela, y el que más le gustó fue uno de un león. Así que luego fuimos a buscarlo, dando una vuelta por las casetas. El libro se llama “Mi león” y es una monada.
Me gustó porque además del colorido que tiene, lleva diferentes texturas, incluso por la parte de atrás sale la cola del león. Lo del león tiene un sentido especial para nosotros porque el bebito tiene un carrusel en la cuna con animalitos y mi marido lleva meses imitándole los sonidos, así que en cuanto le dices graaaauuuu (imitando a un león), el se ríe a carcajadas.
Y pone que se puede lavar a mano en agua fría… ¡Así que yo lo meteré en la lavadora!.
Para el año que viene seguro que podemos disfrutar más de la Feria y sentarle a hacer alguna de las actividades que tienen todos los días, como los cuentacuentos.
A mi estas cosas me hacen muchísima ilusión.