Menos mal que soy muy previsora y llevo pensando en el cumpleaños de mi hijo desde agosto, por lo menos. Porque con la semanita que hemos tenido no he podido ocuparme en absoluto de ese tema y esta semana que empieza hoy va a ser también complicada.

En realidad yo no tendría que pensar mucho, siempre he creído que lo lógico ante un regalo es que cada cual se moleste en pensar qué va a regalar y vaya solit@ a la tienda a comprarlo. Pero, por más que eso me parezca lo ideal, lo cierto es que hace ya muchos años que siempre indico claramente lo que quiero para mi cumpleaños o para Navidad, lo que necesita mi marido y, ahora, lo que hay que comprarle a mi hijo.

Cuando mi madre me preguntó, ya tenía varias cosas claras:

– El saco de invierno para la silla MacLaren, en color rojo, para una de mis abuelas.

– Unos zapatos de invierno y unas zapatillas de estar por casa, para la otra bisabuela.

– Un abrigo de invierno gordito, tipo plumas, de la marca Timberland, regalo de mis padres. Fuimos mi marido y yo a elegirlo y probárselo para ahorrarnos problemas posteriores. Me gusta un montón aunque ambos coincidimos en que es un crimen la pasta que costó pero, oye, ¡nosotros sólo cumplíamos órdenes!.

Quedaba pendiente, como salta a la vista, el regalo de mi suegra. Me propuso un triciclo, idea que enseguida deseché porque, ¿dónde va un bebé de un año con un triciclo?. Contra-oferté con una moto pero según salía de mi boca la idea me parecía igualmente absurda. Sí, es un regalo chulísimo pero no va a usarla hasta dentro de mucho tiempo y no tengo sitio en casa. Aquí vino el problema porque quedé comprometida a pensar en algún juguete chulo que pudiera gustarle al niño. Y a ver qué eliges qué le guste, con el poco caso que le hace en general a las cosas… ¡Si él es feliz sacando los cables y cargadores de la caja donde los guardamos o dándole porrazos a la tele!.

La ayuda de mi marido fue nula. Su frase favorita es no sé, con eso lo digo todo. Después de patearme todas las jugueterías de Madrid con el móvil en la oreja para ver si llegábamos a un acuerdo, no habíamos decidido nada. Yo votaba enfervorecidamente por este trasto de Fisher Price, la Ciudad Bloques Sorpresa. Desde que la vi en un catálogo de la marca me enamoró.

Y él votaba por un aparcamiento de Imaginarium.

A mi el aparcamiento y todo la serie de Imaginarium me gustan un montón pero me parece que por mucho que se indique la edad a partir de un año, no le iba a hacer caso ninguno, ¿cómo va a saber para qué sirve un aparcamiento?. Si tiene varios coches y no les presta atención más de 20 segundos. Lo veo más para un regalo para sus dos años. Lo cierto es que todos los regalos me parecían más adecuados para un niño de dos años y no para mi, aún hoy, bebé.

Estoy recordando que mi marido si colaboró, sí, para proponer cosas como un Scalextric o un helicóptero teledirigido…

Al final, para que me callara, me dijo que comprara de una vez la Ciudad de Fisher Price. Le hice prometer que si no le hacía caso no me lo iba a echar en cara, que ya le conozco. ¿Sabeis dónde la he comprado?. (música de expectación en plan Little Einsteins o Dora la Exploradora) ¡Sí, muy bien, en Amazon UK!. ¡Madre mía, cómo me gusta esa tienda, qué surtido tiene y qué baratos están los juguetes!. El trasto en cuestión en el Corte Inglés cuesta la friolera de 91 euros. A mi suegra le ha salido, gracias a mis dotes de ahorradora, por 65 euros, gastos de envío incluidos. ¡Si es que soy una joya de nuera! (como nadie me dice nada, me lo digo yo directamente).

¿Y nosotros?. Nosotros hemos decidido no comprarle nada. Bueno, hace un par de semanas le compré un par de libros, uno para la bañera que viene con tres tortugas y otro con dibujos y palabras muy básicas.

En realidad, estos regalos de la familia no dejan de ser un regalo para nosotros, no para el niño, un alivio económico porque son cosas que íbamos a comprar igualmente (por ejemplo el saco, los zapatos, el abrigo y también algún juguete). Hay que ser realistas, el bebito ni se va a enterar de que es su cumple. Y, lo que es más importante, nosotros nunca dejamos de comprarle cosas y de vez en cuando le compramos juguetes, según le vamos viendo que se va decantando por algunas cosas. No hablemos ya del hecho de que ahora tengo pendiente comprarle prendas necesarias para el invierno: pijamas de terciopelillo (a ver si los encuentro con antideslizante en los pies), saco de dormir 2.5 TOG, manoplas, calcetines, bodys, algún chandal de un color sufrido…

¿Qué os parece? ¿Por qué os hubierais decantado vosotr@s?.