Esta mañana tocaba revisión de los 18 meses y, por primera vez, hemos ido a pasarla al ambulatorio. 
Primero teníamos cita con la enfermera, que nos hizo esperar bastante en la sala de espera. Cuando por fin nos dejó pasar, el ordenador no le funcionaba. Entre que llamó a alguien, que ese señor vino, que reiniciaron el ordenador… mínimo pasamos allí dentro 10 minutos esperando, el niño subiéndose por todas partes, abriendo y cerrando puertas…
Cuando ya por fin le funcionó el sistema, empezó con las preguntas que tocaban para esa edad según el programa:
– Que si en el coche viaja en su sillita de seguridad. Pregunta curiosa, pero oye, no está de más.
– Que qué tal duerme. Bueno, se espera de él que duerma unas 11-12 horas y él duerme unas 9-10, no está mal. Más 2 horas de siesta.
– Qué tal come. Trocitos, fenomenal, mejor que los purés.
– Tema cacas. También estupendo, este niño no tiene problemas.
– Leche que toma: leche de crecimiento.
– Andar, manipular y hablar no me ha preguntado porque ya lo ha podido observar ella con sus propios ojos.
– Responder a órdenes simples. Aquí le he dicho que bueno, regular. Sí que va bien en cuanto a dame, vamos a recoger, cerrar… Pero lo que es “coge las zapatillas y tráemelas” pues no. Así que le he explicado un poco por encima nuestra problemática.

– Tema lenguaje. Ella misma le ha escuchado decir “que-se-so” y yo le he comentado las restantes. Aprobado también.

Creo que ninguna pregunta más. 
Le midió y le pesó. ¡El niño ha encogido!. 10,700 kg y 80,5 cm. A la enfermera no le he dicho ni mu, pero obviamente no puede ser. Entiendo que entre mis mediciones caseras y las de allí haya diferencia, pero cerca de un kilo de peso y tres centímetros de altura, como que no. De hecho, me ha comentado que estaba de altura casi en un percentil 50 y he pensado: sí, con 15 meses superaba el 75 y ahora va a tener un percentil inferior al 50… 
A la pediatra sí que se lo he dicho después, que el niño había encogido. Además, es que yo por la calle le veo al lado de niños de dos años y es igual de alto que muchos de ellos (incluso más alto que algunas niñas). No es que me importe, me da igual si el niño es alto o bajo pero tanta diferencia métrica ¡¡no me parece seria!!
Entonces entró la pediatra a hacer su chequeo y a ponerle andando de pie, descalzo y sin pañal por la habitación. ¡¡Más rico que estaba el nene andando en pelotillas!!. Conclusiones:
– Anda de puntillas a veces, pero es normal. Hay que irlo viendo pero hoy por hoy no es un problema.
– Tema pies gorditos y sin puente, normal también. Que hasta bien pasados los dos años muchos niños tienen el pie con mucha grasa y que al estar así de gordito no se puede ver si realmente tienen algún problema en el puente o no. El tema de que los tenga tan pequeños, obviamente, no es un problema, está claro que el niño se apaña perfectamente con esos pies diminutos.
– Hemos estado comentando los avances del niño, lo contenta que estoy con las sesiones de atención temprana, el cambio tan grande que ha dado. Ella me ha confirmado que le ve mucho más atento, que nos ha mirado a las tres… Bien, bien, una cosa que valoro mucho de esta pediatra es que aún teniendo tantos pacientes se acuerda del caso de cada uno sin que haya que recordárselo y se preocupa por ver la evolución.
Toda esta conversación mientras la pediatra le miraba la boca, los oídos, los testiculillos… Y entonces casi sin mediar palabra coge y se va. La verdad es que había bastante descontrol en la revisión. Que si entra la pediatra, que si luego se va y me deja con la palabra en la boca… La enfermera vacunó al niño, en la pierna, que ni se enteró, casi ni lloró y me dejó salir.
Pude volver a entrar a la pediatra que, como digo, me había dejado casi con la palabra en la boca, y comentarle las demás cosas que le quería comentar:
– Tema regurgitaciones. De momento sin importancia, que hasta los dos años, incluso algo más, le ocurre a muchos niños cuando beben mucho líquido y eructan. Lo dejamos en pendiente.
– Tema granitos de la cara. Según ella, es un tipo de piel, así que no tiene pinta de que eso se le vaya a quitar nunca, que quizá mejore con los años o quizá no. Me da rabia porque desde que nació ha tenido ásperas las mejillas, no es que se le note mucho, pero me da rabia, para qué negarlo. 
Más de una hora allí dentro entre una consulta y otra, con un calor agobiante. Cuando he salido he visto caras de odio en la sala de espera, no me extraña, hemos tardado muchísimo. 
Y yo he llegado a casa derrotada, entre el calor, el trajín del niño, del quita ropa – pon ropa… ¡Parece que hemos ido de excursión esta mañana!.
Ya no tenemos que volver. La siguiente revisión, a los 2 años, es con la enfermera solamente. Así que a la pediatra volveremos, si no surge nada antes, cuando hayamos ido al neuropediatra del Niño Jesús… aunque si la cosa sigue así, espero tener poco que contarle.